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8.8.18

Magda Szabó. El corzo

Quería venir antes, pero he tenido que esperar a Gyurica, y ya sabes que él siempre y a todas partes llega tarde. Dijo que vendría a eso de las nueve, pero habían pasado las once cuando lo he visto entrar por la puerta. Todo el mundo lo toma por un educador popular o por el representante de alguna publicación, a pesar de que lleva su maletín de médico. Se ha detenido en medio del patio, ha entrecerrado los ojos, la buscado el número 39, adonde lo habíamos llamado; las mujeres que estaban en la galería se han refugiado en sus casas y han cerrado las puertas. Cuando por fin me ha encontrado. estaba jadeando. enjugándose la frente, y le ha pedido un vaso de agua a Gizike. En cuanto a mi pie, ha dicho que procure caminar poco, que le ponga compresas, que no es nada grave. Que de todos modos no se deshincharía antes de veinticuatro horas y que de ninguna manera podría saltar de la rama de un árbol. Arriba y abajo, arriba y abajo, los llevo arriba y abajo. Gyurica, por cierto, no ha pronunciado ni una palabra sobre ti. No por discreción, sino simplemente porque ya no había nada que decir. Qué podía decir? Miraba a Gizike, sentada a la mesa redonda, rígida, con las manos en el regazo, como una auténtica ama de casa; y cuando se ha levantado para marcharse, ella ha vertido agua en la jofaina y ha sacado una toalla limpia.


Principio de "El corzo"
     

19.11.17

Magda Szabó. Hoy en día sé algo que en esa época aún desconocía...

Hoy en día sé algo que en esa época aún desconocía: que el cariño es una emoción desarticulada por excelencia, y por eso se resiste a ser dosificada con prudencia. Es inútil pretender regular cómo debe encauzar cada uno sus afectos: no hay fórmulas que valgan.


De "La puerta"
    

19.11.16

Magda Szabó. Inadvertidamente

En casa de tía Emma había aprendido que nunca se debe pronunciar o nombrar lo que nos amenaza, porque a nuestras espaldas nos observan tres ángeles, dos blancos y uno negro, y el negro es malvado. Tan pronto se entera de lo que teme uno, en cuanto intuye lo que le da miedo, castiga a la familia con aquello que mencionaron inadvertidamente.


De "La balada de Iza"

8.6.16

Magda Szabó. Calle Katalin


El proceso de envejecer no es como lo describen los escritores, ni tampoco como se define en la medicina.
A los vecinos de la calle Katalin ni los libros ni los médicos les habían preparado para la extraña nitidez con que la vejez les iluminaría el pasillo borroso y apenas visible que habían recorrido en las primeras décadas de su vida, ni tampoco para cómo les reordenaría los recuerdos y las angustias, cómo cambiaría sus juicios y su escala de valores.


Principio de "Calle Katalin"

16.3.16

Magda Szabó. La puerta

Rara vez sueño. Pero cuando lo hago, me despierto sobresaltada y con el cuerpo bañado en sudor. Entonces vuelvo a acostarme y, mientras espero a que mi corazón se calme, me pongo a meditar sobre el irresistible poder mágico de la noche. De niña y de jovencita nunca soñaba, ni cosas buenas ni malas; es la edad madura la que arrastra y me trae en una masa compacta los horribles sedimentos del pasado, lo que resulta aún más atroz porque esos acontecimientos, sin haberlos vivido nunca en la realidad, en los ensueños se me presentan en una forma aún más concentrada y trágica. Entonces me despierto entre gritos de terror.


Principio de "La puerta"

27.11.15

Magda Szabó. La balada de Iza

   La noticia llegó por la mañana, mientras tostaba el pan al fuego.
   Hacia unos meses Iza les había mandado un ingenioso aparato entre cuyos filamentos eléctricos las rebanadas se tostaban hasta adquirir un suave tono dorado; lo miró un momento, le dio un par de vueltas entre sus manos, luego lo metió en el fondo del armario de la cocina, con caja y todo, y no lo volvió a sacar. Desconfiaba de las máquinas; en realidad ni siquiera confiaba en cosas tan cotidianas y ordinarias como la electricidad.


Principio de "La balada de Iza"
    

15.11.06

Magda Szabó

Magda Szabó (Debrecen, Hungría, 5 de octubre de 1917 - Kerepes, 19 de noviembre de 2007) fue una escritora húngara.


Obras citadas en este blog: