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4.2.26

Margaret Randall. La respiración lleva un sentido inquebrantable

Sé que le estoy pidiendo mucho al poema
que lancé a las corrientes de aire contaminado
en este momento su desregulación alevosa.
   
Me doy cuenta de que mis palabras podrían sentirse solas
entre tantos datos alternativos
y tuits violentos que atestan el ciberespacio.
   
Qué puede hacer una palabra, o una serie de palabras
hilvanadas todas juntas con esperanza urgente?
Tanto mandato y cliché entre los que hay que andar.
   
Pero la posibilidad explota, flores pirotécnicas
iluminan este cielo atenuado
de retórica que todo lo consume.
   
La boca se abre, la garganta se aclara, la respiración lleva
un sentido inquebrantable
por nuestra primavera casi silenciosa.


De "Contra la atrocidad"
    

21.3.25

Margaret Randall. Todo lo que cantamos

Todo lo que cantamos puede perderse. Lo que fue
y ya no es o lo que nunca fue.
Un poema: es eterno hasta que alguien lo escribe.
Este es mi momento único:
Soy mortal, y sin embargo, ignorante de mi mortalidad.
   
Hoy que cualquiera puede dejar la misma marca
busco y no encuentro mi cara en los espejos.
Escribo este silencio
para que algún sonido pueda contradecirlo
y se descubra: humano y errado.


De "Contra la atrocidad"
    

21.12.24

Margaret Randall. Dibujando un sombrero

Cómo hacer para que todos se olviden de quién eres
hablando todo el tiempo de eso.
Cómo hacer para que todos se acuerden
exactamente de quién eres
sin mencionar eso jamás.
Eso:
el elefante en la sala
o escondido en el dibujo del Principito,
tratándole un sombrero ante los ojos sin imaginación.
Orgulloso, brilla sobre tu piel.
Nadie puede borrarlo.
Se le honra en todos los idiomas, 
protagonista por fin,
como él mismo, del show.


En "Beat Generation. Poesía de la Rebelión"
    

23.11.24

Margaret Randall. Introducción

En el verano de 1956 yo tenía apenas 19 años, no era más que una incipiente escritora con residencia en Albuquerque, Nuevo México, pequeña ciudad suroccidental adonde había arribado con mis padres tras dejar mi lugar de nacimiento en Nueva York. Una noche me encontraba en una fiesta con escritores, pintores y amigos -renegados sociales todos de una u otra forma- en una casa al pie de las abruptas montañas que al atardecer se proyectan rojizas hacia el este. Todos disfrutábamos y compartíamos la buena hierba local. La luz de la habitación era tenue. En medio de la quietud alguien comenzó a leer un poema de reciente publicación underground y que en todo el país iba de mano en mano y de boca en boca: "He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos desnudos, hambrientos, / arrastrándose por calles de negros en la madrugada, al acecho de una dosis furiosa, / hípsters cabezas de ángel ardiendo por la sagrada conexión celestial con el estrellado dinamo en la maquinaria de la noche..."
Era el poema "Aullido", de Allen Ginsberg. Sus palabras se grabaron de inmediato en mi joven psiquis. Me conmocionaron profundamente, produjeron un cambio en mi vida y en mi afinidad con la literatura, alteraron mi relación con la poesía.


De la introducción a "Beat Generation.
Poesía de la Rebelión"
    

6.12.20

Margaret Randall. Manjar de mujer golpeada

La berenjena grande, oval, morada
está serenamente alucinada en su soledad.
No simplemente a solas, o requiriendo más espacio,
sino sola en la plenitud de su circunferencia.
Flotando, amoratada, inflamada de terror.

Pínchala con el tenedor por todas partes
y métela directamente en la parrilla de un horno
al rojo vivo. En 45 minutos se habrá
replegado sobre sí misma, y su piel lustrosa
será una masa de arrugas derrotadas.

Cuando se enfríe lo suficiente para manipularla,
arráncale la pulpa y bátela con un cuarto
de taza de mantequilla de ajonjolí, bastante
ajo machacado, perejil cortado finamente,
sal, pimienta y el jugo de al menos dos limones.

Ahora su brillo azul oscuro ha desaparecido, su plenitud
apenas se recuerda. Pero una exquisitez
-dicen que afrodisíaca-
puede ser servida en un cuenco pequeño
y rodeado de galletas finas o de tostadas Melba.

Antes de servir, rocíalo con aceite de oliva
por encima. Los invitados gozarán
del sabor exótico que compartes con ellos
y el aperitivo -mejorado para su propio bien-
no se quejará jamas.



En "Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe"
    

6.12.19

Margaret Randall. Entre pintura y fotografía

Árboles enormes y colores lavados de El Prado 
miran desde esta vieja postal,
sus colores oscuros entre pintura y fotografía,
estampillas y matasellos impreso
parte del ardid.
En otra vida podría mirar a esta escena
y ver un jardín secreto. 
Pero aquí fue donde se lo llevaron
Enero 3, 1974. Salió a las 9
y nunca más vino a casa. 


De "Como si la silla vacía"
    

19.2.19

Margaret Randall. Las mujeres

En todas partes, de una manera u otra, las mujeres han sido condicionadas a sentirse inferiores, secundarias, dóciles y complementarias del hombre, y nunca como seres humanos iguales y capaces. Tanto los hombres como las mujeres (pero particularmente los hombres) han fomentado este condicionamiento que es parte del círculo vicioso de distorsión y alienación que sufren ambos sexos en la mayoría de las sociedades contemporáneas. Las mujeres nacen con una imagen de sí demolida; los hombres contribuyen a mantener viva esa imagen distorsionando su realidad al igual que la de las mujeres. Éstas, que forman el 51% de la población mundial, son el grupo social y económicamente oprimido más grande que existe. Como grupo, tienen el mayor potencial de conciencia revolucionaria.


Introducción al libro "Las mujeres"
    

6.12.18

Margaret Randall. Más espesa que el agua

Cuando pregunté cómo escapó
ella explicó
parientes ricos, bien conectados
pueden mostrarse listos para emergencias. 
Familia más allá de ideología,
la sangre más espesa que el agua.
A veces la familia era realmente
más espesa que el agua,
milagro del pan convertido en carne 
y el vino en sangre
o la química de los sueños. 
A veces no.
Confiarte al ADN de la lealtad
podría costarte todo. 


De "Como si la silla vacía"
     

10.11.18

Margaret Randall. Como si la silla vacía

No podemos simplemente dejarlo atrás?
preguntan los intocados,
pero dónde es atrás,
hacia qué punto cardinal
se yergue,
qué clima soporta,
qué intersección
de latitud y longitud,
el punto de la mira convergiendo
sobre su rostro hambriento?
No podemos simplemente seguir adelante?
como si la silla vacía
no estuviera metida bajo el borde de la mesa,
ese lado de la cama desierto y frío
o el espejo reflejando una cara sola
no se burlara de estas vidas 
que habitamos:
ocupantes incómodos
pagando en cuotas
por lo que ya no tenemos.
Sin él, sin ella,
sin aquellos que arrancaron
de este aire que respiramos
ya no poseemos nuestras vidas
el espacio que nos rodea,
sonidos dulces de la calle o el campo. 
Sin ellos
no podemos seguir adelante,
porque cómo van a encontrarnos
cuando vuelvan trastabillando a casa?


De "Como si la silla vacía"
     

6.12.16

Margaret Randall. Bajo ataque


         para Marian McDonald

Escuchen. Estas voces están siendo atacadas.

Ismaela, la de la oscura casa de tabaco. Abuela.
Empleada doméstica, una vida de inviernos,
nieta de esclavos. Me miraba fijo:
"Mi mamá solía decirme: un día de éstos
cagarán las gallinas para arriba!
Y yo me quedaba mirando los culos a las gallinas
preguntándome cuándo ocurriría.
Cuando echemos abajo a los grandes
y alcemos a los pequeños!"

"Para mamá, papá y el negro", escribió
en el poema que les dejó como despedida.
Nicaragua, 1977.
Desaparecer, o dejar que te desaparezcan.
Dora María, cuya madre
siempre la reconocía por su mirada.
Temblaba en su primer parto
y tomó sin miedo una ciudad.

Llueve y el río sube. Catalina
corre tras los patos que se desbandan.
"Y mis meses", decía,
bajo los cuatro palos de la casa
que construía una y otra vez.
"Me quitaron los meses en el hospital de Iquitos
y la luna llena trae la locura a mi cabeza".
Su cuerpo se desvanece cuando la toco.
Una voz de mujer que corta tal densidad de lluvia.

Xuan, mis manos frías entre las suyas,
evoca los barracones.
"Los soldados eran nuestros hermanos".
Noche tras noche, aldea por aldea.
Quang Tri, 1974. El fuego de las armas
reemplazado por una conversación íntima.
Esto sí que es obra de mujeres.
También la historia de Xuan está siendo atacada.

Dominga hace descender su memoria
de costurera, a Don Pedro,
a sus propias hijas muertas de hambre.
"Quiero contarte mi vida", me dice,
"quiero dejarla a los jóvenes
para que sepan".

Nos sentábamos en las mecedoras. Reíamos.
Esta mujer rescató la bandera
puertorriqueña en Ponce, en 1937.
Desconocida hasta que un libro
ofreció sus palabras. Su voz.

Les traigo estas mujeres. Escuchen.
Hablan pero sus vidas están siendo atacadas.

También a ellas les ha sido negada la residencia permanente
en "la tierra de los libres, el hogar de los valientes".




En "Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe"

8.1.16

Margaret Randall. Ley de inmigración

Cuando pregunto a los expertos, qué tiempo me queda?
quisiera que no me respondieran con años ni argumentos.

Tengo que saber si me quedan las horas suficientes
para remendar esta relación
para trabajar el libro hasta su nacimiento
para estar junto a su padre en lo que le queda de camino.

Quiero saber cuantas temporadas de chamisas
brotarán amarillas, después gris-verdosas
y otra vez amarillas
                     luz
                         de nuevo
cuántas flores rojas de cactus
florecerán junto a mi puerta.

Me niego a seguir al lenguaje
como un perro con el rabo entre las patas.

Necesito tiempo, que es música,
horas que se levantan con el pan,
años repletos de nexos.

En el presente siempre hay un temblor de pasado.

Dame un puñado de futuro
para rozarme los labios.




En "Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe"

1.12.15

Margaret Randall. Una joven americana en Italia, 1951

Sobre una fotografía de Ruth Orkin

La joven que camina sola
desafía a toda una acera en alguna ciudad de Europa
en los años 50.
El espectador piensa en París o en Roma
seducido por el mantel blanco
de la mesa de café,
por la pequeña Vespa o Lambretta lista para partir en el bordillo,
por un toldo o una planta colgante, por las borrosas letras
de un nombre ilegible en la sombra.

La joven americana en Italia de Orkin
ya es historia
y así no tengo nada que adivinar.
Mi cuerpo bien sabe
que los hombres nunca se avergüenzan
de mirar de soslayo como en esta foto.
Todos los rostros masculinos
vueltos hacia la mujer
que podría haber sido yo en aquel entonces.

Los mismos dedos crispados
sobre la estola con flecos
que lleva en la mano derecha
apretada contra el clásico collar.
El mismo agarrar pálido
del gran bolso de cuero en la izquierda.
Las mismas sandalias de correas, el mismo pelo
recogido hacia atrás, hosca la mirada
que trata de disimular el miedo.

De los quince hombres que hay en la imagen
sólo tres no asaltan con sus ojos
a la mujer.
Miradas de soslayo, sonidos groseros,
vilipendios, insultos, su asumida posesión
es "una cuestión cultural". Los demás se ríen

u observan a la mujer con la cámara
que se atreve a recordar ese momento
para uso nuestro. En esta fotografía
ella es la fuerza invisible, la que cuenta
la historia.




En "Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe"