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1.2.13

Wislawa Szymborska. Prospecto

Soy un ansiolítico.
Actúo en casa,
hago efecto en la oficina,
me presento a los exámenes,
comparezco ante los tribunales,
reparo tacitas rotas.
No tienes más que ingerirme,
ponme debajo de la lengua,
no tienes más que tragarme,
con un sorbo de agua basta.
Sé enfrentarme a la desgracia,
soportar malas noticias,
paliar la injusticia,
llenar de luz el vacío de Dios,
elegir un sombrero de luto que favorezca.
¿A qué esperas?,
confía en la piedad química.
Todavía eres un hombre/una mujer joven,
debes seguir en la brecha.
¿Quién dice
que vivir requiere valor?
Dame tu abismo,
lo acolcharé de sueño,
me estarás para siempre agradecido/agradecida
por las patas sobre las que caer de patas.
Véndeme tu alma.
No te saldrá otro comprador.
No existe ningún otro diablo.
  
De "Paisaje con grano de arena"

21.1.13

Wislawa Szymborska. Torturas

Nada ha cambiado.
El cuerpo es doloroso,
necesita comer, respirar y dormir,
tiene piel fina y, debajo, sangre,
tiene buenas reservas de dientes y de uñas,
huesos quebradizos, articulaciones dúctiles.
Para las torturas todo se tiene en cuenta.

Nada ha cambiado.
El cuerpo tiembla como temblaba
antes y después de la fundación de Roma,
en el siglo veinte antes y después de Cristo,
las torturas son como fueron, aunque la tierra ha menguado
y diríase que todo sucede a la vuelta de la esquina.

Nada ha cambiado.
Salvo el número de habitantes por metro cuadrado,
a las viejas culpas se suman nuevas,
reales, imputadas, momentáneas y nulas,
pero el grito del cuerpo que las avala
era, es y será un grito de inocencia
según el baremo y escala seculares.

Nada ha cambiado.
Quizás los modales, las ceremonias y las danzas,
pero el gesto de brazos protegiendo una cabeza
sigue siendo el mismo.
El cuerpo se retuerce, forcejea para liberarse,
cae postrado, dobla las rodillas,
lividece, se hincha, babea y sangra.

Nada ha cambiado.
Salvo el curso de los ríos,
la línea de los bosques, costas, desiertos y glaciares.
Por esos parajes el alma yerra,
desaparece, vuelve, se acerca y se aleja,
ajena a sí misma e inasequible,
ora segura, ora insegura de su existencia,
mientras el cuerpo es, es y sigue siendo,
y no tiene donde cobijarse.

De "Paisaje con grano de arena"

16.8.12

Wislawa Szymborska. Descubrimiento

Creo en un gran descubrimiento.
Creo en el hombre que hará el descubrimiento.
Creo en el espanto del hombre que hará el descubrimiento.

Creo en la palidez de su rostro,
en su náusea, en el sudor frío en la parte superior del labio.

Creo en sus apuntes en el fuego,
del primero al último
ardiendo en cenizas.

Creo en la dispersión de las cifras,
en su dispersión sin remordimiento.

Creo en la prisa del hombre,
en la precisión de sus gestos,
en su libre albedrío.

Creo en la destrucción de las tablas,
en el derramamiento de líquidos,
en la extinción de la llama.

Sostengo que se conseguirá,
que no será demasiado tarde,
y que ocurrirá sin testigos.

Nadie lo sabrá, seguro,
ni la esposa, ni la pared,
ni el pájaro: por si canta.

Creo en la negativa a participar,
creo en la carrera arruinada,
creo en la inutilidad de muchos años de trabajo.
Creo en el secreto llevado a la tumba.

Estas palabras planean por encima de las normas.
No buscan apoyo en ningún ejemplo.
Mi fe es firme, ciega y carece de fundamentos.


De "Paisaje con grano de arena"

2.7.12

Wislawa Szymborska. Escribiendo el currículum

¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el curriculum.

Sea cual fuere el tiempo de una vida
el curriculum debe ser breve.

Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.

De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.

Importa quién te conoce, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.

Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.

Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.

Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número del calzado, no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.


De "Paisaje con grano de arena"
  

13.3.12

Wislawa Szymborska. El álbum

Nadie en mi familia murió de amor.
Romances sí hubo, no cosa seria.
Tísicos Romeos? Julietas con difteria?
No. Alcanzaron la vejez en flor.

Ni uno murió de cartas sin respuesta,
con letra por las lágrimas borrosa!
LLegaban vecinos, trajes de fiesta,
con anteojos, levita y una rosa.

Nadie se asfixió dentro de un armario
por huir de maridos de sus amantes
Faralaes, mantillas ni volantes
echaron a nadie de la foto por falsario.

Cuán lejos sus Almas del infierno del Bosco!
Sus pistolas no defendían amores furtivos.
(Morían a balazos, mas por otros motivos,
en el frente, en un catre bien tosco)
Ni la bella, la del moño vistoso,
con ojeras, como de bacanal,
partió a vela en pos de un joven fogoso
por el mar de su hemorragia cerebral.

Antes del daguerrotipo quizás hubo Amor de veras,
pero no en las fotos de mi familia.

Los días tenían tempo de vigilia
y ellos morían de gripe o de paperas.


De "Paisaje con grano de arena"
  

9.3.12

Wislawa Szymborska. Soliloquio para Casandra

Soy yo, Casandra.
Y esta es mi ciudad convertida en cenizas.
Y este es mi báculo y mis cintas de vidente.
Y esta es mi cabeza llena de dudas.

Cierto: he vencido.
Mi acierto reverbera en el cielo.
Sólo a los augures a quienes nadie cree
les es dado contemplar semejantes perspectivas.
Sólo las predicciones de quienes empezaron con mal pie
se cumplen demasiado pronto
como si nunca hubieran existido.

Ahora recuerdo con absoluta claridad
cómo la gente, al verme, se mordía la lengua.
Las risas se apagaban.
Las manos se desenlazaban.
Los niños corrían a buscar a sus madres.
Yo ni siquiera conocía sus fugaces nombres.
Y, en mi presencia, nadie llegaba nunca al final
de aquella canción de las hojas verdes.

Les amaba.
Pero les amaba desde las alturas.
Desde más allá de la vida.
Desde el porvenir. Desde donde reina el vacío,
donde contemplar la muerte es lo más fácil.
Les hablé con dureza, y lo lamento.
Contemplaos desde las estrellas, les gritaba.
Contemplaos desde las estrellas.
Y escuchaban y bajaban la vista al suelo.

Vivían en el interior de la vida.
Imbuidos de un vendaval.
Predestinados.
Presos ya al nacer en cuerpos para el adiós.
Pero en ellos había una esperanza húmeda,
una llama alimentada por su propio chisporreteo.
Sabían qué es un instante,
¡ay!, uno al menos, único, cualquiera
antes que

Tuve yo razón.
Pero la razón no da fruto.
Y estas son mis vestimentas chamuscadas por el fuego.
Y estos son mis trebejos de vidente.
Y este es mi rostro desfigurado.
Un rostro que pudo ser hermoso y no lo supo.

De "Paisaje con grano de arena"
   

20.2.12

Wislawa Szymborska. La feria de los milagros

Un milagro corriente:
que se produzcan tantos milagros corrientes.

Un milagro ordinario:
el ladrido de los perros invisibles
en el silencio de la noche.

Un milagro del montón:
una nube menuda y ligera,
capaz de tapar la luna llena y compacta.

Muchos milagros en uno:
un aliso que se refleja en el agua
y que se vea invertido de izquierda a derecha
y que crezca allá con la copa hacia abajo
y que no llegue al fondo
pese a la poca profundidad del agua.

Un milagro cotidiano:
vientos de ligeros a moderados,
borrascas en plena tormenta.

Un milagro cualquiera:
las vacas son vacas.

Otro milagro, quiérase o no:
este huerto y sólo éste,
de esta pepita y sólo de ésta.

Un milagro sin frac ni sombrero de copa:
palomas blancas en desbandada.

Milagro, porque cómo llamarlo si no:
hoy el sol ha salido a las tres catorce
y se pondrá a las veinte cero uno.

Un milagro que no sorprende lo debido:
una mano tiene menos de seis dedos,
pero tiene más de cuatro.

Un milagro, y basta con abrir bien los ojos:
el mundo omnipresente.

Un milagro tan adicional como adicional es todo:
lo impensable
se puede pensar


De "Paisaje con grano de arena"
   

14.2.12

Wislawa Szymborska. Amor feliz

Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
...que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué?, de nada;
la luz llega desde ninguna parte.
¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba
de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mirad qué felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!

Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo.
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.

Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.
Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra,
no es, que digamos, muy frecuente.

Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.


De "Paisaje con grano de arena"
      

8.2.12

Wislawa Szymborska. El número Pi

El admirable número Pi
tres coma uno cuatro uno.
Las cifras que siguen son también preliminares
cinco nueve dos porque jamás acaba.
No puede abarcarlo seis cinco tres cinco la mirada,
ocho nueve ni el cálculo
siete nueve ni la imaginación,
ni siquiera tres dos tres ocho un chiste, es decir, una comparación
cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres de este mundo.
La serpiente más larga de la tierra suma equis metros y se acaba.
Y lo mismo las serpientes míticas aunque tardan más.
El séquito de digitos del número Pi
llega al final de la página y no se detiene,
sigue, recorre la mesa, el aire,
una pared, una hoja, un nido de pájaros, las nubes, hasta llegar
directo al cielo,
perderse en la insondable hinchazón del cielo.
¡Qué breve la cola de un cometa, cual la de un ratón!
¡Qué endeble el rayo de un astro si se curva en la insignificancia
del espacio!
Mientras aqui dos tres quince trescientos diecinueve
mi número de teléfono la talla de tu camisa
el año mil novecientos sesenta y tres sexto piso
el número de habitantes sesenta y cinco céntimos
dos pulgadas de cintura una charada y un mensaje cifrado
que dice vuela mi ruiseñor y canta
y también se ruega guardar silencio,
y se extinguirán cielo y tierra,
pero el número Pi no, jamás,
seguirá su camino con su nada despreciable cinco
con su en absoluto vulgar ocho
con su ni por asomo postrero siete,
empujando, ¡ay!, empujando a durar
a la perezosa eternidad.

De "Paisaje con grano de arena"

27.9.11

Wislawa Szymborska. Nada dos veces

Nada sucede dos veces
y es lo que determina
que nazcamos sin destreza
y muramos sin rutina.

No por ser el más obtuso
en la escuela de lo humano
puedes repetir el curso
de invierno o de verano.

Ningún día se repite,
ni dos noches son iguales
ni dos besos parecidos,
ni dos citas similares.

Hace poco por tu nombre
alguien te llamó de cerca,
pensé que caía una rosa
desde tu ventana abierta.

Hoy tu mirada rehuyo,
clavo la mía en la hiedra.
¿Rosa? ¿Qué es una rosa?
¿Es una flor? ¿Una piedra?

¿Por qué el instante presente
vértigo y pena procura?
Hoy siempre será mañana:
es y será su hermosura.

Entre sonrisas y abrazos
verás que la paz se fragua.
aunque seamos distintos
cual son dos gotas de agua.

De "Paisaje con grano de arena"
   

30.7.11

Wislawa Szymborska. El flechazo

Ambos están convencidos
de que el súbito amor les unió.
Tan firme seguridad es bella,
pero aún más bella es la inseguridad.

Creen que, si antes no se conocían,
nada pudo haber existido entre ellos.
¿Qué dirán las calles, las escaleras y los pasillos
donde quizá tantas veces se cruzaron?

Desearía preguntarles
si no lo recuerdan.
¿Acaso algún día cara a cara
en una puerta giratoria?,
¿Un "disculpe" entre la multitud?,
¿Un "se equivoca" al otro lado del teléfono?
Pero sé su respuesta.
No, no lo recuerdan.

Les sorprendería
que el azar llevara tiempo
jugando con ellos.

Aún no por completo listo
para convertirse en destino,
se les acercaba y se iba,
les atajaba el camino
y, ahogando una carcajada
de un brinco se apartaba.

Hubo signos, presagios,
qué importa si ilegibles.
Hace unos tres años,
o el pasado martes,
¿Una hojita voló
de un hombro otro?
Hubo algo perdido y después recuperado.
¿Quién sabe, no fue la pelota
en los arbustos de la infancia?

Hubo timbres y picaportes
donde, antes de llegar la hora,
la huella de una mano en otra se imprimió.
Dos maletas juntas en una consigna.
Quizá un mismo sueño, una misma noche,
diluido en brumas por la mañana al despertar.

Porque no hay comienzo
que continuación no sea,
y el libro del acontecer
está siempre abierto por la mitad.

De "Paisaje con grano de arena"
    

10.3.11

Wislawa Szymborska. Alabanza de los sueños

En sueños
pinto como Vermeer Van Delft.

Hablo griego con fluidez
y no sólo con los vivos.

Conduzco un coche
que me obedece.

Poseo talento
y escribo grandes poemas.

Oigo voces
no peor que los venerables santos.

Mis dotes pianísticas
os dejarían boquiabiertos.

Revoloteo como es debido,
es decir, por propio impulso.

Me precipito desde el tejado
y sé caer, suave, en el verdor.

No tengo problemas
para respirar bajo el agua.

No puedo quejarme:
he descubierto la Atlántida.

Por suerte sé despertar siempre
antes de morir.

En cuanto una guerra estalla
me vuelvo del otro lado.

Soy hija de mi época
pero no por obligación.

Hace un par de años
vi dos soles.

Y, anteayer, un pingüino.
con meridiana claridad.

De "Paisaje con grano de arena"

 

4.3.10

Wislawa Szymborska. La alegría de escribir

¿Hacia dónde corre por el bosque escrito el corzo escrito?
¿A saciar su sed a orillas del agua escrita
que le calcará el hocico cual hoja de papel carbón?
¿Por qué alza la cabeza? ¿Ha oído algo?
Sobre sus cuatro patas, prestadas por la realidad,
levanta la oreja bajo mis dedos.
Silencio —palabra que cruje en el papel
y separa las ramas que brotan de la palabra «bosque».

A punto de saltar sobre la página en blanco acechan
letras que acaso no congenien,
frases tan insistentes
que consumarán la invasión.

Una gota de tinta contiene una sólida reserva
de cazadores, apuntando con un ojo ya cerrado,
preparados para el descenso por la pluma empinada,
para cercar al corzo y llevarse el fusil a la cara.

Olvidan que esto, lo de aquí, no es la vida.
Aquí, negro sobre blanco, rigen otras leyes.
Un abrir y cerrar de ojos durará cuanto yo quiera,
se dejará fraccionar en eternidades minúsculas
llenas de balas detenidas en pleno vuelo.
Nada sucederá si yo no lo ordeno.
Contra mi voluntad no caerá la hoja,
ni una brizna se inclinará bajo la pezuña del punto final.

Existe, pues, un mundo
cuyo destino regento con absoluta soberanía?
Un tiempo que retengo con cadenas de signos?
Un vivir que no cesa si éste es mi deseo?

Alegría de escribir.
Poder de eternizar.
Venganza de una mano mortal.

De "paisaje con grano de arena"