La aurora, dejadas las corrientes de Océano, llevose del cielo la sacra luz de luna, y las Horas inmortales de Zeus llegan entre las flores de la primavera. Se regocijó por el esfuerzo de sus pies el coro en la ciudad de siete puertas.
Lo más hermoso que dejo es el fulgor del sol; lo segundo, los brillantes astros y el semblante de la luna así como los pepinos en sazón, las manzanas y las peras.
Huye, dolor de cabeza, huye, agotado, bajo una roca. Huyen los lobos, huyen los solípedos corceles, acuciados por los golpes por obra de este cumplido encantamiento mío.
Te dejamos, Mileto, patria amada, por no haber consentido el impío desafuero de los gálatas sin ley, tres ciudadanas en plena juventud, a quienes el violento Ares de los celtas abocó a esta suerte. Y es que no toleramos su sangre impía ni la unión con ellos, sino que en Hades hallamos novio y protector.
Extranjero, si te embarcas hacia la ancha Mitilene para alumbrarte con la flor de las gracias de Safo, di que era amiga de las Musas y que la tierra locria me dio el ser. Sabido que Nóside es mi nombre, sigue tu camino.