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28.2.26

Christa Wolf. August

August lo recuerda bien: como a todos los niños que llegaban sin padres a la estación de Mecklemburgo al final de la guerra, le preguntaron cuándo y dónde había perdido a su madre, pero no lo sabía. También le preguntaron si el tren de refugiados lo habían bombardeado antes o después de cruzar el gran río al que llamaban Óder, pero eso tampoco lo sabía. Estaba durmiendo. Cuando estalló el terrible estruendo y la gente empezó a gritar, una mujer desconocida, que no era su madre, lo agarró por el brazo y lo sacó del tren. Cayó al suelo, detrás de un terraplén nevado, y no se levantó hasta que el ruido cesó y el maquinista gritó que todos los que quedaran vivos debían volver a subir a bordo de inmediato. August nunca volvió a ver a su madre ni a la mujer desconocida. Sí,  mucha gente quedó tendida en el suelo y no subió al tren, que pronto reemprendió la marcha.


Principio de "August"
   

1.6.23

Christa Woolf sobre Anna Seghers

Allí estuviste tú, procedente de Marsella, donde tratabais de seguir las huellas que Anna Seghers había dejado en su novela Tránsito.


De "La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud"
    

18.3.23

Christa Wolf. Estuviste presente...

Estuviste presente. Has sobrevivido. No te ha destrozado. Puedes contarlo.


De "La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud"
    

29.12.22

Christa Wolf. Nuestra primera estación fue Mabery Road...

Nuestra primera estación fue Mabery Road, la casa en la que Salka Viertel había vivido veinticinco años, criado a sus hijos, escrito guiones que en su mayoría no fueron filmados, discutido con Greta Garbo proyectos cinematográficos y escrito guiones para ella. La casa que en los años treinta se convirtió en punto de encuentro de los exiliados alemanes y desde la cual ella organizó numerosas campañas de ayuda a compañeros necesitados de California y para quienes corrían peligro en los territorios ocupados por los nazis. Su libro Das unbelehrbare Herz [El corazón no admite consejos] estaba a mi lado, sobre el asiento, desde que lo leí había pasado muchas veces junto a su casa, un breve trayecto desde la Second Street, a lo largo de la Ocean Avenue, que forma una curva hacia la derecha y en la que desemboca la Mabery Road. Un viaje de menos de diez minutos, durante el cual hablé de Salka Viertel a los compañeros de viaje, por lo visto en un tono que indujo a Peter Gutman a preguntarme: Te habría gustado conocerla, no?
Oh, sí, ya me habría gustado. Me di cuenta de que raras veces tenía yo tal deseo, por mucho que admirase a ciertos exiliados, cuyas casas íbamos a ver. Ella está casi olvidada, dije, en algunos reportajes sobre el exilio en el "New Weimar bajo palmeras" apenas se la menciona.


De "La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud"
   

12.12.22

Christa Wolf. La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud

Caer del cielo
ésa fue la frase que me pasó por la cabeza cuando aterricé en L.A., y os "pasajeros" del jet, agradecidos, dieron un aplauso al piloto que había dirigido el avión por encima del océano, había tomado la ruta del Nuevo Mundo y, después de dar vueltas largo tiempo sobre las luces de la inmensa ciudad, acababa de tomar tierra con suavidad. Aún recuerdo que me propuse utilizar esa frase más tarde, cuando escribiera sobre el aterrizaje y sobre la estancia en la costa desconocida que tenía delante: ahora. No podía imaginar que durante tantos años intentaría asiduamente acercarme de modo adecuado a las frases que habrían de seguir a esa primera frase. Me propuse dejármelo todo bien grabado en la memoria, cada detalle, para más tarde.


Principio de "La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud"
    

1.12.22

Annie Ernaux cita a Christa Wolf

"Donde se encuentra mi morada, el amor solo existe a costa de la muerte" (Christa Wolf, En ningún lugar, en ninguna parte).


De "Perderse"
    

5.8.22

Christa Wolf. Por la intensidad del dolor puede medirse la fuerza de la esperanza que debe subsistir...

-No es curioso como olvidamos el sufrimiento y la alegría? Pero el tiempo que se me fue en esa tristeza infundada ya no me parece tiempo robado. Por otra parte, por la intensidad del dolor puede medirse la fuerza de la esperanza que debe de subsistir. Lo sabías?
-Lo descubrí. Eso lo descubrí.
-Esperanza y vida son una misma cosa, nos dijo tu médico. Créanme. Él había visto morir de desesperanza en muy poco tiempo a personas que, clínicamente, hubieran debido durar más. Otros, nos dijo, saltan por la ventana o toman tabletas. Que, si era posible engañarte, había que engañarte.
-Y tú, para poder engañarme mejor acerca de mi estado, me abriste tu alma en compensación.
-Estábamos todos en el jardín de Irene, al lado del montículo de las amapolas gigantes, comiendo pastel y tomando café, y hablábamos de ti, utilizando complicados giros diplomáticos, a fin de que tu médico no tuviera que faltar a su secreto profesional. Suponiendo que... y: en el caso de que... Tanteando el terreno, hablábamos de "metástasis". Tu médico callaba. A mí me indignaba aquella manera de engañarte. Con diagnósticos falsos. De este modo, nos dijo, por lo menos se te podría deparar alguna que otra tarde medianamente tranquila. Y nosotros, que nos considerábamos amigos tuyos, debíamos ayudar a los médicos en sus maniobras de simulación. Porque nosotros no éramos los enfermos, dijo tu médico, sino tú, y aunque reconocía que podíamos sentir mucho y hacernos cargo de muchas cosas, la pared que se había levantado entre tú, la enferma y nosotros, los sanos, ni con el mayor esfuerzo de imaginación podríamos derribarla. La pared, Steffi, entre tú y nosotros, fue levantada definitivamente una hermosa tarde de Mecklemburgo. Y yo grité: Sí, dejemos que se engañe a sí misma, e Irene exclamó: No!, estaba llorando y yo sentí que en aquel momento la quería. No! Nadie quiere ser engañado!, y tu médico nos preguntó fríamente, o así nos pareció, cómo podíamos estar tan seguros de que, en tu lugar, nosotros no querríamos estar rodeados de buenos embusteros. Y entonces yo, ya sin fuerzas, argumenté que tú habías entrado a escondidas en el despacho del médico, para ver tu ficha, y él dijo que era el miedo lo que te movía. Que lo que ibas buscando era la prueba que te lo disipara, no que te lo confirmara.


De "Pieza de verano"
    

18.3.22

Christa Wolf. No se puede conservar

No se puede conservar. Ésta es la condición, uno la acepta sin saberlo y uno la olvida mientras dura. El qué? Qué es lo que dura? Pues eso: eso que nosotros no nos preguntábamos qué era, eso a lo que no tratábamos de poner nombre y que aceptábamos como un regalo sin analizarlo.


De "Pieza de verano"
    

8.9.21

Christa Wolf. Pieza de verano

Fue aquel verano memorable. Los periódicos lo llamaron "el verano del siglo", pese a que los siguientes aún lo superarían, a consecuencia de ciertas variaciones de las corrientes del Pacífico que provocaron una "inversión" del océano y modificaciones del clima en el hemisferio norte. De eso nosotros nada sabíamos. Nosotros sabíamos que queríamos estar juntos. A veces nos preguntábamos cómo recordaríamos aquellos años, cómo nos los describiríamos a nosotros mismos y a los otros. Pero en realidad no creíamos que nuestro tiempo estuviera limitado. Ahora que todo ha terminado, también esta pregunta tiene su respuesta. Ahora que Luisa se ha ido, que Bella nos ha abandonado para siempre, que Steffi ha muerto, que las casas están destruidas, ahora el recuerdo vuelve a reinar en la vida.
No pudo ser.


Principio de "Pieza de verano"
    

1.12.19

Christa Wolf. Dijo Pentesilea...

El mundo habitado, en la medida en que lo conocíamos, se había vuelto cada vez más cruelmente, cada vez más deprisa contra nosotras. Contra nosotras las mujeres, dijo Pentesilea.


De "Casandra"
     

18.3.19

Christa Wolf. Eso no lo comprendí durante mucho tiempo...

Eso no lo comprendí durante mucho tiempo: que no todos podían ver lo que yo veía. Que no percibían la forma desnuda y sin sentido de los acontecimientos.


De "Casandra"
     

13.8.18

Christa Wolf. Casandra

Otra vez me sacude Eros que afloja
los miembros,
agridulce, indomable, animal oscuro.
SAFO

Aquí fue. Ahí estaba. Esos leones de piedra, sin cabeza ahora, la miraron. Esa fortaleza, un día inexpugnable, ahora un montón de piedras, fue lo último que vio. Un enemigo hace tiempo olvidado y los siglos, sol, lluvia y viento la arrasaron. Inalterado el cielo, un cielo, un bloque azul intenso, alto, dilatado. Cerca las murallas ciclópeamente ensambladas, hoy como ayer, que marcan su dirección al camino: hacia la puerta, bajo la cual no mana la sangre. Hacia lo tenebroso. Hacia el matadero. Y sola.


Principio de "Casandra"
     

8.5.06

Christa Wolf

Christa Wolf, ‎de soltera Christa Ihlenfeld​ (Gorzów Wielkopolski, Polonia, 18 de marzo de 1929 - Berlín, Alemania, 1 de diciembre de 2011), fue una novelista, ensayista y guionista cinematográfica alemana.


Obras citadas en este blog: