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21.9.26

Marina Tsvietáieva. Hay dichosos y dichosas

Hay dichosos y dichosas
que no pueden cantar, las lágrimas
fluyen! Qué dulce fluye la pena, 
cual aguacero torrencial!
  
Para que bajo las piedras algo tiemble. 
Para mí - la vocación es como un látigo -
entre el sollozo fúnebre, 
el deber me ordena - cantar. 
   
David le cantó a su amigo. 
Aunque dividió la pena por la mitad!
Si Orfeo no hubiera descendido al Hades
y únicamente su voz hubiera enviado, 
  
si hubiera enviado únicamente su voz a las tinieblas, 
y él hubiera permanecido como prescindible en el umbral, 
Eurídice caminando como por una cuerda
hubiera llegado hasta él...
   
Como por una cuerda y hacia la claridad, 
a ciegas y sin retorno. 
Pues se te otorgó la voz, poeta, 
todo lo demás te fue arrebatado. 


En "Es ligera mi marcha"
   

31.8.26

Noni Benegas cita a Marina Tsvietáieva

y en la noche oscura
nada se cierne más oscuro sobre nosotros
que nuestros propios ojos
Marina Tsvetaeva 



Cita en el libro "Falla la noche"
    

22.4.26

Marina Tsvietáieva. Tu nombre, un pájaro en mano...

Tu nombre, un pájaro en mano.
Tu nombre, un témpano en la lengua,
un movimiento de los labios.
Tu nombre son cinco letras,
una palabra atrapada al vuelo,
un sonajero de plata en la boca.
  
Una piedra arrojada a un plácido estanque
que solloza al llamarte.
En el leve golpeteo de los cascos
resuena tu rumoroso nombre.
Y nos lo nombra en la sien
el sonoro chasquido del gatillo.
  
Tu nombre, ah, es innombrable!
Tu nombre, un beso en los ojos,
en la ternura helada de inmóviles párpados.
Tu nombre, un beso en la nieve,
un sorbo de agua pura, helada y azul.
Con tu nombre el sueño es profundo.


15 de abril de 1916


De "Versos a Blok"
   

18.1.26

Marina Tsvietáieva. Don

2

Quien se salvó, morirá; quien murió, resucitará. 
Y los descendientes, al recordar los tiempos pasados:
-Dónde estuvisteis? -La pregunta estallará como un trueno;
la respuesta, como un trueno estallará: -En el Don!
-Qué hicisteis? -Pasamos calamidades.
Después, agotados, nos echamos a dormir.
Y en el diccionario, los nietos, pensativos,
antes de la palabra deber, escribirán: Don.


De "Campamento de cisnes"
    

6.8.24

Marina Tsvietáieva. 3

Hoy era el deshielo, hoy
me quedé junto a la ventana.
La mirada más sobria, el pecho más libre,
de nuevo sosegada.
   
No sé por qué. Quizás,
simplemente el alma estaba cansada,
y no tenía ganas de rozar
el lápiz rebelde.
   
Así estuve de pie -en la oscuridad-
alejada del bien y del mal,
tamboreando suavemente con los dedos
sobre el cristal que apenas sonaba.
   
Para el alma no es ni mejor ni peor
que el primero que llega-
que los nacarados charcos,
donde se vierte el firmamento.
   
Que el pájaro que vuela libremente
o sencillamente el perro que corre.
Ni siquiera una cantante callejera
ha podido conmoverme.
   
El arte querido del olvido
ya le es familiar a mi alma.
Y un cierto sentimiento muy fuerte
hoy se ha fundido en mí. 


24 de octubre de 1914


De "La amiga"
    

4.6.24

Marina Tsvietáieva. 12

Las colinas cercanas a Moscú son azules,
en el aire, apenas tibio, polvo y alquitrán.
Duermo todo el día, todo el día río, sin duda
me estoy recuperando del invierno.
   
Me dirijo a casa sin prisas:
sin ninguna pena por los versos no escritos!
El golpeteo de las ruedas y las almendras fritas,
me son más queridos que todas las cuartetas. 
   
Tengo la cabeza vacía! Una delicia!
Porque el corazón -está demasiado lleno.
Mis días son como pequeñas olas,
que contemplo desde lo alto del puente.
   
Unas miradas demasiado dulces
en un aire dulce ligeramente cálido...
Apenas me he recuperado del invierno, 
y del verano ya he enfermado.


13 de marzo de 1915


De "La amiga"
    

20.6.23

Marina Tsvietáieva. En el caballo rojo (fragmento)

No era la Musa, no era la Musa 
quien en mi pobre cuna
me cantaba y llevaba de la mano. 
No era la Musa quien calentaba mis frías manos,
ni mis ardientes párpados refrescaba. 
Quien retiraba mis rizos de la frente, no era la Musa.
Quien me llevaba a grandes campos, no era la Musa. 

Ni la Musa, ni las trenzas negras, ni los collares, 
ni las fábulas, solo dos alas doradas, 
cortas, sobre las arqueadas cejas. 
Busto acorazado. 
Penacho. 
No se inclinaba a los labios, 
ni bendecía mi sueño. 
No lloraba conmigo
por la muñeca rota. 
Liberó a todos mis pájaros
y después, sin picar las espuelas, 
en un caballo rojo cruzó las montañas azules
de rugientes glaciares.


De "En el caballo rojo"
En "Poemas"
    

26.9.22

Marina Tsvietáieva. 2

2.


Hermandad de los nómadas
-a esto nos llevas.
Una tormenta,
sobre la cabeza, la espalda:

horror en las palabras
que esperamos.
Como una casa en ruinas,
son las palabras a casa.

Las grita el niño con desgarro:
¡vamos a casa!
Casi un bebé ya había dicho:
¡Dame! ¡Es mío!

Hermanos mío en los excesos,
fiebre mía, escalofrío.
Mientras todos piden salir,
tú dices sólo: ¡a casa!

Caballo que da tirones al ronzal.
-¡Arriba!- la soga hecha pedazos.
-No hay casa para nosotros.
-Sí, aquí mismo, a diez pasos.

La casa de la montaña. -¿O más
alta tal vez? ¿La casa en la cumbre?
La ventana justo bajo el tejado. –No sólo
por el fuego de la aurora, encendida, ¿verdad?

De nuevo: la vida –o sea,
la exactitud de los poemas.
Casa, es decir: ahí
afuera, en la noche.

(Oh, ¿a quién confiar
El tormento, la pena?
¿Mi angustia, más verde que el hielo?)
-No pienses tanto en ello.
Sopesando respondo: -Sí.


De "El poema del fin"
    

31.8.22

Elsa Morante cita a Marina Tsvietáieva (o Zvietaieva)

... imponderable en un mundo de pesos...
[...]
... desmedimiento en un mundo de medidas...

Marina Zvietaieva



cita al principio de uno de los capítulos de "La historia"
    

31.8.21

Marina Tsvietáieva. El poema del fin

1.


Contra el herrumbroso cielo de hojalata,
como un poste, como un dedo.
Donde siempre, él.
Como el destino.

-Menos cuarto. Puntual ¿eh?
La muerte no espera.
Ligero, su sombrero
se alza.

Entre pestañas, el reto.
Los labios, prietos,
Un saludo –inclinación
de cabeza-, grave.

-Menos cuarto. ¿Puntual?
Miente la voz.
¿Qué ocurre? –se ahoga el corazón.
¡Alerta! – advierte la cabeza.

El cielo de la malaventura,
hojalata oxidada,
Él, donde siempre.
Las seis en punto.

El beso de corcho en los labios,
mudo,
como quien besa la mano
a una dama anciana o a un muerto.

Un transeúnte apresurado
me clava el codo en la cintura.
Estridente, cercaba,
una bocina.

Ulula, brama,
aúlla como un perro con rabia.
(La vida se te agolpa
cuando mueres.)

Ayer –a media máquina,
hoy –hasta las estrellas.
(Este es el momento de exceso:
o todo o nada.)

Por dentro: ¡amor, amor!
-¿Qué hora es? –las siete ya.
-¿Vamos al cine o…?
Un estallido: -¡Vamos a casa!


De "El poema del fin"
    

5.3.21

Marina Tsvietáieva. A Anna Ajmátova

Moscú, 26 de Abril de 1921

Querida Anna Andreevna:
Tengo tantas cosas que decir -y tan poco tiempo!-. Gracias por esa alegría en mi vida: El llantén. Alia y yo no nos separamos del libro. Le envío los dos libros para que los firme.
No crea que estoy buscando autógrafos -he regalado tantos libros firmados!-, no valoro nada ni guardo nada, pero sus libros me los llevaré a la tumba debajo de la almohada!


De una carta a Anna Ajmátova
en el libro "En el país del alma"
    

31.8.20

Marina Tsvietáieva. 31 de Agosto de 1941

Murliga!
Perdóname, pero seguir sería peor. Estoy muy enferma, esa ya no soy yo. Te quiero con locura. Comprende que ya no podía vivir más tiempo. Dile a papá y a Alia -si los ves- que los he querido hasta el último momento y explícales que me encontraba en un callejón sin salida.


Nota a su hijo Gueorgi Efrón
antes de suicidarse.
En el libro "En el país del alma"
    

6.5.20

Marina Tsvietáieva cita a Anna Ajmátova

Pues en cuanto menos escribe uno, menos ganas tiene de escribir, entre uno y la mesa crece toda la imposibilidad (como entre uno y el amor, del que uno ha salido).
Está claro que existe la saturación.
Pero también existe la extenuación por falta de costumbre.
No abandone, no reniegue, recuerde a Ajmátova:
   
         Y si yo muero, quién entonces
         Os escribirá mis versos?
   
No a vosotros, ni incluso a todos, sino sencillamente: quién... mis versos...?
Nadie. Nunca. Es irrecuperable. Usted roba a la Lírica, la que todavía no tiene verbo, como todo existente antes de, no existente sin nosotros, los poetas.


De una carta a Vladislav Jodasevich
de mayo de 1934
En el libro "En el país del alma"
    

26.9.19

Susan Sontag cita a Marina Tsvietáieva

El ardor modulado por la intransigencia guía todos los escritos de Tsvietáieva. En "El arte a la luz de la conciencia" (1932), escribe:

El poeta solo puede tener una plegaria: no entender lo inaceptable. Que no entienda, para que no se me pueda seducir [...] que no oiga, para que no pueda responder [...] La única plegaria es la plegaria para la sordera.


De "1926"
En el libro "Al mismo tiempo"
    

31.8.19

Marina Tsvietáieva. Cuando veo un sauce desesperarse...

Las aguas, los aires, las montañas, los árboles, nos han sido otorgados para comprender el alma de los humanos tan profundamente escondida. Cuando veo un sauce desesperarse -comprendo a Safo.


De "Carta a la Amazona"
     

31.8.18

Marina Tsvietáieva. V

La pasión no es mentira -la invento.
No engaña la pasión -no la prolongues!
Si a este mundo llegáramos
humildes al amor.

Si fuera sensata, simplemente.
Sólo un monte asolado, sólo un bulto...
(dicen que la atracción del precipicio
mide mejor que un metro las montañas.)


Del "Poema de la montaña"
    

26.9.17

Marina Tsvietáieva. Epílogo

Hay lagos en la memoria
y en los ojos siete velos.
No te recuerdo -tus rasgos
son una página en blanco.

Sin marcas. Un lago blanco-
todo. (El alma y sus heridas,
herida completa). Y tiza.
Que sólo señala el sastre.

El cielo es todo una pieza,
y el oceano. Sus gotas?
Sin señas se acerca el justo.
Contacto -el amor es todo.

Si el pelo es rubio o moreno
lo sabe el vecino: espía.
La pasión une o separa?
Soy relojero o médico?

Eres el círculo -todo,
el torbellino completo.
Recuerdo de ti sólo el amor.
Signo de la igualdad.

(Las soñolientas pelusas
se acumulan como espuma.
Novedad rara al oido.
No yo sino el "nos" de majetad...)

La miseria es tan estrecha
-igual a la vida misma-
y a ti junto no te veo
ni con una, ni con otra.
-venganza de la memoria

Del "Poema de la montaña"
    

2.2.17

Marina Tsvietáieva a Natalie C. Barney

Leí su libro. La siento cercana como a todas las mujeres que escriben. No se ofusque por ese "todas", -no todas escriben; escriben sólo ciertas entre todas.
Cercana como todo ser único y, sobretodo, como todo ser único femenino.


Principio de "Carta a la Amazona"

6.11.16

Marina Tsvietáieva. Una dedicatoria

Explicar los poemas? Diluir (sacrificar) la fórmula, atribuir a la propia palabra sencilla una fuerza mayor que la que tiene el cantor -cuya fuerza es superior a todas las fuerzas, describir el canto! (Como en la escuela: "con tus propias palabras" el 'Ángel' de Lérmontov, pero tenía que ser precisamente con palabras propias, sin una sola palabra de Lérmontov- y qué resultado, Dios! A qué punto nada estaba bien, salvo la certeza: con otras palabras era imposible. Qué quería decir el poeta con estos versos? Pues justamente lo que dijo. No explico, encomio; no demuestro, muestro: con el dedo índice la página que se titula 'Mujik'.


31.8.16

Tess Gallagher cita un poema de Marina Tsvietáieva


Me abraza. Arcoíris por doquier. Qué se parece más a un
arco iris que las lágrimas? Lluvia, una cortina, más densa
que un collar. Ignoro si los terraplenes tienen
fin. Pero he aquí un puente y
-luego?



Marina Tsvietáieva
Poemas escogidos


En "El puente que cruza la luna"