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3.5.26

Emilia Pardo Bazán. La dama joven

Aún ardía el quinqué de petróleo, pero con qué Tufo tan apestoso y negro! Para alimentar la carbonizada y exprimida mecha, quedaban sólo, en el fondo del recipiente, unas cuantas gotas de aceite mineral, envueltas en impurezas y residuos. La torcida, sedienta, se las chupaba a toda prisa.


Principio de "La dama joven"
    

9.5.25

Emilia Pardo Bazán. Un viaje de novios

Que la boda no era de gentes del gran mundo, conocíase a tiro de ballesta, a la primera ojeada. No hay duda que los despojados podían alternar con la más selecta sociedad, al menos por su aspecto exterior; pero la mayoría del acompañamiento, el coro, pertenecía a la clase media, en el límite en que casi se funde con la masa popular. Había grupos curiosos y dignos de examen, ofreciendo el andén de la estación de León golpe de vista muy interesante para un pintor de género y costumbres.


Principio de "Un viaje de novios"
     

9.5.24

Emilia Pardo Bazán. Dulce sueño

Fuera, llueve: lluvia blanda primaveral. No es tristeza lo que fluye del cielo; antes bien, la hilaridad de un juego de aguas pulverizándose con refrescante goteo menudo. Dentro, en la paz de una velada de pueblo tranquilo, se intensifica la sensación de calmoso bienestar, de tiempo sobrante, bajo la luz de la lámpara, que proyecta sobre el hule de la mesa un redondel anaranjado.


Principio de "Dulce sueño"
    

11.12.23

Emilia Pardo Bazán. El castillo de la fada

Introducción 

El sol ya se va ocultando:
deja tu labor, María, 
que empleaste bien el día;
no tengo queja de ti.
Enciende el candil tomado
que nuestro hogar ilumina,
y, arreglada la cocina,
siéntate cerca de mí. 
Leyendo estoy en tus ojos.
Quieres oír una historia
de amor, de combate o gloria 
de las que te cuento yo?
O la leyenda famosa
del conquistador Germano?
O la infausta de Atilano
que envenenado murió?
Mas estas ya son sabidas;
y si una nueva pudiera
referirte, yo te hiciera
los cabellos erizar;
y con la vista turbada
y el corazón oprimido,
ver un espectro escondido 
en las llamas del hogar.
Ah! Ya me acuerdo. Oye atenta,
no interrumpas mi relato
pues de referirte trato
un hecho que me contó 
mi madre cuando era niño
en una larga velada;
melancólica balada 
que jamás se me olvidó.


En "Las frases frágiles"
     

8.5.23

Emilia Pardo Bazán. La gota de sangre

Para combatir una neurastenia profunda que me tenía agobiado -diré neurastenia, no sabiendo qué decir-, consulté al doctor Luz, hombre tan artista como científico, y opinó sonriente. 
-Usted no necesita cuidarse... sino todo lo contrario. 
-Descuidarme?
-Casi... Tratamiento perturbador. Hacer cosas que presten a su vida violento interés. Lo que padece usted es atonía, indiferencia: le falta estímulo. No podría usted enamorarse?
-Me parece que no. Las mujeres, para un rato. Y aun ese rato lo suelen envenenar. Y las que no lo envenenan, empalagan. Mal remedio, doctor, mal remedio. 


Principio de "La gota de sangre"
    

9.5.22

Emilia Pardo Bazán. Las fronteras de la locura están por deslindar

Las fronteras de la locura están por deslindar; y casi inexplorado el terreno que limitan. Hay locos de un minuto, locos de una hora, de un día, de un año, de diez... Nadie se muere sin el cuarto de hora de locura. La razón nuestra no es una lámpara fija, inalterable, resguardada por un globo de vidrio sino una antorcha agitada por el viento...


De "Doña Milagros"
    

7.5.21

Emilia Pardo Bazán. Al que leyere

Dado que has de leer estas páginas, acaso para ti está de más la advertencia; para los que no leen, pero malician, no hay advertencia que baste. Con todo eso quiero declarar en la primera página que está novela ni tiene clave, ni secreto, ni retrata a persona alta ni baja de este mundo, ni se inspira en hechos verdaderos antiguos o contemporáneos. Es inventada de cabo a rabo; se refiere en parte a comarcas imaginarias, y si encerrase alguna enseñanza (no me atrevo a afirmar que la encierre), será porque no hay ficción que no se parezca de cerca o de lejos a la verdad, aunque nunca pueda igualarla en interés.


Advertencia al principio de "El saludo de las brujas"
    

3.3.21

Emilia Pardo Bazán. La madre naturaleza

Las nubes, caliginosas y de un gris amoratado, como de tinta desleída, fueron juntándose, juntándose, atropellándose más bien, en las alturas del cielo, deliberando si se desharían o no se desharían en chubasco. Resueltas finalmente a lo primero, empezaron por soltar goterones anchos, gruesos, legítima lluvia de estío, que doblaba las puntas de las hierbas y resonaba estrepitosamente en los zarzales; luego se apresuraron a porfía, multiplicaron sus esfuerzos, se derritieron en rápidos y oblicuos hilos de agua, empapando la tierra, inundando los matorrales, sumergiendo la vegetación menuda, colándose como podían al través de la copa de los árboles para escurrir después tronco abajo, a manera de raudales de lágrimas por un semblante rugoso y moreno. 
Bajo un árbol se refugió la pareja.


Principio de "La madre naturaleza"
    

15.8.20

Emilia Pardo Bazán. Prólogo de la autora a la primera edición

Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar mis novelas hablando contigo breves palabras. Más que nunca, debo sostenerla hoy, porque acerca de La Tribuna tengo varias advertencias que hacerte, y así caminarán juntos en este prólogo el gusto y la necesidad.
Si bien La Tribuna es en el fondo un estudio de costumbres locales, el andar entretejidos en su trama sucesos políticos tan recientes como la Revolución de septiembre de 1868, me impulsó a situar la acción en lugares que pertenecen a aquella geografía moral de que habla el autor de las Escenas montañesas, y que todo novelista, chico o grande, tiene el indiscutible derecho a forjarse para su uso particular. Quien desee conocer el plano de Marineda, búsquelo en el atlas de mapas y planos privados donde se colecciona, no sólo el de Orbajosa, Villabermeja y Coteruco, sino en el de las ciudades de R***, de L*** y de X***, que abundan en las novelas románticas. Este privilegio concedido al novelista de crearse un mundo suyo propio, permite más libre inventiva y no se opone a que los elementos todos del microcosmos estén tomados, como es debido, de la realidad.


Del prólogo a la primera edición del libro "La Tribuna"
    

17.9.19

Emilia Pardo Bazán. Los pazos de Ulloa

Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos desigualísimos de loco galope. Y era pendiente de veras aquel repecho del camino real de Santiago a Orense en términos que los viandantes, al pasarlo, sacudían la cabeza murmurando que tenía bastante más declive del no sé cuántos por ciento marcado por la ley, y que sin duda al llevar la carretera en semejante dirección, ya sabrían los ingenieros lo que se pescaban, y alguna quinta de personaje político, alguna influencia electoral de grueso calibre debía andar cerca.


Principio de "Los pazos de Ulloa"
     

12.5.19

Emilia Pardo Bazán. Evolución de la rosa

Por tierra de unidad y de armonía,
la vieja Grecia se preció de hermosa:
símbolo de belleza fue la rosa:
Venus entre sus rizos de prendía.

Duraba su esplendor tan sólo un día;
era pomo de esencia deliciosa;
y, borracha la alegre mariposa,
en el cáliz de fuego se dormía.

Vienen la Edad Moderna y los Linneos;
llega el floricultor, y en variedades
la rosa dividió, como en casillas...

Venus y anacreonte, estremeceos!
Cantores del Amor! Muertas deidades!
Hay rosas negras, verdes y amarillas!


En "Safo en Castilla"
    

9.5.13

Emilia Pardo Bazán. Morriña

Si el entresuelo que habitan en Madrid doña Aurora Nogueira de Pardiñas y su hijo único, Rogelio, no es ni de los menos oscuros ni de los más espaciosos, tiene en desquite la ventaja inestimable de encontrarse sito en la calle Atocha de San Bernardo, tan frontero a la Universidad Central, que, hablando en plata, aquello es vivir en la Universidad misma.

De "Morriña"

15.11.12

Emilia Pardo Bazán. Siempre me ha complacido...

   Siempre me ha complacido reproducir lo externo de una situación cuando falta lo interno, a fin de proclamar una vez más que no tiene valor alguno lo que nos rodea; que somos nosotros los que nos proyectamos sobre el paisaje y el ambiente.

De "La sirena negra"

16.9.12

Emilia Pardo Bazán. El corazón perdido

   "Yendo una tarde de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo; me bajé: era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente."

De "El corazón perdido"

12.6.12

Emilia Pardo Bazán. Insolación

   "La primera señal por donde Asís Taboada se hizo cargo de que había salido de los limbos del sueño, fue un dolor como si la barrenasen las sienes de parte a parte con un barreno finísimo; luego le pareció que las raíces del pelo se convertían en millares de puntas de aguja y se le clavaban en el cráneo. También notó que la boca estaba pegajosita, amarga y seca; la lengua, hecha un pedazo de esparto; las mejillas ardían; latían desaforadamente las arterias; y el cuerpo declaraba a gritos que, si era ya hora muy razonable de saltar de cama, no estaba él para valentías tales."

Principio de "Insolación"

29.3.12

Emilia Pardo Bazán. Mi suicidio

   Muerta “ella”; tendida, inerte, en el horrible ataúd de barnizada caoba que aún me parecía ver con sus doradas molduras de antipático brillo, ¿qué me restaba en el mundo ya? En ella cifraba yo mi luz, mi regocijo, mi iluisón, mi delicia toda…, y desaparecer así, de súbito, arrebatada en la flor de su juventud y de su seductoria belleza, era tanto como decirme con melodiosa voz, la voz mágica, la voz que vibraba en mi interior produciendo acordes divinos: “Pues me amas, sígueme”.

de "Mi suicidio"
uno de los relatos de "El corazón perdido y otros relatos"
  

31.3.11

Emilia Pardo Bazán. La cómoda

     "¿No habeis oido hablar nunca de los milagros que realiza la voluntad, de los arcanos que el presentimiento encierra? Lo que se presiente existe; lo que ardorosamente deseamos, acaba por suceder, aunque no con entera exactitud. Nuestra idea no imprimirá puntualmente su imagen, pero graba una huella, siempre profunda, en la materia, a la cual es superior."

Fragmento del cuento "La cómoda"


30.3.11

Emilia Pardo Bazán. No hay género más amplio y libre...

     "No hay género más amplio y libre que el cuento; no hay, entre los más insignes, cuentista algo fecundo que no explote todas las canteras y filones, empezando por el de su propia fantasía y siguiendo por los variadísimos que le ofrecen las literaturas antiguas y modernas, escritas y orales."