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1.7.21

Edna St. Vincent Millay. Soneto XXIX

Apiádate de mí no porque la luz del día
al acabarse el día no surque más el cielo;
apiádate de mí no por las bellezas muertas
en prado y espesura según avanza el año;
apiádate de mí no por la mengua de la luna,
ni porque baje la marea perdiéndose en el mar,
o se acalle temprano el deseo de un hombre
y dejes tú de mirarme con amor en los ojos.
Esto siempre he sabido: que el amor no es más
que la abierta flor que el viento embiste,
que la gran marea que pisa la cambiante costa,
esparciendo naufragios que reunió en la tormenta:
apiádate de mí porque el corazón es lento
en aprender lo que la mente contempla a cada instante.



En "Un palacio en la arena"
       

19.10.18

Edna St. Vincent Millay. Anochecer en la colina

Voy a ver la cosa más alegre
   bajo el sol!
Acariciaré un centenar de flores
   y ninguna cogeré.

Posaré en riscos y nubes
   con calma los ojos,
observaré al viento doblegar la hierba
   y a la hierba levantarse.

Y cuando empiecen las luces
   a brillar abajo en la ciudad,
señalaré cuál ha de ser la mía
   e iniciaré el descenso!




En "Un palacio en la arena"
    

22.2.18

Edna St. Vincent Millay. Soneto XI

Voy a olvidarte de inmediato, amor mío,
así que procura aprovecharlos, tu breve día,
tu breve mes, tu breve medio año,
antes de que te olvide, o me muera, o me vaya.
Y hemos terminado para siempre; a la larga
te olvidaré, como ya dije, pero ahora,
si me ruegas con tu mentira más encantadora,
te brindaré a cambio mi promesa favorita.
De verdad preferiría un amor más duradero,
y que no fuera tan quebradiza una promesa,
pero es así, y la naturaleza se las ha ingeniado
para seguir avanzando sin descanso hasta ahora;
que logremos o no encontrar lo que buscamos
carece de importancia, según la biología.




En "Un palacio en la arena"
    

19.10.17

Edna St. Vincent Millay. Mujer-bruja

No es ella rosa ni pálida,
   y nunca será del todo mía;
sus manos descubrió en un cuento de hadas,
   y su boca con un enamorado.

Tiene más pelo del que necesita;
   ay de mí cuando reluce al sol!
Y su voz es una sarta de abalorios,
   o una escalera que condujera al mar.

Me ama tanto como le es posible
   y sus modos se rinden a los míos;
pero no fue hecha para hombre ninguno
   y nunca será del todo mía.




En "Un palacio en la arena"
    

17.7.17

Edna St. Vincent Millay. Maleza

Si crezco llena de amargura,
como un árbol raquítico y nudoso,
cargando de mi juventud ásperamente
un arrugado fruto que marchita la boca;
si de mis ramas macilentas
hago una Casa Inhóspita,
desde la cual nunca miro
hacia el cielo y el agua,
bajo la cual me escondo
a escuchar como afuera pasa el día;
es que es un viento demasiado fuerte
cuando era joven me dobló la espalda,
es que temo a la lluvia
por si vuelve a magullarme.




En "Un palacio en la arena"
     

28.4.17

Edna St. Vincent Millay. Cisnes salvajes

Miré en mi corazón mientras pasaban los cisnes salvajes.
Y qué es lo que vi que no había visto antes?
Solo una cuestión menos o una más;
nada que se igualara al vuelo de los cisnes salvajes.
Corazón agobiante, siempre viviendo y muriendo,
casa sin aire, te abandono y cierro la puerta.
Cisnes salvajes, sobrevolad la ciudad, sobrevolad
de nuevo la ciudad, las patas extendidas y gritando!



En "Un palacio en la arena"
    

26.12.06

Edna St. Vincent Millay

Edna St. Vincent Millay (Rockland, Maine, Estados Unidos, 22 de febrero de 1892 – Austerlitz, Nueva York, Estados Unidos, 19 de octubre de 1950) fue una poetisa lírica, dramaturga y feminista estadounidense y la primera mujer en recibir el premio Pulitzer de Poesía.


Obras citadas en este blog: