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24.11.19

Carolina Valencia. Mi tumba

Cuando mis breves días acabados,
salga el alma del cuerpo que mantuvo,
y los calcáreos huesos separados
del hálito vital que los sostuvo

bajen al seno de la tierra fría
para dormir el sueño de la muerte
hasta que el alba del postrero día
la trompeta del ángel me despierte.

Quiero una tumba humilde y escondida
en región ignorada y silenciosa,
sin recuerdos del mundo y de la vida,
sin nombre ni inscripción sobre la losa.

Quiérola junto a un bosque colocada
y al lindel solitario de un camino
donde canten las aves la alborada
y al pasar me bendiga el peregrino.

Y a otro lado se extienda con la alfombra
de sus menudos céspedes brillantes
ancho valle al que presten fresca sombra
las copas de los álamos gigantes.

Y con paso tranquilo y perezoso,
retratando en su linfa el bosque umbrío,
sereno, transparente y armonioso,
corra a mis plantas murmurante río

que al ir a visitar tierras ignotas
en la encantada soledad campestre,
arrulle mi pereza con sus notas
de no estudiada música silvestre.

Y en sus ondas de plata rumorosas
se miren las pintadas florecillas,
que se alcen en sus márgenes hermosas
rojas, blancas, moradas y amarillas.

Crezcan allí los lirios perfumados,
la humilde y odorante violeta,
los gentiles narcisos columpiados
al leve soplo de la brisa inquieta;

el pensamiento de hojas afelpadas,
la azucena cuajada de rocío,
el vulgo de amapolas encarnadas
y los blancos nenúfares del río;

y la fragante y encendida rosa,
y los nevados toldos de jazmines
donde suspire el aura bulliciosa
y alten los alegres colorines...

Y cuando el cano invierno con sus lutos
al mundo asome la marchita frente
y el campo no dé ya flores ni frutos
ni tenga luz ni aromas el ambiente,

cuando el bosque de nieve se corone
y con sus hojas se tapice el suelo
y del río las aguas aprisione
maciza cárcel de apretado hielo,

en vez de sus cristales transparentes
me dará gigantescas armonías
la poderosa voz de los torrentes
que arrastren a la mar sus ondas frías.

Y en lugar de los céfiros ligeros
que suspiran de amor en los mimbrales,
arrullarán mis sueños más severos
con su ronco silbar los vendavales.

Cuando mudos los pájaros canoros
se oculten de las peñas en los huecos
a cambio de sus cánticos sonoros
hará pujantes resonar los ecos.

Con su salvaje y áspero graznido
la reina de las aves soberana,
que en altísima roca a mí cercana
junto al disco del sol tenga su nido.

Y que cobije mi sepulcro quiero
una luz pobremente trabajada
que pida una oración al viajero
deteniéndole un punto en su jornada.

Y él, levantando la mirada al cielo,
eleve una plegaria fervorosa
por quien descansa en el florido suelo
sin nombre ni inscripción sobre la losa.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
     

14.3.13

Carolina Valencia. Ambición

De cuanto noble y grande el mundo miente
en sus ficciones de placer vacías,
dos cosas sólo amé profundamente
como ama el trovador sus melodías;

dos cosas sólo ambiciona mi alma
con ansia, con ardor, con fe sincera,
como ambiciona el lidiador la palma
tras la batalla prolongada y fiera:

de la existencia en el camino incierto
sólo anhelé por gloria de mis días,
un oasis en medio del desierto
y un arpa de sonoras armonías:

un oasis de paz y de ventura
donde vivir sin penas ni pasiones,
y un arpa en que cantar mis ilusiones
con tonos de dulcísima ternura.

Porque es muy grato al corazón doliente
dejar correr sin inquietud las horas
mientras se aduerme el alma dulcemente
al compás de mil cantigas sonoras.

Cantar la luz, la noche, las estrellas,
la hermosa soledad del bosque umbrío,
de Favonio las tímidas querellas,
el murmurante resbalar del río.

El alba que risueña se levanta,
la misteriosa tarde que declina,
la luna que serena se adelanta
por la argentada esfera cristalina.

La grave majestad del mar en calma,
la belleza y fragancia de las flores,
los recuerdos dulcísimos del alma,
la ilusión, la esperanza, los amores.

Y con mi tosca lira celebrando
cuanto de hermoso el universo encierra,
pasar como los pájaros cantando
sin tocar en el polvo de la tierra.

De "Ambición"

24.6.07

Carolina Valencia

Carolina Valencia Castañeda (Medina de Rioseco, Valladolid, 1860 - 1954) fue una poetisa española.



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