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16.2.25

Pilar de Valderrama. Este beso

Este beso que tiembla en tu boca
y en la boca mía,
tiene un dejo de amarga verdad,
de dulce mentira,
es licor de muerte
y es a un tiempo venero de vida.
Es Infierno por senda de flores
es la Gloria por senda de espinas.
Es risa entre llanto, 
es llanto entre risa.
Es abismo muy hondo... muy negro...
que una astral claridad ilumina.
Es el árbol que guarda en sus ramas
la fruta prohibida,
y cuando a ella se alarga la mano
una fuerza interior, la retira.
   
Es embrujamiento.
Pecado que brinda
en el fondo un aroma muy puro
de incienso y de mirra...
Pecado que enciende
tanto fuego que al fin, purifica.
   
Este beso que fue condenando
nuestros mabios a eterna sequía;
que nos fue, poco a poco, mermando
la sangre y la vida...
Ahora ya en el umbral de la muerte
aún le siento que vivo palpita,
este beso que nunca se dieron
tu boca y la mía!


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
     

29.3.21

Pilar de Valderrama. Aquel jardín

A Antonio Machado

Jardín paradisíaco y perdido,
cuántas y cuántas veces te he soñado.
Dentro del corazón te me has quedado
como queda un recuerdo muy querido.
   
Tanto estás en mi mente revivido
que es ya presente lo que fue pasado.
Y parece que el tiempo se ha parado
para que tú no caigas en mi olvido.
   
Paraje de gorjeos y de aromas.
Del borbotar sonoro de la fuente. 
Del viento que en la fronda es un rumor.
   
Toda la vida que tuviste tomas
cuando al cerrar los ojos lentamente
surges, fresco y lozano, en mi interior.


En "Evocación"
    

27.9.18

Pilar de Valderrama. Dolor fecundo

Oh, vida! cuando dueles, viene un llanto callado
a humedecer la tierra de nuestro corazón.
Es un llorar por dentro, de todos ignorado.
Los ojos están secos como una negación.

Solo en la boca un rictus, solo un surco en la frente
por instantes nos muda la expresión de la faz.
Nuestras manos quisieran ser un garfio potente
que arrancando esta vida nos trajera la paz.

Mas la negra semilla se va abriendo en el fondo.
El prodigio quién sabe cómo se realizó!
Aquel llanto invisible penetró en lo más hondo
y a las turbias acequias de la angustia, llegó...

Oh, simiente de penas! Ay, amarga simiente!
Cómo endulzas, a veces, con tu propio amargor!
Cuando la vida duele, duele infinitamente,
en la raíz del alma nace una nueva flor.


En la "Antología de poetas españolas.
De la generación del 27 al siglo XV"
   

27.9.13

Pilar de Valderrama. Canción de la hilandera

A la luz de la luna hilo que hilo
en su rueca de plata recuerdos míos...
¡Qué raudos pasan
por la maravillosa rueca de plata!
Los tristes dejo,
con aquellos alegres quedarme quiero.
Y tejeré con ellos claro vestido,
y cubrirá mi cuerpo traje de olvido...
¡Oh, luna, aguarda.
que otro traje hilar quiero para mi alma!


De la antología de poetisas españolas
Tomo II: de 1901 a 1939
de la editorial Torremozas

15.10.12

Pilar de Valderrama. Dolor fecundo

¡Oh, vida! cuando dueles, viene un llano callado
a humedecer la tierra de nuestro corazón.
Es un llorar por dentro, de todos ignorado.
Los ojos están secos como una negación.

Sólo en la boca un rictus, sólo un surco en la frente
por instantes nos muda la expresión de la faz.
Nuestras manos quisieran ser un garfio potente
que arrancando esta vida nos trajera la paz.

Mas la negra semilla se va abriendo en el fondo.
El prodigio ¡Quién sabe cómo se realizó!
Aquel llanto invisible penetró en lo más hondo
y a las turbias acequias de la angustía, llegó...

¡Oh, simiente de penas! ¡Ay, amarga simiente!
¡Cómo endulzas, a veces, con tu propio amargor!
Cuando la vida duele, duele infinitamente,
en la raiz del alma nace una nueva flor.


De la antología de poetisas españolas
Tomo II: de 1901 a 1939
de la editorial Torremozas.

6.5.11

Pilar de Valderrama. Poema tercero

Ella y él se miraron hondamente,
y algo indefinido
entre los dos flotó, tan impalpable
como un soplo divino.
Después, cuando las manos se estrecharon,
de nuevo confundidos
ella y él, no supieron
lo que pasó muy dentro de ellos mismos.
Ni una frase de amores hubo luego,
ni un pensamiento vino
a conturbarles con aliento impuro
la carne ni el espíritu.
No hubo allí en realidad, ni apariencia,
más que un saludo frío.
Una mirada en otra, y sin embargo...
¡Qué inmensurable abismo!


De la antología "Peces en la tierra"