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24.3.19

Olive Schreiner. La mujer del sacerdote budista

-Sí, algunas veces la mujer siente un curioso deseo de tener un hijo, especialmente cuando se acerca a los treinta o los sobrepasa. Es distinto al amor a una persona en concreto. Pero es algo que hay que superar. Para una mujer, el matrimonio es mucho más serio que para un hombre. Puede pasarse la vida sin encontrar al hombre al que sea capaz de querer y, si lo encuentra, quizá no sea conveniente o posible.


De "La mujer del sacerdote budista"
De "Cuando se abrió la puerta"

14.10.14

Katherine Mansfield. La Dama Progresista

-No se puede dejar de corregir la ignorancia -dije a la Dama Progresista.


De "La Dama Progresista"
En la antología "Cuando se abrió la puerta"

13.10.14

Virginia Woolf. Phylis y Rosamond

En estos tiempos tan extraños, ahora que empezamos a necesitar retratos de la gente, de su mentalidad e indumentaria, podría ser útil un boceto fiel, dibujado sin maestría pero con veracidad.



Principio de "Phylis y Rosamond"
En "Cuando se abrió la puerta"

7.10.14

George Fleming. Por accidente


Estamos todos en un desierto. Nadie entiende a nadie*.


Fue uno de esos accidentes callejeros, corrientes y descarnados, que hacen saltar por los aires toda la corrección y el buen gusto de una vida delicada. 


Principio de "Por accidente"
En la antología "Cuando se abrió la puerta"

*de las cartas de Flaubert

6.10.14

Sarah Grand. Cuando se abrió la puerta

Qué curiosos cuadros de la vida alcanzamos a veces a vislumbrar de improviso, escenas que destacan como un resplandor fugaz en la tupida masa de movimiento, en la aglomeración de detalles, en la inextricable confusión de asuntos humanos que se le ofrecen al observador en la gran ciudad. 

Principio de "Cuando se abrió la puerta"
En la antología "Cuando se abrió la puerta"

5.10.14

Willa Cather. Tommy, una persona nada sentimental

Huelga decir que Tommy no era un chico, aunque sus ojos grises y penetrantes y su frente despejada fueran poco femeninos, y tuviese la figura largirucha de un muchacho en pleno crecimiento. En realidad se llamaba Theodosia pero, como durante las frecuentes ausencias de Thomas Shirley ella se ocupaba del banco y de la correspondencia firmando como «T. Shirley», todo el mundo en Southdown la llamaba «Tommy».




Principio de "Tommy, una persona nada sentimental"
En la antología "Cuando se abrió la puerta"

30.9.14

Laurence Alma-Tadema. A las puertas del paraíso

Y, en medio de la oscuridad, apareció ante nosotros otra visión. Anochecía; la estancia era grande y se hallaba poco iluminada; el alto techo y los lejanos rincones se perdían en la penumbra. Junto a la mesa donde ardía una lámpara, había un hombre de pelo blanco en una silla de respaldo elevado; vestía con elegancia, tal vez fuera un miembro del Consejo de los Diez; su barbilla descansaba en su pecho, pues estaba dormido; y su mano blanca de largos dedos, ajena al trabajo duro, yacía lánguidamente entre las páginas de un libro abierto sobre las rodillas.


De "A las puertas del paraíso"
En la antología "CUando se abrió la puerta"

23.9.14

George Egerton. Tierra virgen


El novio espera en el vestíbulo; con un poco de impaciencia repasa el dibujo del linóleo valiéndose de la punta del paraguas. Se contiene y ríe, dejando ver la dentadura fuerte y blanca a un comentario de su padrino de boda; a continuación compara la hora de su reloj de bolsillo con la que marca el reloj de la escalera. Es de tez rojiza y ojos brillantes, labios carnosos, con tendencia a la corpulencia, pero en forma; el pelo es crespo, rizado, algo canoso; las orejas peculiares, de puntas aguzadas, como las de un fauno. Se le ve muy grande y bien vestido y, cuando sonríe, no poco afable.
En el piso de arriba una muchacha, los soles de diecisiete veranos en la cabeza castaña, está tumbada con el rostro escondido el hombro de su madre; llora con ruidosos sollozos infantiles; no le preocupa que se le enrojezcan los ojos, ni las lágrimas que le han salpicado la seda gris del vestido con el que emprenderá la luna de miel.


Principio de "Tierra virgen"
En "Cuando se abrió la puerta"

22.9.14

Ella D'Arcy. Irremediable


Un joven paseaba por un camino campestre una tarde de agosto después de un día largo y delicioso, uno de esos días de bendita ociosidad que el hombre desocupado no conoce jamás: uno tiene que ser empeñado de un banco cuarenta y nueve de las cincuenta y dos semanas del año para poder apreciar de veras el placer exquisito de no hacer nada durante doce horas seguidas. Willoughby había pasado la mañana holgazaneando en las proximidades de un granero soleado


Principio de "Irremediable"
En "Cuando se abrió la puerta"

21.9.14

Vernon Lee. Lady Tal

La iglesia se Santa Maria della Salute, con sus cúpulas y volutas, parecía mirar fijamente los ventanales altos, blancos, luminosos, espectrales. Una alfombra blanca de rayos de luna se extendía hasta donde estaban sentados, bajo la luz de una sola lámpara por temor a los mosquitos. 


Principio de "Lady Tal"
En "Cuando se abrió la puerta"

16.9.14

Edith Wharton. La tragedia de una musa

A Danyers le gustaría luego imaginar que había reconocido en seguida a la señora Anerton; aunque, por supuesto, era algo absurdo, pues jamás había visto un retrato de ella -guardaba el más estricto anonimato, y negaba su fotografía incluso a sus más allegados-, y a la señora Memorall, a quien veneraba y cuya amistad cultivaba, sólo había logrado sonsacarle una frase impresionista: "Bueno, ella es como uno de esos viejos grabados en los que las líneas sustituyen al color".


Principio de "La tragedia de una musa"
De "Cuando se abrió la puerta"

15.9.14

Charlotte Mew. Elinor

"El ser humano se forja su destino -decían las letras que escribió-. Ningún dios vigila su obra. Sólo él acepta su esclavitud o libera su espíritu. Su único enemigo es la debilidad y su peor fracaso, el miedo. Atan el alma humana curiosas cadenas: son de muchos tipos, delicadamente fraguadas, y a veces invisibles, hasta que hacen daño: la más cruel, el orgullo; la más sutil, el sufrimiento; y la más temible, la que acaricia mientras estrangula, la que los hombres llaman amor.


De "Elinor"
De "Cuando se abrió la puerta"

14.9.14

Constance Fenimore Woolson. La calle del Jacinto

Era una calle de Roma: estrecha, sinuosa y no excesivamente limpia. Dos vehículos que se encontraran de frente sólo habrían podido pasar rozándose a cada lado con las puertas y ventanas, tras los habituales chasquido de látigo y gritos vehementes que los dos o tres primeros días permitían al recién llegado hacerse la ilusión de que circulaba a peligrosa velocidad por la ciudad santa. Pero no era frecuente que se cruzaran dos vehículos en la calle del Jacinto. 


Principio de "La calle del Jacinto" 
En "Cuando se abrió la puerta"