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22.4.22

Sharon Olds. Abril, New Hampshire

Para Jane Kenyon y Donald Hall

En la entrada, un narciso pequeño
había florecido a través del moho de hojas. En el living,
el viejo collie color caramelo me dejó 
meter la mano en los pliegues
de su pelaje, y acariciarlo. En su habitación
Don dijo, Eso es todo, aquí es donde vivimos y morimos. En el centro de la oscura
cabecera pintada - trineo de belleza,
trineo de la noche - había un ángel fijo
como si estuviera atado, con sus alas desplegadas.
La cama se hablaba, como a sí misma,
cantaba. La habitación entera cantaba.
Y la casa, y la curva de la colina, como la curva entre
su cuello y un hombro, cantaba, en apenada
alabanza, y la tierra, casi, tañía, 
como ahuecada a la espera de que hicieran descender
su lengua. En la tumba, 
junto al enorme, alisado, biselado,
talado hogar de roble, como el tronco
de un Druida duir - adentro lo que ni
se acerca a lo que ella era-
él se quedó de pie a un lado, en un largo silencio,
minutos, como el borboteante crujido de arnés 
cuando el agua de un riego pleno se escurre
hacia la tierra, y nos miró, 
a cada uno, y no parecía simplemente
una persona mirando personas, parecía
casi de otra especie, un águila
mirando águilas, feroz, resuelto,
sin palabras, sin párpados, mirando a cada uno,
viendo en profundidad
dentro de cada uno-
millas, años - parecía Jane
mirándonos por última vez
en esta tierra.


De "La habitación sin barrer"
    

4.3.21

Sharon Olds. La hora después

La hora después, cuando nos miramos y dormimos
y nos miramos, parece la hora central
de mi vida - la dicha antes de que se vuelva
demasiado enorme para sacarla
al mundo. A veces nos decimos
cosas: quiero entrar
en tus ojos, y habitarlos. Anoche, tuviste
los ojos abiertos, ya dormido, para que yo pudiera
nadar y nadar, me siento todavía plena, en esa
circunnavegación. Te agradezco
por las semillas, sonreímos, me honra recibirlas.
Amo para que me conozcas, susurro,
ver ese conocimiento profundo en tu mirada.
Cada vez que abrimos los ojos
estamos casados, todo el tiempo que dormitamos
estamos casados - y cada minuto del día
alejados, estamos casados como si pudiera demostrarse físicamente.
En el primer momento de conocernos,
yo había dicho, repentinamente, arrodillándome entre
tus piernas, y alzando la mirada, un instante,
Es como el cariño! Es muy parecido
al cariño extremo! Y sonreíste y te reíste
suavemente. Quién sabe cómo es,
el juego del amor, el juego previo, el juego de las miradas,
el juego de dormir, y el juego fundamental como un trabajo
precioso. Es como hacer algo-
hacer visible y audible lo que está
ahí. Gritamos, cantamos,
y después por una hora está ahí en la habitación,
la canción. Te miro a los ojos como si hubiera estado
separada de ti por un tiempo largo
o fuera a estar separada de ti por un tiempo sin fin.


De "La habitación sin barrer"