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14.10.15

Flannery O'Connor. Todo lo que asciende tiende a converger


Detrás del periódico, Julian se recluía más y más en los compartimentos interiores de su mente, donde pasaba la mayor parte de sus horas. Había una especie de burbuja mental en la que se acomodaba cuando no soportaba formar parte de lo que sucedía a su alrededor. Desde esta burbuja podía mirar hacia el exterior y juzgar, pero dentro de ella estaba a buen recaudo de cualquier penetración. Era el único lugar donde se sentía a salvo de la idiotez general que sus prójimos.


De "Todo lo que asciende tiende a converger"
En "Las dulzuras del hogar"

25.5.12

Flannery O'Connor. El día del juicio final

   "Lo mejor es no meterse en sus cosas y qu’ellos no se metan en las nuestras. Es el único modo de llevarse bien con tos en este mundo. Tos podemos llevarnos bien si nadie se mete donde no le llaman, vivir y dejar vivir."

De “El día del juicio final”

12.5.12

Flannery O'Connor. La buena gente del campo

   "Aparte de la expresión neutral que tenía cuando estaba sola, la señora Freeman tenía otras dos, una ansiosa y, la otra, contrariada, que usaba en todas sus relaciones humanas. Su expresión ansiosa era firme y fuerte, como la lenta marcha de un camión pesado. Sus ojos jamás viraban bruscamente a la derecha o a la izquierda, sino que giraba cuando el piso giraba, como si siguieran una línea amarilla pintada en el centro. Raras veces usaba la otra expresión porque no necesitaba retractarse a menudo de lo que decía, pero cuando lo hacía su rostro se detenía en seco, había un movimiento casi imperceptible en sus negros ojos, durante el cual parecían retroceder, y entonces quien la veía se daba cuenta de que la señora Freeman, aún cuando estaba allí, tan real como los sacos de grano apilados, estaba ausente en espíritu. Intentar comunicarse con ella cuando esto sucedía era algo de lo que la señora Hopewell ya había desistido. Podría hablar hasta morirse. Era imposible conseguir que la señora Freeman admitiera que no tenía razón en algo. Si lograba hacer que hablara, entonces decía algo como: “Bueno, no podría decir que sí ni que no”. O dejaba que su mirada se posase en el último estante de la cocina, donde había un montón de botellas polvorientas, y decía: “Ya veo que no ha comío muchos de los higos que puso en conserva el verano pasao”.

De “La buena gente del campo”

25.3.12

Flannery O'Connor. Más pobre que un muerto, imposible.

-El mundo se creó pa los muertos. Piensa en tos los muertos que hay- dijo y luego, como si hubiera concebido la respuesta a todas las insolencias, añadió-: los muertos son un millón de veces más que los vivos y el tiempo que los muertos se pasan muertos es un millón de veces más que el tiempo que los vivos se pasan vivos!- y soltó al chico lanzando una carcajada.


Fragmento de "Más pobre que un muerto, imposible"
uno de los relatos incluido en sus "Relatos completos"

29.2.12

Flannery O'Connor. Naturaleza y fin de la literatura

   "La primavera pasada intervine aquí, y una de las chicas me preguntó: "Miss O'Connor, ¿Por qué escribe usted?" y yo contesté: "Porque se me da bien". E inmediatamente sentí una ola de reprobación en el ambiente. Sentí que la mayoría no pensaba que fuese una respuesta noble, pero era la única que podía dar. No me habían preguntado que por qué escribo como lo hago, sino por qué escribo. Y para esa pregunta sólo hay una respuesta legítima."


Fragmento de "Naturaleza y fin de la literatura"
uno de los ensayos que componen "Misterio y maneras"

2.10.11

Flannery O'Connor. Sangre sabia

   "En un principio se había propuesto casarse con él y luego hacerlo internar en el centro estatal para enfermos mentales, pero poco a poco fue cambiando de idea, y decidió que después de casarse con él se lo quedaría. Observar su cara se había convertido en un hábito; quería penetrar la tiniebla que había detrás y comprobar por sí misma lo que allí había. Tuvo la sensación de que había esperado bastante y que debía pescarlo enseguida, mientras estuviera débil, o dejarlo estar."

Fragmento de "Sangre sabia"

15.9.11

Flannery O'Connor. Y esperó que comenzara el dolor atroz...

     "Y esperó que comenzara el dolor atroz, la pena insoportable que se merecía, para poder así desentenderse, pero siguió sin sentir nada. Se quedó en la ventana, algo mareado, y solo cuando se dio cuenta de que dolor no llegaría, se derrumbó."

Fragmento de "Los violentos lo arrebatan"
   

13.9.11

Flannery O'Connor. Los violentos lo arrebatan

     "El tío de Francis Marion Tarwater llevaba muerto apenas media hora cuando el muchacho se emborrachó tanto que no pudo terminar de cavar su tumba, y un negro llamado Buford Munson, que había ido a que le llenasen la damajuana, tuvo que terminar el trabajo, arrastrar el cuerpo desde la mesa del desayuno, donde seguía sentado, y enterrarlo como está mandado, cristianamente, con la señal de su salvador en la cabecera de la tumba, y echarle encima tierra suficiente para impedir que los perros lo desenterraran."

Principio de "Los violentos lo arrebatan"
   

28.4.11

Flannery O'Connor. La cosecha

     "Era un alivio quitar las migas de la mesa. Quitar las migas de la mesa le daba tiempo para pensar, y, si la señora Willerton debía escribir un relato, antes tenía que pensarlo. Casi siempre pensaba mejor sentada delante de la máquina de escribir, pero por el momento tendría que conformarse con lo que había. En primer lugar debía pensar un tema para el relato que iba a escribir."

Fragmento del cuento "La cosecha"


 

24.2.07

Flannery O'Connor

Flannery O'Connor (25 de marzo de 1925 – 3 de agosto de 1964) está entre las mejores escritoras estadounidenses del siglo XX.




Obras citadas en este blog: