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4.4.26

Mariana Enriquez. La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo

Silvina se trepa al cedro del parque por la tarde, cuando la familia duerme. Es verano y todas las ventanas de la casa están cerradas, para que no entre el calor. Si los mayores supieran que está ahí, sentada sobre una rama, comiendo terrones de azúcar con limón, la harían bajar y la castigarían. O quizás dejarían pasar la travesura: Silvina es la menor de seis hermanas, sus padres están cansados de criar hijas. Años más tarde, ella dirá que se sentía como "el etcétera de la familia". Ser el etcétera tiene sus ventajas. Su familia es de las más ricas y aristocráticas de la Argentina, y su padre, Manuel Ocampo, es un hombre riguroso y conservador. Pero los controles son más relajados con ella. Que, además, sabe esconderse. Silvina es secreta.


Principio de "La hermana menor.
Un retrato de Silvina Ocampo"
     

21.11.25

Mariana Enriquez. Mis muertos tristes

Ahora es tiempo de que ustedes vuelvan. Ya se fueron suficiente tiempo.
Lydia Davis,
Ni puedo ni quiero

Primero, creo, debo describir el barrio. Porque en el barrio está mi casa, y en la casa está mi madre. Una cosa no se entiende sin la otra. No se entiende por qué no me voy. Porque puedo irme. Puedo irme mañana. 


Principio de "Mis muertos tristes"
En "Un lugar soleado para gente sombría"
   

23.10.24

Mariana Enríquez. Las cosas que perdimos en el fuego

La primera fue la chica del subte. Había quien lo discutía o, al menos, discutía su alcance, su poder, su capacidad para desatar las hogueras por sí sola. Eso era cierto: la chica del subterráneas sólo predicaba en las seis líneas de tren subterráneo de la ciudad y nadie la acompañaba. Pero resultaba inolvidable.


Principio de "Las cosas que perdimos en el fuego"
    

1.9.24

Mariana Enriquez. Este es el mar

Levantó la cabeza para buscar el olor de desesperación que necesitaba. Tenía que hacer un sacrificio. Jamás la verían si no se arriesgaba. Desde cuándo era la mejor del Enjambre? El tiempo era distinto para ellas, que vivían para siempre, pero en la eternidad el paso del tiempo se sentía reptante, lentísimo. Cada vez le costaba más olvidar el deseo de quedarse quieta; de dejar de gritar y correr y zumbar y susurrar y llorar.


Principio de "Este es el mar"