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20.10.20

Sharon Olds. Dicha infinita

Cuando por primera vez vi a la nieve cubrir el aire
con la delicada huella de sus cascos, me dije
que nunca
viviría donde no nevase, y cuando
el primer hombre se abrió camino dentro de mí,
rasgando el pasadizo,
y llegó hasta el pequeño cuarto, y descorrió la
cortina para que yo entrara, supe que nunca
más podría
vivir lejos de ellos,
de la extraña raza de grandes
cascos ensangrentados. Hoy nos tendimos
en nuestra
pequeña alcoba, de oro oscuro
erizada de nieve, y mientras del cielo cayeron
delicadamente los copos
entraste en mí, apartando
la cortina, revelando el pequeño cuarto
de oro oscuro erizado de nieve
donde nos tendimos, y donde entraste en mí y
apartaste la cortina, revelando
el pequeño cuarto, de oro oscuro
erizado de nieve, donde nos tendimos.


De "Satán dice"
      

19.1.19

Sharon Olds. Acusación de oficiales superiores

En el vestíbulo sobre el hueco de la escalera
mi hermana y yo nos reuníamos por la noche,
ojos y cabellos oscuros, cuerpos
como gemelos en la oscuridad. No hablábamos de
las dos personas que nos habían llevado
hasta allí, como generales,
por sus propias razones. Nos sentábamos,
camaradas
de guerra, su cuerpo vivo como la prueba de mi
cuerpo vivo, de espaldas a la enorme
brecha de obús de las escaleras, que
tendríamos que atravesar, sin saber nada más
que lo allí aprendido,
         así que ahora
cuando pienso en mi hermana, los orificios
de las jeringas
en sus caderas y en los pliegues de sus codos
y las marcas de las últimas palizas de su marido
y las cicatrices de las operaciones, siento la
rabia del soldado que vela el cuerpo de
alguien mandado a primera línea del frente
sin adiestramiento
ni armas.


De "Satán dice"
     

15.4.18

Sharon Olds. Noche de domingo en la ciudad

Cogidos de la mano, yacemos en la cama,
con nuestras largas piernas cruzadas como alas
dobladas, nuestros largos pies tocando el
umbrío pie de la cama, tallado como una lápida
con uvas. Tienes el cabello encrespado, oscuro
como el nogal, rizado como los zarcillos de
parras. Tu mano derecha reposa en mi
mano derecha. Mi mano izquierda en la tuya.
Con los brazos enlazados como patinadores, yacemos
bajo el cuadro de tierra cultivada: la maleza
oscura y nublada como el humo, los árboles
elevando sus ceniceros esqueletos de pez,
y en el centro, encima nuestro,
el estanque en calma
silencioso como si fuera eterno.


De "Satán dice"
    

14.3.18

Sharon Olds. Las monarcas

Toda la mañana, mientras sentada pienso en ti,
pasan las monarcas*. A siete pisos de altura,
a la izquierda del río, se dirigen
hacia el sur, sus alas el negro rojizo de
tus manos como manos de carnicero, las erguidas
venas de sus alas como tus cicatrices.
Yo apenas pude sentir tus gruesas y ásperas
palmas sobre mí, tan leve fue su contacto,
el suave roce de la mejilla como una pata de insecto
en mi seno. Nadie me había
tocado antes. Ni siquiera sabía abrir
bien las piernas, pero sentí tus muslos,
revestidos de un vello de rojo dorado,
                                       abrirse
como un par de alas
entre mis piernas.
La marca de mi bisagra de sangre en sus muslos-
como algo alado fijado allí con un alfiler.
y luego saliste, como saldrías
una y otra vez, mientras cantidades de mariposas
pasaban frente a mi ventana, flotando
hacia su metamorfosis en el sur, cruzando
fronteras durante la noche, su difusa nube
color sangre, mi cuerpo bajo el tuyo,
y la belleza y el silencio de las grandes migraciones.


*Mariposa de color blanco


De "Satán dice"