16.7.19

Louise Glück. El deseo

Recuerdas aquella vez que pediste un deseo?
 
      Pido un montón de deseos.
 
La vez que te mentí
sobre la mariposa. Siempre me pregunto
que deseo pediste.
 
      Qué deseo piensas que pedí?
 
No lo sé. Que yo regresara, que
de alguna manera al final acabáramos juntos.
 
      Pedí lo que pido siempre.
      Pedí poder escribir otro poema.
 
 
De "Praderas"
       

15.7.19

Gina Berriault cita a Rosalía de Castro

Ay!, queridas, habéis oído alguna vez estos versos?: "Yo en mi lecho de abrojos, / tú en tu lecho de rosas y de plumas".* Siempre pensé que se refería a la cama de otra mujer, su cama de rosas y de plumas, donde el amante que yo tanto había amado estaba acostado; pero ahora sé que significa mucho más, y os diré por qué. Simplemente recordad las camas en las que desearíais haber estado y en las que no, y luego nombrad cualquier lugar de la tierra en el que haya una cama para una mujer en este preciso instante; una cama de piedras, una cama de tierra pisoteada por soldados, una cama de cenizas o la cama en la que ahora estáis acostadas y en la que nunca deseasteis imaginaros. Si yo hubiera deseado una cama de rosas y de plumas (y la deseé, la deseé), ahora ya no la deseo tanto.



* "Yo en mi lecho de abrojos", poema de Rosalía de Castro incluido en la obra En las orillas del Sar


De "Mujeres en la cama"
En el libro del mismo título
     

14.7.19

Idea Vilariño. Hoy tengo el corazón frío y azul...

Hoy tengo el corazón frío y azul,
los ojos de neblina
y las manos heladas.

Ah, madre,
qué cansada estoy,
qué cansada.

Si ya no puedo más con este fardo
este fardo sombrío
que me he echado a la espalda.

Y estos que van conmigo
y que me escuchan 
se miran y preguntan
De qué fardo nos habla?

Ah, madre,
no sabes como estoy
de cansada.




En "Poesía completa"
     

13.7.19

Colette. Tengo calor

Tengo calor. El calor me posee como una enfermedad y como un juego. Basta para llenar todas las horas de la noche y del día. No hablo más que de él; me quejo de él, con pasión y dulzura, como de una caricia implacable. Ha sido él, fíjate, el que me ha hecho esta señal viva en la barbilla y me ha dejado esta mejilla abofeteada, y mis manos no pueden abandonar los guanteletes color de pan tostado que en mi piel pintó. Y este puñado de granos de oro, totalmente ardientes, con que me ha enarenado el rostro, cosa es de él, siempre de él...
   
   
De "Tengo calor"
en el libro "El viaje egoísta"
    

12.7.19

Sylvia Plath. La campana de cristal

Era un verano extraño, sofocante, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg y yo no sabía qué estaba haciendo en Nueva York. Les tengo manía a las ejecuciones. La idea de ser electrocutada me pone mala, y eso era lo único que se podía leer en los periódicos, titulares que como ojos saltones me miraban fijamente en cada esquina y en cada entrada al Metro, mohosas e invadidas por el olor de los cacahuetes. No tenía nada que ver conmigo, pero no podía evitar preguntarme qué se sentiría al ser quemado vivo de la cabeza a los pies.
Pensé que debía de ser la cosa más terrible del mundo.


Principio de "La campana de cristal"
    

11.7.19

June Jordan. Qué debería incluir ese derecho universal?

Qué debería incluir ese derecho universal?
1. Trabajos e ingresos garantizados para asegurar a todos y cada uno de los ciudadanos estadounidenses, en todos y cada uno de los cincuenta Estados, una existencia por encima del umbral de la pobreza.
2. Salarios mínimos más elevados y, en atención a nuestro propio interés -reducido y amplio, a la vez-, un salario mínimo coordinado internacionalmente, de manera que una vez concluida la explotación económica en Detroit no sea reemplazada por una explotación económica en Taiwan, Soweto o Manila.
3. Asignaciones estatales para hijos, así como una garantía estatal de apoyo a la infancia.
4. Idéntica retribución por idéntico trabajo.
5. Discriminación positiva para asegurar un amplio acceso democrático a empleos con salario alto.
6. Idéntica compensación para los "trabajos femeninos" que para los "trabajos masculinos".
7. Ayudas a la vivienda y/o compromisos estatales para construir y/o subvencionar viviendas de calidad aceptable, seguras y asequibles para todos los ciudadanos.
8. Seguridad social universal, desde cuidados prenatales a geriátricos.
9. Educación pública y formación continuada, accesible a través de diferentes niveles de estudio basados en los intereses y aptitudes del estudiante y no en su capacidad financiera.
10. Un presupuesto nacional que dedique invariablemente la mayor parte del dinero a nuestras necesidades colectivas para una buena vida.
11. Prestaciones universales para el bienestar de todos los niños, adaptadas al bondadoso futuro que esperamos ayudar a construir. Tales prestaciones deben incluir bajas por maternidad o paternidad y programas públicos para el cuidado de los hijos de padres trabajadores.
12. Nacionalización de las industrias vitales para proteger por igual a consumidores y trabajadores de los caprichos inducidos por la codicia del "mercado libre".
13. Una enérgica política de desarme nuclear y, simultáneamente, una enérgica protección estatal de lo que queda de nuestro medio ambiente global.
No creo que una nación civilizada y justa pueda contemplar ninguno de esos trece derechos como opcionales.


De "Ni se te ocurra nombrar a mi madre!"
en el libro "Dificultades técnicas"
    

10.7.19

Alice Munro. Pensó que el amor te despoja del mundo...

Pensó que el amor te despoja del mundo, y tan infaliblemente cuando va bien como cuando va mal. Eso no debería haber sido una sorpresa para Rose, ni lo fue; la sorpresa fue comprender que si ella quería, si exigía tanto que todo estuviera a su alcance, sólido y rotundo como aquellos platos, tal vez no fuesen el desencanto, las pérdidas, la disolución de lo que había estado huyendo, sino del revés de esas cosas: la celebración y el impacto del amor, el deslumbramiento. Aunque eso fuese una certeza, no podía aceptarla. De las dos maneras te arrebatan algo: un resorte del equilibrio íntimo, unas migajas secas de integridad. O así pensaba ella.


De "Quién te crees que eres?"
    

9.7.19

Amélie Nothomb. Los cuentos...

Los cuentos gozan de un curioso estatus en el ámbito de la literatura: se benefician de una estima desmesurada. La ambigüedad del cuento radica en que con el pretexto de ir dirigido a los niños, también habla -y puede que en primera instancia- de los adultos. Cuando Cocteau rueda La Bella y la Bestia es consciente de que su público estará formado más por adultos que por niños.
Riquete el del Copete pertenece al género del cuento. En Francia, la mayoría de los cuentos acaban bien. Y a nadie le ofende que obedezca a la regla infantil del final feliz, considerada como una falta de buen gusto por el 99,99% de las literaturas dignas de ese nombre.
El abecé de la literatura es evidentemente el amor. Hay motivos para suponer que se trata de un tema irresistible. Los grandes escritores del mundo que no le han dedicado ni una línea al amor pueden contarse con los dedos de una mano.
Sin embargo, si existe una regla casi absoluta que rige las obras maestras de la literatura amorosa es que tienen que acabar fatal. De no ser así, se consideran novelas menores. Es como si, para hacerse perdonar el hecho de haber abordado algunas verdades de perogrullo literarias, el gran escritor incluyera un final trágico como acto de contrición.


De "Riquete el del Copete"
     

8.7.19

Maria Wine. Entre un tú y un yo

No pienso estar muerta para ti
cuando esté muerta
Con los recuerdos más felices de mí
espero aliviar tu dolor
No te permito sufrir
más de lo necesario
Yo no creo en el olvido total
pero te enseñaré a separar los recuerdos gratos
del último dolor inoportuno
para alejar tu sensación de abandono
con su reververante gozo
y hacerte sentir que aún vives
entre un tú y un yo


[Lövsus i moll, 1979]


De "El eco"
    

7.7.19

Julia de Burgos. Unidad

Tengo color de aurora las manos amorosas
y a ratos me hago nido en su risa callada.
   
Es la noche una inmensa estrella de emociones,
y en ella duermo en sueño que me acuesta en tu alma.
   
La soledad se ha ido alejando del mundo
que me ha forjado a solas, sin eje ni montañas,
como no sean los suaves revuelos de tu mente
o el infinito giro de tu inquietud más alta.
   
No estoy sola. Me invade la armonía de tus labios,
y tus ojos intensos por doquiera me asaltan.
   
Siento el raro deleite de vaciarme la vida
en la fina silueta de tu imagen sin alas.
   
Aquí estás: en mis años, en mi boca y mi risa
en los destellos vivos de mi actitud extraña,
y a veces te me acercas en la sombra, en el aire,
y en los dedos celestes de la estrella lejana.
  
(No parece que a instantes me voy perdiendo en largos
espirales de vuelo, amargados de ausencia.)

   
   
En "Song of the simple truth"