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8.9.16

Virginia Woolf. Sobre Dostoievski


Cada vez que la señora Garnett aporta otro volumen encuadernado en tela roja a sus admirables traducciones de las obras de Dostoievski, nos sentimos un poco mejor capacitados para medir que significa para nosotros la existencia se este grandísimo genio que poco a poco va impregnando nuestras vidas de un modo tan curioso.



De "Más Dostoievski"

1.9.14

Virginia Woolf. Sobre Azar de Joseph Conrad

-Acabo de leer Azar -dijo Penélope-. Es un gran libro, creo yo, pero tendrás que leerlo, pues no vas a aceptar mi palabra, sobre todo cuando se trata de una palabra que no sabría precisar. Es un gran libro, un gran libro -repitió. 


 De "Conrad, una conversación"

28.7.14

Virginia Woolf. Horas en una biblioteca


Comencemos por aclarar la antigua confusión que se da entre el hombre que ama la erudición y el hombre que ama la lectura, y señalemos cuanto antes que no existe conexión de ninguna especie entre los dos. El erudito es un entusiasta sedentario, concentrado, solitario, que busca en los libros en su afán de descubrir una determinada pizca de verdad, en la cual ha puesto todo su empeño y todo su corazón. Si la pasión de la lectura lo conquista, sus ganancias menguan y se le escurren entre los dedos. Por otra parte, un lector ha de poner coto al deseo de aprender ya desde el comienzo; si el saber se le pega, excelente, pero ir en busca del saber, leer de acuerdo con un sistema, convertirse en especialista, o en una autoridad, es algo que tiene todas las trazas de acabar con lo que preferimos considerar como una pasión más humana, una pasión por la lectura pura y desinteresada.


De "Horas en una biblioteca"