Mostrando entradas con la etiqueta Edna O'Brien.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edna O'Brien.... Mostrar todas las entradas

26.3.25

Edna O'Brien. James Joyce

Había una vez

Había una vez un hombre que iba caminando por Dublín y se dio a sí mismo el nombre de Dedalus en honor a Dédalo, el hechicero, constructor de laberintos y artífice de alas para Ícaro, que voló tan cerca del sol que se cayó, del mismo modo que el dublinés y apostólico James Joyce cayó en las profundidades de un mundo de palabras, desde las "epifanías" de su juventud hasta el "caosmos" verbal de sus últimos años.


Principio de "James Joyce"
    

26.8.24

Edna O'Brien. Byron enamorado

Lord George Gordon Byron medía un metro setenta y cinco, tenía una malformación en el pie derecho, el pelo castaño, una palidez asombrosa, sienes de alabastro, dientes como perlas, ojos grises ribeteados por pestañas oscuras y un encanto al que ni mujeres ni hombres podían resistirse. En él, todo era paradójico: era introvertido y extrovertido, guapo y deforme, serio y gracioso, derrochador y mezquino, y poseía una inteligencia deslumbrante enjaulada en la magia y malicia de un niño.


Principio de "Byron enamorado"
    

15.12.22

Edna O'Brien. Los libros que leíamos

Qué cosas pasaban en los libros. Aunque no había muchos en circulación. Dos o tres o cuatro tomos sobados pasaban de mano en mano, prestados página por página, devorados sin cesar por las mujeres y sin cesar comentados. Él amaba? Estaba ella celosa de su ama de llaves? Pesaba una maldición sobre la mansión? Era el espejo roto un elemento significativo? Historias de hombres de chaqué, fugas amorosas, capas de cachemir, damiselas con rubores febriles que dejaban la comida intacta, eau de cologne, desmayos, pañuelos de batista, pedidas de mano, celos, destino cruel; historias de amores truncados porque él ya estaba casado, y el matrimonio era indisoluble, o porque él había estado casado y la sombra, por no decir la maldición, de la anterior esposa se cernía sobre la felicidad de la novia; o truncados porque la una u el otro profesaban distinto credo, lo que era impedimento dirimente, el mayor obstáculo de todos!


De "Madre Irlanda"
    

20.2.21

Edna O'Brien. Madre Irlanda

 Dejadme decir para empezar que no perdono
a nadie. Os deseo a todos una vida atroz y lue-
go las llamas y los hielos de los infiernos y un
honroso recuerdo en las execrables gerenacio-
nes venideras

SAMUEL BECKETT, Malone muere


1

La tierra


Un país es o madre o padre, y como tal genera el cosquilleo emocional secretamente reservado a uno u otro progenitor. Irlanda siempre ha sido mujer, útero, cueva, vaca, Rosaleen, marrana, novia, ramera y, por supuesto, la demacrada diosa Hag of Beara. En un principio era tierra de bosque y monte bajo, como preconizara Orfeo cuando gobernó la expedición de Jasón a través de una atmósfera neblinosa. Se cree que Irlanda ha conocido invasiones desde los remotos tiempos en que la Edad de Hielo tocó a su fin y el clima permitió al ciervo adentrarse en sus tupidos bosques.


Principio de "Madre Irlanda"

   

15.12.20

Edna O'Brien. Quizá la literatura le había producido vértigo

La propia Eleonora pensaba que quizá la literatura le había producido vértigo. La literatura era un camino para entrar en la vida o para salir de ella, Eleonora nunca estaba segura de cuál de los dos, pero lo cierto era que no había podido resistirlo.
Pensaba en la Clarissa de Samuel Richardson, que ponía cerrojos en puertas y ventanas para protegerse de la maldad del señor Lovelace, que no sabía si la frialdad de ella era real; para desgracia de Clarissa, consiguió que cediera y la hiciera pasar por su mujer. Pensaba en Jane Eyre, subyugada por el impenetrable señor Rochester, y en la creadora de Jane Eyre, Charlotte Brontë, que se enamoró de monsieur Heger, un hombre casado, y al descubrirse la iniquidad, ella y su hermana Emily fueron despachadas desde Bruselas a los páramos, y sus vidas, sin esperanza en lo sucesivo, se transformaron en visiones del amor hecho pedazos.


De "La luz del atardecer"
   

15.12.19

Edna O'Brien. Durante el largo viaje en tren...

Durante el largo viaje en tren consigue olvidar sus temores, absorta en el libro que ha llevado. Ni una sola vez levanta la vista para mirar el paisaje, pues de alguna manera lo conoce: barrios periféricos, huertos pequeños, ponis salvajes, ganado que merodea entre los castillos en ruinas, los campos empapados y las turberas implacablemente negras. Estaba leyendo El lector común, de Virginia Woolf


De "La luz del atardecer"
    

5.10.19

Edna O'Brien. La chica

En otro tiempo fui una chica, pero ya no lo soy. Huelo mal. Tengo sangre reseca y costras por todo el cuerpo, y llevo la tela de la iro hecha jirones. Mi interior, una ciénaga. Me precipito por este bosque que vi aquella primera noche horrenda en la que nos raptaron en el colegio a mis amigas y a mí. 


Principio de "La chica"

14.3.19

Edna O'Brien. La luz del atardecer

El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado.
William Faulkner


Hay una foto de mi madre, joven, con un vestido blanco, en la que sale de pie junto a su madre, que está sentada a la puerta de la casa en una silla de cocina, frente a un bosquecillo de árboles de hoja perenne. Su madre mira a la cámara con expresión grave, las manos huesudas unidas como si rezara. Pese al blanco virginal de su vestido y su actitud solicita, mi madre ya ha escuchado las llamadas al apareamiento desde el mundo exterior y ha visto la foto de un barco en alta mar. Sus ojos son asombrosamente dulces y hermosos.


Principio de "La luz del atardecer"
     

11.2.19

Edna O'Brien sobre Sylvia Plath

Aquel invierno Sylvia Plath se quitó la vida, dejando unos poemas de una sinceridad fulgurante y homicida. (...) Estuve con Sylvia una sola vez, después de una lectura de poemas en el Queen Elizabeth Hall; me la presentó Robert Graves, y percibí en ella algo hostil y severo. Sin embargo, con el paso del tiempo y mis adversidades crecientes, sus poemas, perñados de la presencia de la muerte y la de los hijos, me parecieron la voz misma de mi alma. Sentía que sólo por leerlos sería capaz de soportar todos los reveses de la vida, gracias a sus palabras perfectamente colocadas, perfectamente pulidas, la belleza, la gravedad de sus imágenes: "Lirios, lirios". "La luna [...] mirando fijamente desde su caperuza de hueso".


De "Chica de campo"
     

15.12.18

Edna O'Brien. Cuán elemental era todo lo que contribuía a la felicidad...

Cuán elemental era todo lo que contribuía a la felicidad. Pequeñas píldoras de hígado. Ganar dinero. Pero mucho más, un abrazo, o una proposición, o el jadeo de una noche. El gran lavado de cerebro comenzaba en la infancia. Oculto en el catecismo que propugnaba la castidad para las mujeres, se encontraba el mensaje secreto de que un hombre y el cuerpo de un hombre eran la verdadera y absoluta apropiación.


De "Agosto es un mes diabólico"

4.12.18

Edna O'Brien. Me preguntó si me acordaba de la señora Dalloway...

Me preguntó si me acordaba de la señora Dalloway, de lo mucho que nos gustaba la señora Dalloway, que tiraba un chelín al lago de Serpentine, compraba flores en Bond Street y anhelaba vivir de nuevo su vida, vivirla de otra manera, o eso interpretábamos nosotras.


Del relato "Manhattan Medley"
en el libro "Objeto de amor"
     

3.7.18

Edna O'Brien. Chica de campo

Prólogo

Estaba en una clínica londinense del Servicio Nacional de Salud y una chica muy simpática con una mata de pelo castaño y acento extranjero me había sometido a unas pruebas auditivas. "Está usted estupenda, pero el oído lo tiene como un piano roto". Me miró para comprobar si su comentario surtía algún efecto de alarma y luego soltó una retahíla sobre los riesgos de la tercera edad. Por último anotó el día y la hora a los que debía ir a recoger los audífonos, cosa que yo hice concienzudamente, aunque no he conseguido hacerme a ellos. Se colaban por la cavidad de las orejas igual que canicas, y recuperarlos resultaba arriesgado. En realidad, siguen guardados en el sobre marrón donde llegaron.
En casa me esperaban el jardín, la segunda floración de las rosas, desteñidas y desastradas pero hermosas, y las hojas amontonadas bajo las tres higueras ondeaban con el vuelo desbocado de los pájaros que se perseguían, entre el cortejo y el combate.
La expresión "piano roto", con todas sus connotaciones reverberaba sin cesar dentro de mi cabeza, y pese a todo me hizo pensar en la generosidad que me ha reservado la vida: he conocido la alegría y el dolor extremos, el amor correspondido y el no correspondido, el éxito y el fracaso, la fama y el vapuleo, he leído en la prensa que ya estaba caducada como escritora y, peor aún, que era una "Molly Bloom de baratillo"; y, sin embargo, a pesar de todo, he seguido escribiendo y leyendo, he tenido la fortuna de sumergirme de lleno en esas dos actividades intensas que han apuntalado mi vida entera.
Saqué un libro de recetas del Ballymaloe House, un hotel del condado de Cork donde me había alojado un par de veces y donde había degustado manjares como la sopa de ortigas, el suflé de musgo irlandés, el posser de limón con geranio al aroma de rosas y el mazapán de grosella con tartaletas de plátano y caramelo. Allí vi por vez primera, y admiré estupefacta, los cuadros de Jack Yeats, paletas densas de azules cuajados que me hablaban de Irlanda con la misma profundidad que cualquier poema o fragmento en prosa. Busqué la receta del pan irlandés e hice una cosa que llevaba treinta y tantos años sin hacer. Pan. Por muy piano roto que fuera, me sentí más viva que nunca cuando el aroma del pan se apoderó del ambiente. Era un olor antiguo, fuente de muchos recuerdos, y así fue como aquel día de agosto de mi septuagésimo octavo año de vida me senté para empezar las memorias que me había jurado no escribir jamás.


Principio de "Chica de campo"
       

19.9.17

Edna O'Brien sobre "El devorador de calabazas" de Penelope Mortimer...


«Impactante... Todas y cada una de las mujeres que conozco deberían leer este libro al menos una vez en la vida.»

Edna O'Brien

6.9.17

Edna O'Brien. Un lugar pagano

   Dan Egan está en Drewsboro
   los Wattle junto a la verja
   Manny Parker por el paseo
   y el Negro avanza en línea recta.

Manny Parker era botánico, siempre a la intemperie hiciera el tiempo que hiciera, vivía con su hermana, que llevaba la confitería, comían carne los viernes, eran protestantes. Tu madre iba a su tienda, los consideraba gente de bien.
Le guardaban chocolate porque estaba racionado, seis tabletas del normal y seis tabletas con fruta y avellanas. Las almacenaba en el aparador junto con las mermeladas y las jaleas. El aparador era marrón oscuro, las llaves se habían extraviado, pero con el espantoso chirrido que emitían las puertas era, prácticamente, como si estuviese cerrado con llave. Nadie podía abrirlo sin que la casa entera lo oyese.


Principio de "Un lugar pagano"
    

12.7.17

Edna O'Brien. La excursión

Ella se alejó, muy pensativa. Había perdido la ocasión. Su marido viviría eternamente. Ella y su amigo estaban condenados a recorrer las calles arriba y abajo hasta el puente del ferrocarril y los dos acabarían cansándose de pasear y regresarían ambos a sus respectivos hogares provisionales.



De "La excursión"
uno de los relatos de la antología "Viajes indiscretos"
    

15.5.17

Edna O'Brien cita a Emily Dickinson

La última mañana subí a una loma cerca del convento en el que me ofrecieron cobijo después de caer en desgracia, y le hablé al paisaje, le dije que quería purificar mi casa, mi alma, purificarme a mí misma. Emily Dickinson tiene un poema, un poema precioso, que dice: 

     Cuando llega, el paisaje la escucha. 
     Las sombras contienen la respiración. 
     Cuando se aleja, es como la Distancia 
     en los ojos de la Muerte.


De "Las sillitas rojas"
    

1.3.17

Erica Jong cita a Edna O'Brien

"El voto, pensé, nada significa para las mujeres. 
Deberíamos tener armas."

Edna O'Brien

citada por Erica Jong 
en su novela "Miedo a volar"
   

19.10.16

Edna O'Brien. Las sillitas rojas

El 6 de abril de 2012 se colocaron en filas 11.541 sillas rojas a lo largo de los ochocientos metros de la calle principal de Sarajevo con el fin de conmemorar el vigésimo aniversario del inicio del asedio de la ciudad por parte de las fuerzas serbobosnias. Una silla vacía por cada habitante de Sarajevo asesinado durante los 1.425 días de sitio. 643 sillitas representaban a los niños asesinados por los francotiradores y la artillería situada en las montañas circundantes.


Nota de la autora al principio de "Las sillitas rojas"

15.12.15

Edna O'Brien. Pues hay cosas en esta vida...

Pues hay cosas en esta vida que no se pueden preguntar, y (oh, Agnus Dei) hay cosas en esta vida que no se pueden responder.


Final de "Chicas felizmente casadas"

9.7.15

Edna O'Brien. Agosto es un mes diabólico

La oficina meteorológica pronosticaba sol. No se había equivocado. Hacía cinco días que el cielo se quemaba, y abajo la ciudad de Londres hervía a fuego lento. La gente que había esperado el verano deseaba una brisa y un pequeño descanso. Ellen sólo sentía el fresco por la noche. Al regar el jardín y luego cuando se sentaba en el banco de piedra.


Principio de "Agosto es un mes diabólico"