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6.7.26

Sandra Petrignani. La escritora vive aquí

El dibujo en el tapiz


Cuenta Karen Blixen en Lejos de África que cuando era niña le contaban un cuento mientras trazaban un dibujo que, poco a poco, iba configurándose ante su mirada a medida que se desarrollaba la historia. Una noche, un hombre, decía la historia, se despertó por un ruido tremendo. Salió a ver qué había pasado, pero, como estaba oscuro, le ocurrió de todo. Se cayó en un estanque, tropezó, se equivocó de camino, se cayó tres veces en un foso y regresó. Al final, siguiendo todos sus pasos, la pluma había trazado sobre el papel el dibujo de una cigüeña. Y era una cigüeña que el hombre, a la mañana siguiente, divisó en cuanto se asomó a la ventana.
Así es el destino de las personas: un ir y venir cansino e insensato hasta que, al final, desvelará la imagen global, la imagen coherente de todo lo que ha sido.


Principio de "La escritora vive aquí"
    

30.3.26

Sandra Petrignani cita a Marguerite Yourcenar...

Salgo de la piscina, me meto en la ducha, me seco un poco, pero no me tumbo al sol. Me quedo a la sombra porque tengo ganas de seguir leyendo un libro, que ha vuelto a caer en mis manos por casualidad después de mucho tiempo, Peregrina y extranjera de Marguerite Yourcenar. Lo leí por primera vez hace veinticinco años, cuando preparaba un viaje a Estados Unidos, a la isla de Mount Desert, en Maine, para visitar la casa museo de la escritora nacida en Bruselas y cuya vida transcurrió en Francia y en América. He dicho «por casualidad» y haría falta preguntarse qué es la casualidad en este caso. Por qué tuve que abrir Peregrina y extranjera precisamente hoy, una especie de diario lleno de sabiduría? Y leer enseguida gracias a las antiguas marcas que había hecho -una doblez, un subrayado a lápiz, un apunte en el margen- el pasaje que transcribo:
Aceptar que tal o cual ser, a quien amábamos, haya muerto. Aceptar que este o aquel ser no sea más que un muerto entre millones de muertos. Aceptar que este o aquel, vivos, hayan tenido sus debilidades, sus bajezas, sus errores, que nosotros tratamos en vano de encubrir con piadosas mentiras, un poco por respeto y por compasión hacia ellos, mucho por compasión hacia nosotros mismos, y por la vanagloria de haber amado solamente la perfección, la inteligencia o la belleza. Aceptar su independencia de muertos, no encadenarlos, pobres sombras, a nuestro carro de vivos. Aceptar que hayan muerto antes de tiempo porque no existe el tiempo. Aceptar nuestro olvido, puesto que el olvido forma parte del orden de las cosas. Aceptar nuestro recuerdo, puesto que, en secreto, la memoria se esconde en el fondo del olvido. Aceptar incluso -aunque prometiéndonos que lo haremos mejor la próxima vez y en el próximo encuentro- el haberlos amado torpe y pobremente.


De "Autobiografía de mis perros"
    

6.2.26

Sandra Petrignani. Autobiografía de mis perros

ADVERTENCIA AL LECTOR


En este libro todo es verdad y todo es falso. Realidad e imaginación se entrelazan de modo inextricable. Como en los sueños resulta difícil ahora deshacer la madeja, sobre todo para mí, que soy quien lo soñó/escribió. No se debe tratar, pues, de dar un nombre auténtico a los personajes. Incluso el nombre de mis perros, que vivieron realmente, todos ellos, y tal y como los describo, lo he modificado en algunos casos. La razón es que sobre la página los nombres inventados, a veces, resultan más auténticos. Y porque cuanto más profundizamos en nosotros mismos, más descubrimos que no somos nosotros mismos.


Principio de "Autobiografía de mis perros"
   

6.2.06

Sandra Petrignani

Sandra Petrignani (Plasencia, Italia, 9 de julio de 1952) es una escritora italiana.


Obras citadas en este blog: