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19.7.25

Rosario Castellanos. Elegías del amado fantasma

Primera elegía

I

Inclinada en tu orilla, siento cómo te alejas.
Trémula como un sauce contemplo tu corriente
formada de cristales transparentes y fríos.
Huyen contigo todas las nítidas imágenes,
el hondo y alto cielo,
los astros imantados, la vehemencia 
ingrávida del canto.
   
Con un afán inútil mis ramas se despliegan,
se tienden como brazos en el aire
y quieren prolongarse en bandadas de pájaros
para seguirte adonde va tu cauce.
   
Eres lo que se mueve, el ansia que camina,
la luz desenvolviéndose, la voz que se desata.
Yo soy sólo la asfixia quieta de las raíces
hundidas en la tierra tenebrosa y compacta.
   

II

Allá está el mar que no reposa nunca.
   
Allá el barco y la vela infatigable,
los breves edificios de la espuma,
las olas retumbando y persiguiéndose.
Allá, en los arrecifes, las sirenas
con el cabello y la canción flotantes
en lúcidos pendones musicales.
   

III

Yo quedaré dormida como el árbol
al que no abrazan hiedras de amorosa frescura,
ni coronan los nidos
ni rasgan su corteza verdes retoños tiernos.
Y estaré ciega, ciega para siempre
frente al asombro de mi espejo roto.
   
Si alguna vez me inclino como ahora
con un ademán trémulo de sauce
habrá de ser para asomarse en vano
al opaco arenal que abandonaste.


En "Mujer de buenas intenciones"
    

21.6.23

Rosario Castellanos. Lección de cocina

La cocina resplandece de blancura. Es una lástima tener que mancillarla con el uso. Habría que sentarse a contemplarla, a describirla, a cerrar los ojos, a evocarla. 


De "Lección de cocina"
En "Álbum de familia"
    

7.9.20

Rosario Castellanos cita a Isak Dinesen

"De donde ha sacado usted la peregrina idea, señor cardenal -preguntó miss Malin a su interlocutor, Hamilcar von Schestedt, mientras ambos afrontan, en el precario refugio de un granero, la catástrofe de The Deluge at Norderney-, la peregrina idea de que Dios quiere la verdad sobre nosotros? Para qué habría de quererla si ya la conoce y aun ha de parecerle ligeramente aburrida? La verdad es para los sastres y para los zapateros." Lo que agrada a la divinidad son las máscaras, el disfraz, las sorpresas que deparan las apariencias con sus metamorfosis incesantes. Sorpresas que no advertimos demasiado absortos respondiendo a los apremios de lo inmediato, entorpecidos por la rutina de lo cotidiano. La revelación que nos asombra no se produce más que por medio de la poesía, más que por el uso de la imaginación que "no debe temer el absurdo ni retroceder ante lo fantástico y que, puesta a elegir entre las alternativas de un dilema, ha de inclinarse hacia la solución más difícil por inaudita".
He aquí el credo artístico de la baronesa Karen Blixen quien, aunque de origen danés, escribió en la lengua de Shakespeare "por lealtad al idioma de su amante difunto" y que para ocultar su identidad (esa trampa en la que caemos al nacer, esa cárcel en la que nos dejamos encerrar, esa esclavitud contra la que no atinamos a sublevarnos) se escudó tras un seudónimo en el que se mezcla una figura bíblica con uno de sus apellidos de soltera: Isak Dinesen.
El nombre es masculino, y si esto es una pista, es una pista falsa, porque lo que se nos está proponiendo descifrar es el significado etimológico de la palabra. Isak es "el que ríe". 


De ""Por sus máscaras los conoceréis..." Karen Blixen - Isak Dinesen"
    En el libro "Mujer que sabe latín..."
   

28.4.20

Rosario Castellanos. Ay, si se pudiera morir

Ahora tirita de frío y el alivio momentáneo que le produjo la escritura ha desaparecido. Ay, si se pudiera morir. Pero no alguna vez, más tarde, sino en este instante preciso. No le importa la manera y es incapaz de imaginar los detalles. Tiene miedo, además, del dolor y del minuto supremo en que el cuerpo perece. No, morir sin trámites, sin repugnantes dilaciones, con la facilidad con que las cosas suceden en los sueños.


De "Oficio de tinieblas"
    

30.3.20

Rosario Castellanos. Falsa elegía

Compartimos sólo un desastre lento.
Me veo morir en ti, e  otro, en todo
y todavía bostezo o me distraigo
como ante el espectáculo aburrido.
   
Se destejen los días,
las noches se consumen antes de darnos cuenta;
así nos acabamos.
   
Nada es. Nada está 
entre el alzarse y el caer del párpado.
   
Pero si alguno va a nacer (su anuncio,
la posibilidad de su inminencia
y su peso de sílaba en el aire),
trastorna lo existente,
puede más que lo real
y desaloja el cuerpo de los vivos.


(De Al pie de la letra, 1959)


En la antología "Poesía soy yo.
Poetas en español del siglo XX (1886-1960)"
    

12.1.20

Rosario Castellanos sobre Agatha Christie

Agatha Christie supo adivinar, bajo la placidez de las pequeñas aldeas inglesas, las ambiciones ocultas, los rencores soterrados, los esqueletos escondidos en los armarios de esas residencias campestres que son la respetabilidad petrificada, la solidez desafiando el embate de los siglos.
Agatha Christie no se dejó engañar por las apariencias de la modesta ama de casa que usaba ese disfraz para proteger a la experta envenenadora, ni de la solterona, a la que se le agotaba la paciencia aguardando el legado del pariente rico; ni del pukka sahib que usurpaba el título y la fortuna de su víctima desaparecida en las vastas regiones de la India. 


De "Bellas damas sin piedad"
en el libro "Mujer que sabe latín"
    

1.10.19

Rosario Castellanos. La mujer y su imagen

A lo largo de la historia (la historia es el archivo de los hechos cumplidos por el hombre, y todo lo que queda fuera de él pertenece al reino de la conjetura, de la fábula, de la leyenda, de la mentira) la mujer ha sido, más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito.
Simone de Beauvoir afirma que el mito implica siempre un sujeto que proyecta sus esperanzas y sus temores hacia el cielo de lo trascendente. En el caso que nos ocupa, el hombre convierte a lo femenino en un receptáculo de estados de ánimo contradictorios y lo coloca en un más allá en el que se nos muestra una figura, si bien variable en sus formas, monótona en su significado. Y el proceso mitificador, que es acumulativo, alcanza a cubrir sus invenciones de una densidad tan opaca, las aloja en niveles tan profundos de la conciencia y en estratos tan remotos del pasado, que impide la contemplación libre y directa del objeto, el conocimiento claro del ser al que ha sustituido y usurpado.
El creador y espectador del mito ya no ven en la mujer a alguien de carne y hueso, con ciertas características biológicas, fisiológicas y psicológicas, menos aún perciben en ella las cualidades de una persona que se les semeja en dignidad aunque se diferencia en conducta, sino que advierten sólo la encarnación de algún principio generalmente maléfico, fundamentalmente antagónico.


De "La mujer y su imagen"

7.8.19

Rosario Castellanos. Elegía

Nunca, como a tu lado, fui de piedra.
 
Y yo que me soñaba nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
alrededor del cuello del ahogado.


De "En la tierra de en medio"
     

22.11.18

Rosario Castellanos. Al pie de la letra

Desde hace años, lectura,
tu lento arado se hunde en mis entrañas,
remueve la escondida fertilidad, penetra
hasta donde lo oscuro -esto es lo oscuro: roca-
rechaza los metales con un chispazo lívido.

Plantel de la palabra me volviste.
No sabe la semilla de qué mano ha caído.
Allá donde se pudre
nada recuerda y no presiente nada.

La humedad germinal se escribe, sin embargo,
en la celeste página de las constelaciones.
Pero el que nace ignora, pues nacer es difícil
y no es ciencia, es dolor, la vida a los vivientes.

Lo que soñó la tierra
es visible en el árbol.
La armazón bien trabada del tronco, la hermosura
sostenida en la rama
y el rumor del espíritu en libertad: la hoja.

He aquí la obra, el libro.

Duerma mi día último a su sombra.


En una antología poética
    

25.5.18

Rosario Castellanos. Yo sé, en algún lugar...

Yo sé, en algún lugar,
lo mismo
que en el desierto el cactus,
un constelado corazón de espinas
está aguardando un hombre como el cactus de la lluvia.

Pero yo no conozco más que ciertas palabras
en el idioma o lápida
bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado.



De "El rescate del mundo"

25.5.17

Rosario Castellanos. Apelación al solitario

Es necesario, a veces, encontrar compañía.

Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire de robo.

Cómo podrías estar sólo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan,
hasta el amanecer?


En "Poesía no eres tú"
    

7.8.16

Rosario Castellanos. IV

Aquí me quedaré llorando como el fruto
derribado a pedradas
de la copa del árbol y su sustento.

Ya nunca podré amar ni aun en el sueño
porque una voz insobornable grita
y su grito vacía mis entrañas:
"El amor es también polvo y ceniza!"


De "Trayectoria del polvo"

21.6.16

Rosario Castellanos. Corrido

I

Voy a ponerme a cantar
el muy famoso corrido
de un asunto que se llama
el eterno femenino,
y del que escriben los sabios
en libros y pergaminos.

La Biblia dice que Dios
cometió un gran desatino
cuando al hombre lo formó
con lodo medio podrido
y sin ninguna experiencia
le salió como ha salido.

Un día que estaba durmiendo
en los prados del Edén,
Dios le quitó una costilla
para hacer a la mujer;
como ya le sabía el modo
resultó a todo meter.

Adán y Eva, desnudos,
iban de aquí para allá,
dándole nombre a las cosas,
que era misión principal:
"ésta se llama jirafa
aquél se llama alacrán".

Mientras Adán bautizaba
la pobre Eva de aburría
y fue a apoyarse en un árbol
donde una serpiente había,
que le dijo: -gustas una?
y le dio manzana fina.

"Si la comes, averiguas
lo que va del bien al mal,
lo que debes preferir,
lo que debes rechazar,
y la tomada de pelo
que te están queriendo dar."

Ni tarda ni perezosa
Eva la fruta mordió,
y al momento en su cabeza
un foquito se prendió:
y bajo esta nueva luz
el Paraíso contempló.

Con un poco de trabajo
esto podría mejorar:
construirnos una casita,
la comida cocinar,
y quitar ese letrero
que nos prohíbe probar.

Pero Adán era muy flojo
y no la quiso ayudar;
porque además tenía miedo
del castigo de Jehová
que lo tenía amenazado
con alzamiento legal.

Adán no entiende argumentos,
no hay que discutir con él.
No nació para mandar,
nació para obedecer.
No comerá la manzana
si no le hago un pastel.

Te voy a dar la receta,
dijo Eva a la serpiente,
y también otros secretos
para seducir imbéciles
y para ganar amigos
e influir sobre la gente.

Por fin, como ustedes saben,
ocurrió lo que ocurrió,
y un arcángel con espada
del Paraíso arrojó
a Eva y Adán, desnudos,
como maldición de Dios.

Y desde entonces, señores,
no hubo más que trabajar,
poblar de hombres el mundo
y si se acaba, empezar
llevando muy bien la cuenta
de lo que se hizo y se hará.

Adán marchaba llorando
y mirando para atrás
un paraíso perdido
que no va a recuperar,
y Eva pensando en la historia
que acababa de empezar.

Señores, pido perdón
y con ésta me despido.
La serpiente va enredada
en los versos del corrido
en que se cuenta la hazaña
del eterno femenino.




En "El eterno femenino"
    

25.5.16

Rosario Castellanos. La anunciación

III

Para que tú lo habites quisiera separarte
un mundo esclarecido de céfiros, laureles,
fosforescentes, algas, litorales sin término,
grutas de fino musgo y cielos de palomas. 



De "La vigilia estéril"

18.1.16

Rosario Castellanos. Elegías del amado fantasma

Segunda elegía

II

No es en el costado la herida, ni en las sienes.
Las manos palparían sin hallarla
y el que escuche las quejas atiende señas falsas
y confía en palabras inexactas.
No es siquiera una herida. Es el cimiento
roído de gusanos, la escalera
incompleta y las aguas estancadas.


De "La vigilia estéril"

12.10.15

Rosario Castellanos. Me quiero despedir de tanta pena...

"Me quiero despedir de tanta pena"
igual que tú, Miguel, pero soy mexicana
y en mi país tenemos ritos, costumbres, métodos.

Si la pena me dice que se va, me desvivo
por ser hospitalaria.
Se le ofrece un café? Una copita?
Que se quede otro rato.
Aún no es tarde y a fuera hace mal tiempo
y hay tanto de qué hablar todavía. Hablaremos.

Alguna vez se va a poner de pie,
a pesar de mis súplicas,
y llegaremos juntas a la puerta
y la abriremos y, a los cuatro vientos,
como aquí suele hacerse, seguiremos charlando.

Y temo que mi adiós -si es que hay adiós-
se confunda con una bienvenida:
lo que preparo ya para la muerte.


De "Diálogos con los hombres más honrados"

13.9.15

Rosario Castellanos. Canción

Yo conocí una paloma
con las dos alas cortadas:
andaba torpe, sin cielo,
en la tierra, desterrada.

La tenía en mi regazo
y no supe darle nada.
Ni amor, ni piedad, ni el nudo
que pudiera estrangularla.


De "Materia memorable"

7.8.15

Rosario Castellanos. Silencio cerca de una piedra antigua

Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras
como con una cesta de fruta verde, intactas.

Los fragmentos
de mil dioses antiguos derribados
se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo
recomponer su estatua.
De las vidas destruidas
quiere subir hasta mi boca un canto,
un olor de resinas quemadas, algún gesto
de misteriosa roca trabajada.
Pero soy el olvido, la traición,
el caracol que no guardó el mar
ni el eco de la más pequeña ola.
Y no miro los templos sumergidos;
sólo miro los árboles que encima de las ruinas.
mueven su basta sombra, muerden con dientes ácidos
y el viento cuando pasa.
Y los signos se cierran bajo mis ojos como
la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.
Pero yo sé: detrás
de mi cuerpo otro cuerpo se agazapa,
y alrededor de mí muchas respiraciones
cruzan furtivamente
como los animales nocturnos en la selva.


17.5.15

Rosario Castellanos. La promesa

Te lo voy a decir todo cuando muramos.
Te lo voy a contar, palabra por palabra,
al oído, llorando.
No será mi destino el del viento que llega
solo y desmemoriado.


De "Materia memorable"

1.3.15

Rosario Castellanos. Al pie de la letra

Desde hace años, lectura,
tu lento arado se hunde en mis entrañas,
remueve la escondida fertilidad, penetra
hasta donde lo oscuro -esto es lo oscuro: roca-
rechaza los metales con un chispazo lívido.

Plantel de la palabra me volviste.
No sabe la semilla de qué mano ha caído.
Allá donde se pudre
nada recuerda y no presiente nada.

La humedad germinal se escribe, sin embargo,
en la celeste página de las constelaciones.
Pero el que nace ignora, pues nacer es difícil
y no es ciencia, es dolor, la vida a los vivientes.

Lo que soñó la tierra
es visible en el árbol.
La armazón bien trabada del tronco, la hermosura
sostenida en la rama
y el rumor del espíritu en libertad: la hoja.

He aquí la obra, el libro.

Duerma mi día último a su sombra.


De "Al pie de la letra"