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29.9.23

Teresa de Cepeda y Ahumada. Octava

Dichoso el corazón enamorado
que en solo Dios ha puesto el pensamiento,
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento.
Aun de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento, 
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso.


En "Poéticas. Antología de mujeres del siglo XVI"
    

25.12.20

Santa Teresa de Jesús. Villancico

Oh, hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
 
Oh, nudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales!
No sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
 
Quien no tiene ser juntáis
con el ser que no se acaba;
sin acabar, acabáis,
sin tener que amar, amáis,
engrandecéis nuestra nada.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
       

10.3.18

Teresa de Cepeda. Libro de la vida

Quisiera yo que, como me han mandado y dado larga licencia para que escriba el modo de oración y las mercedes que el señor me ha hecho, me la dieran para que muy por menudo y con claridad dijera mis grandes pecados y ruin vida. Diérame gran consuelo. Mas no han querido, antes atádome mucho en este caso. Y por esto pido, por amor del Señor, tenga delante de los ojos quien este discurso de mi vida leyere, que ha sido tan ruin que no he hallado santo de los que se tomaron a Dios con quien me consolar. Porque considero que, después que el señor los llamaba, no le tornaban a ofender. Yo no solo tornaba a ser peor, sino que parece traía estudio a resistir las mercedes que Su Majestad me hacía, como quien se veía obligada a servir más y entendía de sí no podía pagar lo menos de lo que debía.


Principio de el "Libro de la vida"
    

7.10.13

Santa Teresa de Jesús. Ya toda me entregué y di...

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi amado.


De la Antología de poetisas españolas
Tomo I: hasta 1900
Selección de Luzmaría Jiménez Faro.
Ed. Torremozas

17.12.11

Santa Teresa de Jesús. Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.


De la Antología de poetisas españolas
Tomo I: hasta 1900
Selección de Luzmaría Jiménez Faro
Ed. Torremozas
  
   

9.4.07

Teresa de Cepeda y Ahumada

Teresa de Cepeda y Ahumada (Santa Teresa de Jesús) (Gotarrendura, Ávila, 28 de marzo de 1515 – Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582), fue una religiosa, doctora de la Iglesia Católica, mística y escritora española,
***


Santa Teresa de Jesús, nació en Gotarrendura, Ávila, el 28 de marzo de 1515.

Se llamaba Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, aunque generalmente usó el nombre de Teresa de Ahumada, el cual cambió por Teresa de Jesús.

Dicen que su padre era descendiente de familia judía conversa y que tuvo dos mujeres: con la primera, Catalina del Peso y Henao, tuvo dos hijos: María y Juan; y con su segunda esposa, Beatriz Dávila y Ahumada (emparentada con muchas familias ilustres de Castilla), que murió cuando Teresa contaba unos 12 años, tuvo otros diez: Hernando, Rodrigo, Teresa, Juan, Lorenzo, Antonio, Pedro, Jerónimo, Agustín y Juana.

Dicen que ya desde sus primeros años mostró una imaginación vehemente y apasionada. Su padre, aficionado a la lectura, tenía algunos romanceros; y dicen que estas lecturas y las prácticas piadosas comenzaron a despertar su inteligencia a los seis o siete años de edad.

Dicen que su padre estaba en contra de que entrase en un comvento, así que dejó la casa paterna, y el 2 de noviembre de 1533 ingresó en el convento de la Encarnación, en Ávila, y allí profesó el 3 de noviembre de 1534.

Dicen que tuvo problemas de salud durante muchos años, y también que tuvo visiones.

También dicen que quería fundar en Ávila un monasterio para la estricta observancia de la regla de su orden, que comprendía la obligación de la pobreza, de la soledad y del silencio.

Dicen que escribió su vida en 1561 por mandato de su confesor, trabajo que terminó hacia junio de 1562, y en 1566 volvió a escribirla.

Dicen que a finales del año 1561 recibió cierta cantidad de dinero (que le remitió desde el Perú uno de sus hermanos), y con ella se ayudó para continuar la proyectada fundación del Convento de San José.

Dicen que después de dos años, llegó a sus manos la bula de Pío IV para la erección del convento de San José, en Ávila, que fue abierto en agosto de 1562.


Fundó conventos de su orden por toda España, y fue denunciada a la Inquisición por su autobiografía.

En 1577 escribió "El libro de Las moradas".

Tras varios peregrinajes fundando conventos, siempre sufriendo por su mala salud y por la persecución a la que era sometida, murió en Alba de Tormes el 4 de Octubre de 1582.

Sobre los posteriores traslados de su cuerpo, mejor no decir nada...



En 1970 se convirtió (junto con Santa Catalina de Siena) en la primera mujer elevada por la Iglesia Católica a la condición de Doctora de la Iglesia.




Obras citadas en este blog: