La última mañana subí a una loma cerca del convento en el que me ofrecieron cobijo después de caer en desgracia, y le hablé al paisaje, le dije que quería purificar mi casa, mi alma, purificarme a mí misma. Emily Dickinson tiene un poema, un poema precioso, que dice:
Cuando llega, el paisaje la escucha.
Las sombras
contienen la respiración.
Cuando se aleja, es como la Distancia
en los ojos de la Muerte.
De "Las sillitas rojas"