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11.9.25

Herta Müller cita a Ruth Klüger

En Rumanía, mucha gente se aferraba a poemas. Pensaba a través de ellos para poder estar a solas consigo mismo durante unos instantes: versos breves en la cabeza, respiración breve en la boca, gestos breves en el cuerpo. Los poemas casan bien con la inseguridad, uno logra controlarse a través de sus palabras. Son un pedacito de ancla que puede llevarse en la cabeza. Se pueden recitar enteros, palabra por palabra y sin hacer ruido.
Ruth Klüger habla de "lenguaje sometido a la disciplina del verso" en un tiempo que no ofrece donde agarrarse. Recitando poemas para sus adentros, lograba mantenerse firme durante las largas horas en que los soldados pasaban lista a los prisioneros de Auschwitz. Theodor Kramer se escribía a sí mismo al menos un poema diario.


De "En la trampa"
    

7.7.25

Herta Müller. En la trampa

Los he visto: hombres
   
Sin Dios. A su suerte
y en silencio.
Yo ya no existiré.
Será mucho
si se acuerdan.
Aunque no será literatura...

Es un poema de Inge Müller del libro Wenn ich schon sterben muss ("Si tengo que morir..."). Teniendo este poema, no hace falta que me extienda para explicar lo que busco en los autores y los textos de los que quiero hablar.
Estos textos no ocultan la imposibilidad de separarlos de la vida de sus autores. Reflejan que esta vida es la única condición para su propia existencia, convierten en texto lo vivido en carne propia a través de la intensidad. El texto literario no transcurre paralelo a la realidad histórica que muestra.


Principio de "En la trampa"
     

13.10.24

Herta Müller. Mi patria era una semilla de manzana

"El paisaje de la infancia", dice en uno de sus ensayos, "deja huella en tu forma de mirar el paisaje durante todos los años posteriores. El paisaje de la infancia socializa sin obedecer a indicaciones. Cala en nuestro interior sin que nos demos cuenta". En su infancia, los campos de maíz rodeaban el mundo entero.

Aquellos inmensos campos de máiz socialistas... Cuando te veías en medio del campo entre las cañas todas apretadas, el campo era un bosque. Te sobrepasaba la cabeza y no se veía lo que había más allá. Al mismo tiempo, las cañas no tenían copa, el sol te daba de pleno en la cabeza el día entero, el verano entero. Y luego, al final del otoño, quedaban todos aquellos campos olvidados. Allí esmirriados y devastados, nadie los cosechaba. Se veían de lejos. Llegaba la nieve y las cañas atravesaban los campos. Y así, vistas desde lejos y desde fuera, eran como rebaños hambrientos atravesando el mundo entero en vertical. Sí, en vertical.


Principio de "Mi patria era una semilla de manzana"
   

15.1.20

Herta Müller. Llevas un pañuelo?

"Llevas un pañuelo?", me preguntaba mi madre todas las mañanas en la puerta de casa, antes de salir a la calle. Yo no llevaba. Y, como no llevaba, tenía que volver a mi cuarto a coger un pañuelo. No lo llevaba ningún día, porque cada mañana esperaba la pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre, por la mañana, me cuidaba. En las horas que seguían y para el resto de cosas del día ya tenía que arreglármelas sola. La pregunta "Llevas un pañuelo?" era una muestra indirecta de cariño. Una muestra directa habría resultado embarazosa -eso no era cosa de campesinos-. El amor se disfrazaba de pregunta. Solo así se podía expresar en tono seco, como una orden, como cualquier instrucción sobre el trabajo. En tono hosco, incluso subrayaba la ternura. Todas las mañanas me encontraba delante de la puerta: una vez sin pañuelo y la segunda con pañuelo. Y entonces ya sí salía a la calle, como si llevando el pañuelo también se viniera mi madre conmigo.


De "Cada palabra sabe del círculo vicioso"
en el libro "Siempre la misma nieve y siempre el mismo tío"
    

17.8.19

Herta Müller. Lo que escribo me lo tengo que comer...

Lo que escribo me lo tengo que comer; lo que no escribo... me devora. Por el hecho de comérmelo no desaparece. Y por el hecho de que me devore no desaparezco yo. Siempre pasa lo mismo cuando, al escribir, las palabras se convierten en algo distinto para poder ser precisas, cuando los objetos se independizan y las metáforas ladronas, se adueñan de lo que no les pertenece. Es al escribir cuando las palabras se convierten en algo distinto para poder ser precisas, cuando tal vez se hace patente que siempre son la misma nieve y el mismo tío.
     
   
De "Siempre la misma nieve y siempre el mismo tío"
en el libro "Siempre la misma nieve y siempre el mismo tío"
    

14.6.19

Herta Müller. Lo abominable...

Los poemas de Kramer ponen de manifiesto que lo abominable no empieza con el exterminio de los judíos en los campos de concentración, sino mucho antes, con esa privación de las cosas más normales de la vida, en las casas, los cafés, las tiendas, los tranvías o los parques, perpetrada por la inmensa mayoría que se dejó llevar por el nazismo. Y que, durante toda aquella época, no solo hacían política los nazis declarados, sino todos aquellos que se plegaron a sus mandatos haciendo como si no supieran lo que estaba pasando. Que hicieron política más personas que nunca y que en ninguna otra parte, pues para el perseguido se convirtieron irremediablemente en política viva el panadero, el lechero, el cartero, el vecino o el que pasaba por la calle, en la medida en que todos le hicieron pasar miedo. Todos los que no se apartaron de aquella política fueron parte de ella.


De "Duerme todo salvo el miedo. 
Sobre los poemas de Theodor Kramer"
en el libro "Siempre la misma nieve y siempre el mismo tío"
    

17.8.18

Herta Müller. Todas las tardes llamo a su puerta mi vestido...

Todas las tardes llamo a su puerta mi vestido
puedo dejármelo puesto así no puede tocarme
donde yo no quiero él se pone desnudo
y me mira como cal y alquitrán cuando
por medio de la entrada de piel saca el trineo de perros
una vez dijo en mi cine en la cabeza suena de todas formas
otra película pero con un pasaporte no puedo
hacer nada dentro y huir pertenece como cantar
o rezar a las cosas de práctica yo besé
mi cuello con su cuello y dije bueno bien
a mí ya me recoserá el aire
al andar




De "Los pálidos señores con las tazas de moca"

17.8.17

Herta Müller. Y nada acaba...

Y nada acaba
en el alfabeto de la angustia
tan cabezacaninamente pesado
y a la vez lagartijamente delicado
como el presente




De "Los pálidos señores con las tazas de moca"

4.12.15

Herta Müller. Estaba yo así en el borde del verano vino un...

Estaba yo así en el borde del verano vino un
hombre arreglado llevaba zapatos color blanco tiza
pantalones azul oscuro pregunto puedo viajar
con usted y mi maleta era a cuadros silbido
el hombre un canto de gaviotas Ay cuán
verdes eran los álamos no tengo asidero alguno
sobre el agua y de dónde un barco
dice él estira su pantalón azul
y yo digo eso da igual lo importante
es que usted sea marinero




De "Los pálidos señores con las tazas de moca"

17.8.15

Herta Müller. Aquella primera noche...

Aquella primera noche nos amamos hasta que la carne de nuestros cuerpos se sintió más vieja y más joven que nosotros, y la respiración se calmó o se agitó hasta desgarrarse.


De "Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma"

16.3.15

Herta Müller. Mi corazón latía de un lado a otro...

Mi corazón latía de un lado a otro, atado a unos hilos finísimos. Quería permanecer con la cabeza depejada, pero la felicidad no me daba tiempo.


De "Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma"

10.2.15

Herta Müller. El hombre es un gran faisán en el mundo

En torno al monumento a los caídos han crecido rosas. Forman un matorral tan espeso que asfixian la hierba. Son flores blancas y menudas, enrolladas como papel. Y crujen. Está amaneciendo. Pronto será de día.


Principio de "El hombre es un gran faisán en el mundo"

27.6.14

Herta Müller. Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma


Estoy citada. El jueves a las diez en punto.
Cada vez me citan más a menudo. El martes a las diez en punto. El sábado a las diez en punto. Miércoles o lunes. Como si los años fueran una semana. 
Ya me sorprende que, despues del verano tardío, pronto sea otra vez invierno.


Principio de "Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma"

14.9.13

Herta Müller. Jugamos a marido y mujer...

   Jugamos a marido y mujer. Y yo me meto los dos ovillos de lana verde bajo la blusa, y Wendel se pega su bigote de lana de oveja verde.
   Jugamos. Yo le riño porque está borracho, porque no trae dinero a casa, porque la vaca no tiene pienso, y le digo que es un gandul y un cerdo y un vagabundo y un borracho y un inútil y un granuja y un putañero y un cabrón. Así es el juego. Me divierte y es fácil de jugar. Wendel se queda sentado en silencio.

De "En tierras bajas"

17.8.13

Herta Müller. El río y las piedras de la orilla...

El río y las piedras de la orilla. El lugar donde terminaba el sendero. Ahí tenías que dar media vuelta si querías regresar a la ciudad. Por lo general, todos daban media vuelta allí, pues no querían sentir las piedras puntiagudas a través de la suela de los zapatos.
De vez en cuando, alguien no daba la vuelta porque quería sumergirse en el agua. La razón, según decían la gente, no era el río, porque el río era igual para todos. La razón, según decía la gente, era la persona que no quería dar media vuelta. Y esa persona era una excepción.
Como no quería dar media vuelta, me adentre en el mar de piedras puntiagudas. Era un objetivo. No un objetivo que llega con los bolsillos vacíos. Me llené los bolsillos con dos pedruscos. Mi objetivo estaba invertido.
De "La bestia del corazón"

22.6.13

Herta Müller. Debería haber gritado todos los juramentos que no domino...

Debería haber gritado todos los juramentos que no domino,
A quien ama y abandona
que Dios lo castigue
que Dios lo castigue
con el paso del escarabajo
con el susurro del viento
con el polvo de la tierra.
Los juramentos gritan, pero en qué oído.

De "La bestia del corazón"

29.5.13

Herta Müller. La bestia del corazón...

Cuando callamos, nos tornamos desagradables, dijo Edgar. Cuando hablamos, nos tornamos ridículos.
Llevabamos demasiado rato en el suelo, delante de las fotos. Se me habían dormido las piernas de estar sentada.
Con las palabras en la boca aplastamos tantas cosas como con los pies sobre la hierba. Pero también con el silencio.
Principio de "La bestia del corazón"
  

17.8.12

Herta Müller. En el fondo de la maleta...

En el fondo de la maleta coloqué cuatro libros: Fausto, encuadernado en tela, Zaratustra, el delgado Weinheber y la antología poética de ocho siglos.

Fragmento de "Todo lo que tengo lo llevo conmigo"

14.12.11

Herta Müller. En el pasillo de madera...

En el pasillo de madera, justo al lado del contador del gas, la abuela dijo: sé que volverás.
No retuve esa frase en la memoria deliberadamente. Me la llevé al campo de trabajo sin darme cuenta.


Fragmento de "Todo lo que tengo lo llevo conmigo"

14.11.11

Herta Müller. A veces creo...

   "A veces creo que morí hace cien años y las plantas de mis pies son transparentes. Cuando escudriño mi mente a través de la luminosa rendija de la puerta, en el fondo sólo me interesa esa terca y tímida esperanza de que alguien piense en mí en algún momento y en algún lugar. Aunque no pueda saber dónde estoy en ese momento."


Fragmento de "Todo lo que tengo lo llevo conmigo"