21.9.18

Toni Morrison. El origen de los otros

Mi hermana y yo aún jugábamos en el suelo, así que debió de ser en 1932 o 1933 cuando nos enteramos de que estaba a punto de llegar. Millicent MacTeer, nuestra bisabuela. Toda una leyenda a la que se citaba con frecuencia. La idea era que visitara a todos los parientes que residían en el barrio. Vivía en Michigan y tenía mucho predicamento como comadrona. Su visita a Ohio se esperaba desde hacía mucho, porque se la consideraba la matriarca sabia. incuestionable y majestuosa de la familia. La majestuosidad quedó clara cuando hizo su entrada y sucedió algo que yo no había visto en la vida: sin que nadie les dijera nada, todos los hombres se levantaron.
Por fin, después de una ronda de visitas a otros parientes, se había presentado en la sala de estar de casa. Alta, con la espalda bien recta, apoyándose en un bastón que desde luego no necesitaba, saludó a mi madre. A continuación, mirándonos a mi hermana y a mí, que jugábamos o simplemente estábamos sentadas en el suelo, arrugó la frente, nos señaló con el bastón y dijo: "Estas niñas están adulteradas".
Mi madre protestó (enérgicamente), pero el daño ya estaba hecho. La bisabuela era negra como el alquitrán y mamá sabía muy bien a qué se refería: sus hijas, y por ende nuestra familia más inmediata, estaban mancilladas, eran impuras.


Principio de "El origen de los otros"
      

20.9.18

Elena Ferrante. La hija oscura

No hacía una hora que conducía cuando empecé a encontrarme mal. Reapareció el ardor en el costado, aunque al principio decidí no darle importancia. Solo me preocupé al advertir que no tenía ni siquiera fuerzas para agarrar el volante. Al cabo de pocos minutos la cabeza empezó a pesarme, las luces de los coches me parecían cada vez más pálidas y terminé por olvidarme incluso de que estaba conduciendo. Tuve en cambio la impresión de encontrarme en el mar, en pleno día. La playa estaba vacía, el agua en calma, pero en un asta a pocos metros de la costa flameaba la bandera roja. Mi madre, cuando era pequeña, me había metido mucho miedo, me decía: Leda, no entres nunca en el agua cuando hay bandera roja, significa que el mar está agitado y que te puedes ahogar. El miedo se había mantenido a lo largo de los años e incluso ahora, aunque el agua fuera una hoja de papel translúcida y tersa hasta el horizonte, no me atrevía a meterme, me angustiaba. Me decía: anda, báñate, se habrán olvidado de arriar la bandera, y mientras tanto me quedaba en la orilla probando cautamente el agua con la punta del pie. Por momentos mi madre aparecía en la cima de las dunas y me gritaba como si todavía fuera una niña: Leda, qué haces, no has visto la bandera roja?
En el hospital, cuando abrí los ojos, me vi por una fracción de segundo dentro del mar liso.


Principio de "La hija oscura"
una de las novelas del libro "Crónicas del desamor"
     

19.9.18

Penelope Mortimer. La primera fase de la pesadilla...

La primera fase de la pesadilla consiste en perder la capacidad de creer en lo insignificante. La consciencia se aguza hasta el punto de que nada es trivial, sino que cada momento, cada detalle posee la misma insoportable cualidad de generar pavor. En este estado de desesperación no hay crisis. El bondadoso censor de la memoria ha perdido el control y todo se recuerda con el mismo horror, la uña partida se transforma en la irregular delatora del sinsentido de la existencia, el comentario más inocente da rienda suelta, sin previo aviso, al dolor o al terror de toda una vida. Pero aun así los días se amontonan, uno encima de otro, de manera ordenada; las semanas siguen marcadas por un domingo en rojo y los meses tienen nombre. Es necesario comer y dormir. Es necesario disponerlo todo para el futuro, aun cuando ello consista únicamente en tomar aliento con el fin de que este pueda, en algún momento, exhalarse y respirarse de nuevo.


De "Papá se ha ido de caza"
    

18.9.18

Katherine Anne Porter. Pero qué era bueno y qué era malo?...

Pero ¿qué era bueno y qué era malo? Odio el amor, pensó, como si esta fuese la respuesta; odio amar y ser amada, lo odio. Y su turbada y agitada mente recibió un fuerte alivio gracias a ese derrumbamiento súbito de una vieja y dolorosa estructura de imágenes distorsionadas y conceptos erróneos.


De "Antiguas muertes"
una de las novelas cortas incluida en los "Cuentos completos"
    

17.9.18

Sonja Åkesson. Hilos

Muerta? Yo? Qué ocurrencia!
Sé muy bien que existo.
Tan sola como estoy
y con el miedo que le tengo a la muerte (banal, verdad?).

Si ustedes también tienen miedo
al menos
no se comportan tan estúpidamente.

Si ustedes también están solos
no se les nota,
al menos no de la misma manera,
así tan claramente, caramba.

Me imagino un montón de hilos.
Como en ese sociograma,
ustedes tienen un montón de hilos entre ustedes.

Ustedes hablan y se ríen y susurran.
Discuten:
por ejemplo sobre la soledad.

"La soledad en la gran ciudad"
"La soledad en el ascensor"
"La soledad del nacimiento
                           a la muerte"

A mi alrededor cuelgan los hilos sueltos
y envolventes.
Al menor intento, al primer paso,
me enredo, fracaso,
tengo aún más miedo.

Sencillamente tengo pánico a morir.


De "Fuera brilla el sol"
En la antología "Vivo en Suecia"
    

16.9.18

Marianne Larsen. Se siente como un áspero muro de piedra artificial...

se siente como un áspero muro de piedra artificial
contra la espalda
sin embargo se nota el roce suave
de las puntas de las hojas de una planta en la nuca

un pájaro debe de haber volado
a través del muro
que me separa de los otros en la prisión del mundo

bien adentro de la oscuridad del muro
impenetrable en ocasiones
tal vez al pájaro se le haya perdido una semilla
ha debido de echar raíces

finalmente el diente de león se ha hecho tan grande
que puede reventarlo todo


[Pludselig, 1985]


En la antología de "Poesía nórdica"
    

15.9.18

Chimamanda Ngozi Adichie. Quinta sugerencia

Enseña a Chizalum a leer. Enséñale el amor por los libros. La mejor manera de hacerlo es mediante el ejemplo. Si te ve leyendo, comprenderá que leer es valioso. Si no fuera a la escuela y solo leyera libros, posiblemente sabría más que un niño educado de manera convencional. Los libros la ayudarán a entender el mundo y cuestionárselo, la ayudarán a expresarse y la ayudarán en aquello en lo que quiera convertirse: una chef, una científica, una cantante, todas ellas se benefician de lo que se aprende leyendo. No me refiero a libros de texto. Hablo de libros que no tengan nada que ver con el colegio, autobiografías, novelas y cuentos. 


De "Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo"
    

14.9.18

Sylvia Plath. Magulladura

En la zona se encharca el color, púrpura sin brillo.
El resto del cuerpo queda desteñido por completo,
color perla.

En un foso de roca
el mar sorbe obsesivo,
eje del mar entero un solo hueco.

No mayor que una mosca,
la marca del destino
trepa por la pared.

El corazón se cierra,
el mar se desliza en retirada,
los espejos están amortajados.


De "Ariel"
    

13.9.18

Elizabeth Bishop. Cirque d`Hiver

Por el suelo aletea el juguete mecánico,
propio de un rey de hace varios siglos.
caballito de circo con real pelambre blanca.
Los ojos son de vidrio negro.
Lleva una danzarina en las ancas.

Ella se está sobre las puntas de los pies y gira, gira.
Lleva cosido un ramo de artificiales rosas
que le cruza la falda y el brillante corpiño.
Sobre la cabeza se posa
otro ramo de rosas artificiales.

Melena y cola vienen directamente de Chirico.
Su alma es formalista y melancólica.
Percibe el tembloteo de los rosados pies de ella en sus ancas
a lo largo de la pequeña pértiga
que a ella le traspasa cuerpo y alma

y atraviesa los suyos, y reaparece
por bajo la barriga, como un gran abrelatas.
Aventura tres pasos, luego hace una reverencia,
vuelve a trotar, dobla una pata,
trota, luego retiñe y se para, y se me queda mirando.

La danzarina, en tanto, me ha vuelto la espalda.
Él es como mucho el más inteligente.
Mirándonos el uno al otro con aire enfurecido
-su ojos parece una estrella-
nos observamos diciéndonos: "Bien, hasta aquí hemos llegado".

[North and South, 1946]


En una selección de poemas
en el libro "Poesía norteamericana 1900-1950"
   

12.9.18

Elisabeth Mulder. Reposo

No fijes tu mirada
en mis pupilas hondas;
no sacudas el ángel
de las visiones rojas.

No oprimas con tu mano
mi mano temblorosa;
no despiertes la bruja
de los gestos de loca.

No obligue tu palabra
a que la mía responda;
deja mi voz ahogada,
mi lengua silenciosa.

No indiques a mis pies
la ruta tentadora;
no evoques el fantasma
de la marcha azarosa.

No nombres a mi mente
la rima que obsesiona;
no llames al espíritu
de la ilusión traidora.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"