Tengo un espíritu inquieto. Vive cerca del lago de mis ojos hundidos. Se agita bajo el sol ardiente de mis rezos Duerme y sus sueños se estremecen bajo mi piel Engendrando la angustia en mi corazón melódico.
Tiene miedo no para de moverse Pues tiembla el suelo y el sueño comienza. El reloj de su vida apenas respira. En torno a su cama sus encubiertos pensamientos Le susurran el horror Al oído.
Mujer de pie consumida depilada Sus negras piernas parecen guardar luto por su juventud Apoya su espalda arqueada contra la pared hostil Su espalda arqueada por los sueños de los hombres Sin darse cuenta de que ya había amanecido Tan larga había sido su noche.
Mujer sentada a una mesa rota La muerte en el vientre. El armario vacío. Cansada de todo incluso de sus recuerdos Espera con la ventana abierta La luz de mil rostros De la locura.
Mi rostro se ilumina en el tibio espejo Mis lágrimas se expanden y embalsaman El silencio rezando en mi tierna habitación Muere y tu sexo resplandece. Feliz está mi miedo oculto en mi mano Lejos de la mañana mi paz espumosa Tu risa florece a la sombra de mi cama Y el agua asciende en el pozo estrellado de la noche.
Qué hacer cuando falte el dinero A qué Dios encomendarse cuando el agua se contamine Cuando el pan podrido rezume bajo la cama Cuando la peste cubra tu cuerpo con sus siniestras heridas Qué hacer cuando el alba gima Deberíamos cantar amada mía Las canciones de los perfumes El impudor de tus gritos Deberíamos pasearnos a la sombra de los cementerios Protegidos por la ley el sexo embrujado Lustroso Qué hacer cuando la guerra te estalle en las manos Qué hacer cuando el alba palidezca
No conoces mi rostro nocturno Ni mis ojos como caballos locos en el espacio Ni mi boca abigarrada de sangre desconocida Ni mi piel Mis dedos postes de señales prelados de placer Dirigirán tus pestañas hacia mis orejas hacia mis omóplatos Hacia el campo abierto de mi carne Las gradas de mis costillas se encogen ante la idea De que tu voz podría ocupar mi garganta De que tus ojos podrían sonreír No conoces la palidez de mis hombros De noche Cuando las alucinantes llamas de las pesadillas reclaman silencio Y los blandos muros de la realidad se estrechan Ignoras que los perfumes de mis días mueren en mi lengua Cuando mueren los malignos con los cuchillos al aire Solo queda mi amor altivo Cuando me hundo en el barro de la noche
Pues he de errar Por el profundo lecho del mar Esparciendo perlas sobre hombres muertos Recogiendo conchas Arrastrando las sombras de los barcos al pasar Perdiendo pelo Atravesando resbaladizas arenas hasta llegar a la boca del infierno.
Abre las puertas de la noche Encontrarás mi corazón colgado En el fragante armario del amor Colgado entre los vestidos rosas de la aurora Devorado por las polillas, la suciedad y los años Colgado y sin ropa, desollado por la esperanza Mi corazón de los sueños galantes Aún late.
Llámame por mi último nombre. Cuelga mis vestidos de los planetas de las estrellas. Que marchen mis piernas sin fin sobre la tierra Y siembren mi desesperación en el corazón de los animales Que doblen las campanas por mis últimos responsos Y llamen a los hombres a la absolución.
Joyce Mansour, nacida Joyce Patricia Adès (Bowden, Inglaterra, 25 de julio de 1928 - París, 27 de agosto de 1986) fue una escritora surrealista de origen egipcio.