27.4.17

Colette. El palomar


Subiendo la escalera, Alice tentaba con la mano la forma de la llave. «La misma llave... sigue con la anilla torcida, no la han cambiado.»
El olor del apartamento, cuando cerró la puerta y echó hacia atrás su velo de crespón, la reconquistó. Treinta, cuarenta cigarrillos cotidianos, desde hacia años, teñían, curtían el estudio y empañaban su vidriera oblicua.


Principio de "El palomar"
    

26.4.17

Simone de Beauvoir. No se nace mujer...

No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana


De "El segundo sexo"
    

25.4.17

Susan Sontag. Muy Querida _____

«Muy querida _____

»Lamento no haber escrito antes. La vida es dura, y es difícil hablar cuando estamos apretando los dientes...»





En "La conciencia uncida a la carne.
Diarios de madurez, 1964-1970"
    

24.4.17

Wislawa Szymborska. Antaño nos sabíamos el mundo al dedillo:

Antaño nos sabíamos el mundo al dedillo:
-tan pequeño que cabía en un apretón de manos,
tan fácil que se describía con una sonrisa,
tan común como el eco de las viejas verdades en los rezos.

La historia nos saludaba con fanfarrias de gloria:
-echaba arena sucia en nuestros ojos.
Aún nos esperaban rutas lejanas y sin salida,
pozos envenenados, pan agrio.

Nuestro botín de guerra es el saber del mundo:
-tan enorme que cabe en un apretón de manos,
tan difícil que se puede describir con una sonrisa,
raro como el eco de las viejas verdades en los rezos.




En "Antología poética"
    

23.4.17

Karin Boye. En el fondo de las cosas

Leí en el periódico que alguien había muerto, alguien a quien conocía de nombre.
Ella vivía, como yo, escribía libros, como yo, envejeció y ahora está muerta.

Imagínate estar ahora muerta y haber dejado ya todo atrás,
angustia, miedo y soledad, y la culpa implacable.

Pero hay una gran justicia escondida en el fondo de las cosas.
Todos tenemos una gracia que esperar- un don que nadie va a robar.


[De sju dödssynderna, 1941]




En la antología "Poesía nórdica"

22.4.17

María Zambrano. Sobre "Claros del Bosque"

"Claros del bosque dentro de mi pensamiento vertido en lo impreso, salvo alguna excepción, aparece como algo inédito salido de ese escribir irreprimible que brota por sí mismo y que ha ido a parar a cuadernos y hojas que nadie conoce, ni yo misma, reacia que soy a releerme. Tenía que suceder por fuerza. Mas creo que el carácter de ofrenda de Claros del bosque a la persona a quien va dedicado en su tránsito tiene que ver en ello, acentuando así el carácter de ofrenda que todo lo que he publicado tiene desde siempre. Nada es de extrañar que la razón discursiva apenas aparezca. Con anterioridad esboce una "Crítica de la razón discursiva" que no podría prometer que salga de ese estado. Creo, pues, que como libro es el que más responde a esa 'idea' hace tiempo formulada de que "pensar es ante todo -como raíz, como acto- descifrar lo que se siente", entendiendo por sentir el "sentir originario", expresión usada por mí desde hace años. Y también que "el hombre es el ser que padece su propia trascendencia" en un incesante proceso de unificación entre pasividad y conocimiento, entre ser y vida. Vida verdadera, sorprendida tan sólo en algunos claros que se abren en la espesura inicial entre cielo y tierra. Y en el remoto horizonte donde cielo y tierra, ser y vida, vida y muerte se anegan".


Sobre "Claros del bosque"

21.4.17

M. Carmen Caramés Gorgal. El poema emerge en la catarsis...

El poema emerge en la catarsis,
en la soledad telúrica y diagonal
que me succiona en las venas.
Así es que me desangro en cada verso
en un gotear constante
de días devorados por la angustia
y por el miedo.


De "De los días oscuros"
    

20.4.17

Carolyn Forché. Como niñas juntas

Bajo la cuesta nevada
clavados en el invierno entero con luces
de Navidad, esperamos a que tu padre
cortara sus pasteles de jabón, terminara su whiskey,
a que tu madre llevara su café de habitación
en habitación apagando las luces
atrapadas en la nieve bajo nuestros pies.
Sujetándonos por las mangas
de nuestros abrigos nos deslizamos
por la vereda en nuestros vestidos
negros y ajustados, por pantanos de cristal
y el rostro muerto de cada casa oscura,
sobre el hielo dorado
del tabaco que fue escupido, la calma
azul de los lagos, con la ciudad
brillando bajo las ciegas
colinas blancas y una escasa
nieve parpadeando en las estrellas.
Tú tarareabas blanche comme
la neige y hablabas de Montreal
donde una quebeçoise podría cantar,
tomar el rostro de cualquier hombre
hacia la blusa desabotonada de una mujer
y despertar para el vino en la mesa
de noche.
Siempre he creído,
Victoria, que hay
un modo de salir.
Estabas avergonzada de esa casa,
sus redondas latas de harina,
res astillada y frijoles,
vales de ayuda y viajes de invierno
que siempre terminaban en venado
tieso atado al portaequipajes del coche,
el acordeón de tus tíos
bajados del norte, y lo que
llamabas la estupidez
del francés de Michigan.

Tu espejo se adornó
con fotos de militares
que tomaron tus pechos
en sus manos, los botones
de tus blusas con sus dientes,
que te dieron las borlas
de seda de su graduación,
chaquetas bordadas con dragones
del Lejano Oriente. Guardaste
los corchos que dispararon
de las botellas desde sus camas,
sus cartas con cada ciudad
ennegrecida, sobres con cabello
de sus cabezas rapadas.

Voy a tenerlo, dijiste.
Flores envueltas en periódico de carros
en Montreal, un avión elevándose
de Detroit, una cama de satín, una mesa
repleta de botellas de esencias.
Así que parada en una pista de hielo
afuera de un salón católico de baile
tomaste sus collares
en tus delgadas manos congeladas
y mentiste sobre tu edad para volverte adulta.

Entonces yo no tenía pechos,
ni cartas provenientes de campos de entrenamiento
y cuando uno de los hombres que habías
reunido a tu alrededor acercó mi boca
a la suya no hubo nada
además de la música del salón
elevándose a los brazos de los árboles helados.

No sé dónde estás ahora, Victoria.
Dicen que tienes hijos, un tráiler
en la nieve cerca a nuestra ciudad,
y que el marido que encontraste cuando niña
volvió al Lejano Oriente roto
maldiciendo la santa sangre en la mesa
donde todas las noches una pila de virutas blancas
son pagadas desde el borde de su cuchillo.

Si lees este poema, escríbeme.
He estado en París desde que nos separamos.


De "El país entre nosotros"

         

19.4.17

Mercedes Pinto. Aspiración

Camino de Luna, de calma,
de paz...
Camino sereno...

Y para mi esperanza
qué más?

Ir contigo en el silencio,
en busca del mar...
Agitar de alas...
y de tiempo en tiempo, mirar
hacia atrás...

Las frentes de plata; la sombra
a los pies;
y de cuerdas nuevas
la red...


De "Cantos de muchos puertos"
        

18.4.17

Solveig von Schoultz. La estrella

Libéreme súbito un brazo
de los brazos que me ceñían
y lo alargué y con él toqué una estrella:
justo, allí estaba, sin cambiar color,
la estrella allí seguía con sus puntas azules
y mía, sólo mía:
         la estrella en su espacio
nos sonreímos
volviéndonos después
         cada cual a su cielo.




De "Baja tu luz"