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29.3.24

Vera Brittain. El lamento de los desmovilizados

"Cuatro años", dicen algunos para consolar, "Bah,
qué son? Eres joven. Y al menos habrá sido
una magnífica experiencia!".
Olvidan que otros quedaron atrás...
Y volvimos a casa y descubrimos
que lo habían conseguido, y los hombres reverenciaban sus nombres,
pero nunca pronunciaban los nuestros;
y nadie hablaba ya de heroísmo, y nosotros
tuvimos que regresar y volver a empezar, de nuevo.
"Malgastaste cuatro años en el crisol,
claro que sí!", exclamando otros. "Bah,
pero para ti!".
Y empezamos a darles la razón.

V. B., "El lamento de los desmovilizados",
en Oxford poetry, 1920.



En "Testamento de juventud"
    

29.3.23

Vera Brittain. Me sentía inmensamente, infinitamente agotada

Me sentía inmensa, infinitamente agotada; eso era todo. Había que seguir viviendo porque era menos problemático que encontrar una salida, pero el idealismo primero de la guerra se había hecho añicos, pisoteado en el fango que cubría los cuerpos de aquellos con quienes yo lo había compartido. De qué valía buscar hipócritamente un consuelo exaltado para la muerte, cuando ya sabía que no había ninguno?


De "Testamento de juventud"
    

30.12.22

Vera Brittain cita un poema de May Wedderburn Cannan

Cuando muere la Visión entre el polvo del mercado,
cuando la Luz se atenúa,
cuando levantas los ojos y no ves su rostro,
cuando tu corazón está lejos de él, 
   
sabes que ésta es tu guerra; en esta hora solitaria recorres
las calles que él conocía;
aunque ya no vuelva, de noche se arrodillará a tu lado
por el consuelo de soñar contigo.
   
May Wedderburn Cannan


   
Cita al principio de la segunda parte del libro "Testamento de juventud"
       

20.5.21

Vera Brittain. Quizá algún día brille otra vez el sol...

Quizá algún día brille otra vez el sol,
y yo vea que el cielo todavía es azul, 
y vuelva a sentir que  no vivo en vano;
aunque viva despojada de ti.
  
Quizá, a mis pies, las praderas doradas
alegren las horas soleadas de la primavera
y saboree la dulzura de las flores de mayo;
aunque te hayas marchado.
   
Quizá los bosques resplandezcan en verano,
y recuperen su belleza las rosas rojas,
y las cosechas su abundancia otoñal;
aunque no estés aquí.
   
Pero aunque el Tiempo generoso renueve la alegría,
hay una, la mayor, que ya no conoceré 
porque al perderte mi corazón 
hace tiempo que se rompió.
   
V. B., "Quizá...", Para R. A. L., 1916,
de Versos de una enfermera voluntaria


Cada vez que pienso en las semanas posteriores a la muerte de Roland, se despliega en mi mente, igual que un caleidoscopio, una serie de imágenes inconexas pero transparentes como el cristal.
Veo una taza de café solitaria ante mí, sobre una mesa de desayuno de hotel; intento bebérmela, pero fracaso miserablemente.


De "Testamento de juventud"
      

21.12.20

Vera Brittain sobre Rebecca West

Fue en ese encuentro, en el que ella misma participaba, donde vi por primera vez a Rebecca West, cuya novela El juez, recién publicada, yo había leído con un interés turbio y apasionado. Morena, valiente, aquella rebelde que aún no había cumplido los treinta transmitía, con su voz incisiva y su orgullosa cabeza con la melena recogida, la misma impresión que un joven purasangre, destinado a ganar todas las competiciones a causa de su impavidez ante cualquier obstáculo concebible por la imaginación humana.


De "Testamento de juventud"
    

11.12.20

Vera Brittain cita a Olive Schreiner

Estando allí recibí un paquetito a mi nombre, escrito con la caligrafía de Roland, que contenía la Historia de una granja africana de Olive Schreiner, novela de la que habíamos hablado en una de nuestras conversaciones sobre la inmortalidad. Durante las semanas siguientes pasé muchas horas de turbación y conjeturas con el pequeño tomo entre las manos.
"Es el amor, más que cualquier otro sentimiento", leía yo, comprendiendo de pronto el sentido de las palabras, presa del asombro, "lo que nos lleva a buscar esos tiempos mejores [...] Y cuando ese momento llegue [...], cuando el amor ni se compre ni se venda, cuando deje de ser un medio para hacer pan, cuando la vida de cada mujer esté colmada de un trabajo honrado e independiente, el amor acudirá a ella como algo delicado, extraño y repentino, a través de ese trabajo honrado no será buscado, sino encontrado".


De "Testamento de juventud"
   

1.8.20

Vera Brittain cita un poema de Rose Macaulay

"Oh, cañones de Francia", escribió Rose Macaulay sobre ese mismo verano en "Picnic, julio de 1917":

   Oh, cañones de Francia,
   callad, que resonáis en vano. [...]
   Pesados laten en el viento del sur
   opacos sueños de dolor. [...]
   
   Calla, calla, viento del norte,
   no traigas la lluvia. [...]
   Yaceremos en silencio en Hurt Hill
   y dormiremos una vez más.
   
   Yaceremos en silencio, sí, sin ver ni oír,
   mientras los limites del mundo giran y se tambalean,
   para que ni nosotros ni nuestros muros, tanto tiempo heridos,
   nos rompamos [...] nos rompamos.

No había manera de sustraerse a ese eco; yo formaba parte de una generación maldita que tenía que escuchar y mirar, quisiera o no, y era inútil, a esas alturas, intentar resistirme a mi destino.


De "Testamento de juventud"
    

8.1.20

Vera Brittain. Testamento de juventud

Nacimos en ciudades y aldeas,
y en pueblecitos perdidos en el tiempo;
una era agonizante se burlaba de nuestro despertar ingenuo
con tintineos de nana militar.
Pero no oímos repiques de alarma en ese canto,
ni imaginamos en aquellas horas benévolas y dulces
el amenazante infortunio que nuestros osados pies
conocerían brutalmente.
  
Y así empezamos -entre los ecos que una guerra anterior
proyectó sobre nuestra niñez,
demasiado sombría, olvidada demasiado pronto- a destronar
los sueños de una felicidad que creíamos asegurada;
mientras, inminente y fiero al otro lado de la puerta,
observando el florecimiento de una generación entera,
el destino que tenía en jaque nuestra juventud
aguardaba su hora.
   
Vera Brittain, "Ave, generación de la guerra", 1932



I


Cuando estalló la Gran Guerra, me la tomé no como una tragedia superlativa, sino como una exasperante interrupción de mis proyectos personales.
Para explicar el motivo de tan egoísta consideración del mayor desastre de la historia, es necesario remontarse en el tiempo, remontarse apenas un instante, hasta el decadentismo de los años noventa del siglo XIX, que fue cuando abrí los ojos a un mundo nada prometedor. Ciertamente, tengo el honor de compartir con Robert Graves el recuerdo más temprano, que es el de observar, de muy niña, el ondear de las banderas por las calles de Macclesfield con motivo del Jubileo de Diamante de la reina Victoria.


Principio de "Testamento de juventud"
    

4.1.19

Vera Brittain. Quizás

(A R.A.L. muerto a causa de sus heridas en Francia. 23 de diciembre de 1915)


Quizá algún día el sol vuelva a brillar
   y veré que el cielo sigue siendo azul,
y sentiré una vez más que no vivo en vano
   aunque sea despojada de ti.
Quizá los prados dorados a mis pies
   harán agradables las horas de sol primaveral
y me parecerán dulces las blancas flores de mayo 
   aunque te hayas ido.
Quizá los bosques de estío resplandezcan,
   las rosas rojas sean hermosas de nuevo
y una delicia los otoñales campos de cosecha,
   aunque tú no estés aquí.
Quizá algún día no me encoja de dolor
   al ver pasar el año que termina
y escuche de nuevo villancicos
   aunque tú no puedas oírlos.
Pero aunque el amable Tiempo renueve ciertos gozos
   el más grande de ellos no sentiré de nuevo
pues mi corazón se quebró 
   hace largo tiempo al perderte.

Primer Hospital General de Londres, febrero de 1916.


En la antología "Nada tan amargo.
Seis poetas inglesas de la Primera Guerra Mundial"
   

1.4.06

Vera Brittain

Vera Brittain, cuyo nombre completo era Vera Mary Brittain (Newcastle-under-Lyme, 29 de diciembre de 1893 - Wimbledon, Londres, 29 de marzo de 1979) fue una escritora y periodista británica.