Pero, por desgracia, el tiempo que hace germinar a los animales y a las plantas con sorprendente puntualidad, no ejerce un efecto tan simple en la mente humana.
La fuerza del deseo podía conseguir mucho en la vida, eso yo lo sabía. En realidad, más valía no desear algo, a no ser que uno estuviera seguro de quererlo de verdad, porque el deseo puede hacer que ocurran cosas, cosas extrañas, cosas terribles, cosas que uno no puede controlar.