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14.9.25

Ernestina de Champourcin. La pared transparente

Huele a sol y a resina.
Crece el pino apuntando
a una meta celeste.
La mañana suspensa
en un jardín remoto,
una rosa perdida
que perfuma el recuerdo.
   
Terminar el poema?
Dejarlo tembloroso
como una rosa viva
pendiente de su sombra.
Aletea el silencio.
Alguien viene a buscarme
y huele a eternidad
solamente un minuto.


(Del libro "La pared transparente")


En "Mujeres del 27. Antología poética"
    

20.10.19

Ernestina de Champourcín. Laxitud

   La tarde gris y triste me agobia,
tengo sueño;
estiro lentamente
mis dos brazos abiertos
que se prenden al aire;
quieren cazar el tiempo,
aprisionarlo pronto,
robarle su secreto,
deshacer bruscamente sus límites estrechos.
Quiero llorar: no sé;
Quiero reír: no puedo.
Los deseos 
se estrellan contra la inexorable inercia
del silencio;
sobre mi corazón rueda grávido el peso
de la existencia toda.
Al fin me desperezo.
Logro romper el cerco
del malsano sopor,
pero apenas lo vendo
ya me torna a invadir
quedamente su tedio.
Luego...
Ya no sé más;
suspiro,
me paseo, 
exprimo el tormentoso 
lagar de mi cerebro,
destilo el elixir de su inquietud
en mi pecho...
Sujeto en mi memoria
repite el pensamiento;
la tarde gris y triste me agobia,
tengo sueño!...
   
   
(De En silencio, 1926)


En la antología "Poesía soy yo.
Poetas en español del siglo XX (1886-1960)"
    

10.5.19

Ernestina de Champourcín. Tú no sabes aún que he cercado tu orilla...

Tú no sabes aún que he cercado tu orilla,
que sueñas por la noche el color de mis ojos,
que tus manos en sombra
dirigen su tanteo hacia mi soledad.

Ignóralo así siempre!
Yo agolparé tinieblas en el limpio sendero
que hollan las verdades.
Plegaré la inconsciencia como una venda inmóvil
sobre tu laxitud.

Nunca sabrás que en ti la fuerza se desnuda
para erguir hasta el cielo el soplo de mi vida.
Que tus labios se mueven al encuentro de un beso
modelado en mi boca por tu ardiente obsesión.

Ignóralo, y así desechará mi gesto
la rígida cautela que detiene el impulso,
e invadiré gozosa la atmósfera profunda
que arrebata en su cauce lo más puro de ti.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
     

3.7.17

Ernestina de Champourcin. Laxitud

La tarde gris y triste me agobia,
tengo sueño;
estiro lentamente
mis dos brazos abiertos
que se prenden al aire;
quieren cazar el tiempo,
aprisionarlo pronto,
robarle su secreto,
deshacer bruscamente sus límites estrechos.
Quiero llorar: no sé;
quiero reír: no puedo.
Los deseos
se estrellan contra la inexorable inercia
del silencio;
sobre mi corazón rueda grávido al peso
de la existencia toda.
Al fin me desperezo.
Logro romper el cerco
del malsano sopor,
pero apenas lo venzo
ya me torna a invadir
quedamente su tedio.
Luego...
Ya no sé más;
suspiro,
me paseo,
exprimo el tormentoso
lagar de mi cerebro,
destilo el elixir de su inquietud
en mi pecho...
Sujeto en mi memoria
repite el pensamiento;
la tarde gris y triste me agobia,
tengo sueño!...


De "En silencio"
En "Antología poética"
    

27.3.17

Ernestina de Champourcin. Un día volverá...

Un día volverá
esa visión sin huella
esa luz inconforme
con todo lo soñado,
la hélice capaz
de dar a luz un viento
incontenible
que lo avasalla todo
y será nuevo el mundo
nuevo y tan tierno
como un brote de sol
en primavera
Resurrección sin tregua
que nos regalará una piel
diferente.




En la antología "... Y vamos haciendo camino"
    

27.3.16

Ernestina de Champourcin. Búscame en ti. La flecha de mi vida...

Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.

Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos 

Ahoga entre tus labios mi tristeza,
y esa quietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con tus latidos.




De la antología "Breviario de los sentidos"

2.8.15

Ernestina de Champourcin. Al final de la tarde...

Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.

Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.

Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa.


En la Antología general de poetisas españolas
Tomo II: de 1901 a 1939
de la editorial Torremozas

12.9.13

Ernestina de Champourcin. Y por fin un café...

Y por fin un café
sin prisas y sin miedo,
pero una taza es poco
para tanta sed junta.

La gitana nos pide
monedas para un sello.
Escribir o llamar?
Surgen de todas partes
targetas y telegramas.

Y ahora qué y hacia donde?
Todavía hay quien mira
nervioso el cielo claro.

De la antología "Mujeres y café"

14.8.12

Ernestina de Champourcin. Lilas blancas

Quiero ser un manojo
de lilas blancas
que la tarde deshace
con su nostalgia;
una rama cubierta de
flores lánguidas,
como pequeños búcaros
de esencia rara,
una lluvia de pétalos
hecha fragancia,
en la paz del nocturno
rosado y plata…
Quisiera ser un ramo
de lilas blancas
y acariciar la sombra
de tu mirada.

Cuando en el blando acaso
todo desmaya,
tendré un perfume triste,
como tus lágrimas;
al replicar el Angelus,
con la campana
hacia ti volarán
mis flores lacias
y en el débil incienso
de su plegaria
palpiraría un ruego
para tu alma...

Quiero ser un manojo
de lilas blancas
y sembrar tus caminos
de flores castas.

De la antología de poetisas españolas
Tomo II: de 1901 a 1939
de la editorial Torremozas

10.7.11

Ernestina de Champourcin. Hoja Blanca

Hoja blanca de hoy, de siempre, de mañana.
Frutal de cada día, semilla fecundada
por un rayo de luz o una gota de agua.
La vida fluye abajo, arrastrándose vana.
encima de mi frente, los divinos fantasmas
del sueño verdadero, los éxtasis del alma...
cicatrices de oro, que mi pluma va abriendo
sobre la hoja blanca.

De "Peces en la tierra"

11.3.11

Ernestina de Champourcin. Cállate

Cállate; no respires, ni turbes el silencio
con el ritmo armonioso de un poema de amor;
cállate, que es muy tímido y frágil el silencio,
no rompas de este instante el filtro seductor.

Cállate y no pienses; a traves del espacio,
cruza fugaz la estrella de una hermosa ilusión,
cállate, no sientes su fulgor de topacio
encenderse en mi pecho y herir tu corazón?

Cállate, ya sé yo que tus labios murmuran
ternuras infinitas, creadas para mí;
cállate, el silencio me acerca más a ti.

De la antología "Peces en la tierra"