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17.10.21

Ingeborg Bachmann. Molinete

Molinete- hay veces en que
el amor deja de apagar ojos,
y podemos ver sus propios
apagados ojos.

Roza nuestras pestañas
del cráter un humo frío;
solo una vez contuvo el aliento
el horrible vacío.

Hemos visto los ojos muertos,
y olvidando nunca.
El amor es persistente
y no nos reconoce nunca.



De "El tiempo postergado"
    
    

25.6.17

Ingeborg Bachmann. Nueva

Sale del astro celestial templado de cadáveres el sol.
No están allí los inmortales,
sino los caídos en batalla, oímos.

Y el esplendor no repara en la putrefacción. Nuestra deidad,
la Historia, nos ha dispuesto una sepultura
de la que no hay resurrección.




De "El tiempo postergado"
    

13.8.16

Ingeborg Bachmann. París

Trenzados sobre la rueda de la noche
duermen los extraviados,
abajo, en los pasadizos del trueno,
pero donde nosotros estamos, está la luz.

Tenemos los brazos repletos de flores,
mimosas reunidas durante años;
destellos de oro caen de puente en puente
sin aliento en el río.

Fría es la luz,
más fría todavía la piedra ante la puerta,
y de las tazas de las fuentes
ya se ha apurado la mitad.

Qué será si, de añoranza
aturdidos hasta el cabello al viento,
nos quedamos aquí y preguntamos: qué será
si arrostramos la belleza?

Sobre el carro de luz alzados,
también despiertos, nos encontramos extraviados,
arriba, en las calles del genio;
pero donde nosotros no estamos, está la noche.




De "El tiempo postergado"

25.6.16

Ingeborg Bachmann. Todos los días

Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inconcebible
se ha hecho cotidiano. El héroe
permanece alejado de los combatientes. El débil
ha avanzado hasta las zonas de fuego.
El uniforme de diario es la paciencia,
la condecoración, la mísera estrella
de la esperanza sobre el corazón.

Se concede
cuando ya no pasa nada,
cuando el fuego nutrido ha enmudecido,
cuando el enemigo se ha hecho invisible,
y la sombra del armamento eterno
oscurece el cielo.

Se concede
por abandonar las banderas,
por el valor ante el amigo,
por revelar secretos indignos
y desacatar
toda orden.




De "El tiempo postergado"

3.7.15

Ingeborg Bachmann. Cáete, corazón

Cáete, corazón, del árbol del tiempo,
caeos vosotras, hojas, de las heladas ramas
que antaño abrazaba el sol,
caed, como caen las lágrimas del dilatado ojo!

Si durante días aún flamea el rizo al aire
sobre la frente bronceada del dios de los campos,
bajo la camisa ya aferra el puño
la tremenda herida abierta.

Por eso, sé duro, aunque la suave espalda de las nubes
se incline una última vez ante ti,
no lo consideres en nada, aunque el Himeto te llene
los panales una última vez.

Pues poca cosa es para el campesino una brizna en la sequía,
poco, un verano ante nuestra gran estirpe.

Y qué importa lo que atestigüe tu corazón?
Late entre ayer y mañana,
silencioso y ajeno,
y aquello que marca
es ya su caída fuera del tiempo.




De "El tiempo postergado"