Mostrando entradas con la etiqueta *La plenitud de la vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *La plenitud de la vida. Mostrar todas las entradas

9.1.18

Simone de Beauvoir. De pronto, la Historia se precipitó sobre mí...

De pronto, la Historia se precipitó sobre mí, estallé: me encontré hecha añicos en los cuatro puntos cardinales, ligada por todas mis fibras a cada uno y a todos. Ideas, valores, todo fue atropellado; la felicidad misma perdió su importancia. En setiembre de 1939 anoté: "Para mí, la felicidad era ante todo una manera privilegiada de apoderarme del mundo; si el mundo cambia hasta el punto de no poder ser aprehendido de esta manera. la felicidad ya no tiene tanto precio." Y de nuevo en enero de 1941 escribía: "Cómo me parece limitada mi antigua idea de la felicidad! Ha dominado diez años de mi vida, pero creo que ya he salido casi totalmente de ella." En verdad, nunca escapé de ella del todo. Más bien dejé de concebir mi vida como una empresa autónoma y cerrada sobre sí misma; tuve que descubrir de nuevo mis relaciones con un universo cuyo rostro ya no reconocía. 


De "La plenitud de la vida"
    

23.9.17

Simone de Beauvoir. Del prólogo a "La plenitud de la vida"

Cuando empecé a hablar de mí me lancé en una aventura imprudente: uno empieza y no termina más. Hace tiempo que tenía ganas de contarme mis veinte primeros años; nunca olvidé los llamados que, de adolescente, dirigí a la mujer que iba a reabsorberme en ella, cuerpo y alma: no quedaría nada de mí, ni siquiera una pizca de cenizas; le suplicaba que me arrancara un día de esa nada en la que me habría sumergido. Quizá mis libros sólo hayan sido escritos para permitirme el logro de ese antiguo ruego. A los cincuenta años consideré que el momento había llegado; presté mi conciencia a la niña, a la joven abandonada en el fondo del tiempo perdido y perdidas con él. Las hice existir en blanco y negro sobre el papel.
Mi proyecto no iba más allá. Adulta, dejé de invocar el porvenir; cuando hube terminado mis memorias ninguna voz se elevaba en el pasado para instarme a seguirlas. Estaba decidida a empezar otra cosa. Y no pude. Invisible, bajo la última línea, se dibujó un punto de interrogación de que no pude apartar mi pensamiento. La libertad: para qué?


Del prólogo a "La plenitud de la vida"