Mostrando entradas con la etiqueta *Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos. Mostrar todas las entradas

14.3.21

Mary Ann Clark Bremer. Querida M.

Querida M., me escribes para contarme (innecesariamente, pues recuerdo la fecha de tu nacimiento) que cumplirás tus cuarenta años dentro de unos meses: no tengas miedo de las heridas que han dejado cicatrices en tu cuerpo. No tengas miedo de las cicatrices de aquellas heridas. Si no curaron, son, al menos, una medalla del tiempo, una condecoración que te ofrecen las demás supervivientes: ellas, nosotras, te la ofrecen, te la ofrecemos por seguir aquí, por seguir en el mundo a pesar de todo lo que hemos vivido.


De "Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos"
    

8.3.20

Mary Ann Clark Bremer. Nuestra herencia es grande

Nuestra herencia es grande. La de todas las mujeres de la Tierra. Nuestra herencia está construida sobre el estiércol del miedo y sobre todas las que hemos sufrido: no tú, no yo, no una mujer o diez o cien o mil en concreto, sino todas aquellas, millones, decenas de millones, que no conocemos ni conoceremos.


De "Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos"
    

15.11.19

Mary Ann Clark Bremer. Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos

"Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos...", dijo el poeta. Dijeron todos los poetas. Lo escribieron con sus plumas afiladas (sangre, saliva, tinta) al dirigirse a aquellas mujeres que se habían convertido en sus musas, intocables para los demás; en ocasiones, eran tan sólo "imágenes", como una Virgen católica, como una diosa pagana, imágenes a las que adorar y a las que dirigir lo que siempre necesita destinatario: las palabras; otras veces, esas mujeres eran sólo un espejismo de belleza intangible y falsamente cubierto de oro. O mejor dicho: imágenes cubiertas de oropel. "Así no son realmente las mujeres", escribí yo misma en una carta de despedida que nunca envié.
Todas las mujeres son bellas, extrañas y resistentes como la flor del edelweiss allá en lo alto. Supervivientes a los cuarenta años, no envejecen, sólo maduran.


Principio de "Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos"