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25.3.25

Elena Andrés. Águilas del amor

Qué tienes tú que ver
con las aves en cruz de los brazos abiertos!
Águilas del amor que navegan espacios.
Los brazos poderosos como pájaros míticos,
que vuelan penitentes
(el vigor constructivo inquebrantable).
Fuertes, auxiliadores.
   
Ved su cortante vuelo peregrino
por atmósferas rojas.
Hendiendo tempestades, rescatando
a niños paranoicos,
que se creyeron ángeles, subieron
(alas de remolino de una ilusión endeble coloreada)
a un cielo de oquedad, gimen vacío.
   
Y ya iban a caer
a un limbo de sarcasmo.
Sus caras tan redondas
de mejillas infladas,
como gráficos vientos de barrocas
cartografías azules.
Oh, locos querubines de alas de papel rosa!
Los brazos voladores
con qué amor os detienen la caída!
Con qué amor os contienen: ya dormidos.
   
Qué digno es vuestro sueño, la ternura
de una gota de azar en vuestros párpados.
Volveréis a nacer?
Sonreís al infinito en vuestro sueño?
   
Los brazos surcadores, cósmicos, del amor
por los espacios.


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
     

20.3.25

María Elvira Lacaci. Canta

Y me pesó tu dedo
lo mismo que un gran manto
de hierro
que pendiera
de mis desnudos hombros.
Y me pesó tu dedo
cuando me señalaste el corazón -esta mañana-,
mientras el aire,
el aire enrarecido de mi alcoba,
volteaba un sonido: 
Canta
Y quise huir, Temí. Me encogí hasta el abismo
de la angustia
porque pesaba mucho tu palabra
Canta
Déjame como siempre
volar por la palabra. Libre. Suelta.
Que yo te cantaré como hasta ahora.
Pero no vuelvas a decirme:
Canta


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

17.3.25

Pino Betancor. Belleza total

Qué lindo eres, amor, aunque no seas
más largo que una noche de verano.
Aunque no tengas más valor que una
larga rosa en el hueco de una mano.

Qué lindo eres, amor, apenas duras
lño que dura un ensueño. Mas qué importa
tu brevedad de pájaro y de brisa.
La belleza total ha de ser corta.
  
Qué lindo eres, amor. Hoy que no tengo
tu corona ciñéndome la frente,
tu perfume salvaje entre los labios,
despoblada me siento de repente.
   
Ven otra vez, amor, aunque de nuevo
seas una luz lejana, aunque un instante
me dure la ilusión de tu belleza
y te vuelvas de nuevo gris, distante.
  
Ven otra vez, amor. Ahora que entiendo
tu brevedad de flor, sabré adorarte
sin preguntar, sin esperar siquiera
más que tu azul placer sobre mi carne.


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

13.3.25

Angelina Gatell. Basta con descorrer un poco la penumbra...

Basta con descorrer un poco la penunbra
que, intrusa, desespera este final del día,
para verte llegar igual que entonces
a la placita de Cisneros,
impasible en su luz, ensimismada,
como esculpida en un retablo de oro.
   
La tarde -fuego ya respirado por la sombra-.
solía demorarse en las campanas
remolona y astuta, y tú decías
desde el fondo indefenso de mis ojos:
-No te vayas, amor, aún es temprano-.
   
En los muros llagados de la iglesia,
ocupando un retazo
de cal amarillenta,
quedaron nuestros nombres como pájaros
de pronto sorprendidos
por su propio fulgor y en él cegados.
   
Entonces eran frecuentes estos actos
-quizá lo son aún, no sé...-,
a los que reconforta
volver alguna vez llevando entre las manos
los restos del naufragio,
cuando apenas nos llega la noticia
de que seguimos vivos.
"Basta con descorrer un poco la penumbra".


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

9.3.25

María Beneyto. Cotidiana llegada

Estoy aquí.
Pasa. Un momento y termino.
Algo difícil sobre consonantes
absurdas... Hace frío?
Hace amor, lluvia, viento?
Qué me traes?
Hemos tenido hijos
esta noche? Siéntate. Puedes?
Quito libros, papeles. Como siempre
la invasión de las letras
que ya trepan, las ves?,
por paredes y techos.
   
Tienes las manos pálidas
y en tu cara
amanece el cansancio.
Deja que también pasen
los árboles, contigo,
el bosque, el mar, las grandes cataratas.
Esa ardilla que tengo aquí,
en el hombro,
me cuchichea brisas
y los pájaros llenan
de insurreción la casa.
Quieres café, un zumo, coca-cola?
La silla tiene flojos
los huesos, has de perdonarla,
ya es vieja... (Un ave lira?
La flor del Paraíso
a punto ya de ser manzana?
Qué detalle!)
Quiero que estés contento
de mí. Escribo mucho.
Tanto como querías tú.
Qué ocurre?
La niebla se interpone, no te veo.
Los pájaros te ocultan
y esas ramas me vuelven
parte del bosque. Habla.
Que te oigan mis hojas.
Que mis ojos vegetales
te sepan cerca. Tengo nidos
en los brazos y el pelo.
Llega una taza de café volando
del comedor, y a la terraza
le nace un sauce, ese árbol triste,
ese árbol que llora.


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
   

7.3.25

Pilar Paz Pasamar. Por ellos no pasaste...

Por ellos no pasaste. Bien se advierte
que están secos, con solo la sonrisa.
Van de una cosa a otra tan deprisa
que el agua de la vida se les vierte.
   
Van de acá para allá sin conocerte,
gastados por el soplo de otra brisa,
pero nunca sabrán de la precisa
hora en que el mundo en fuego se convierte.
   
Míralos: desatentos, desalados,
desparramados, secos, sin saberte,
más solos que la luna y ateridos.
   
No supieron ganar y están ganados,
no supieron mirar y están sin verte...
Qué pocos son, amor, los elegidos!


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

5.3.25

Gloria Fuertes. II

El amor me ha vendado antes de herirme,
me ha cegado los ojos y no veo;
desgarré la ilusión de un manotazo,
tras la ilusión pasión, aún te quiero.
   
Venciste tú como eres
y no como quisiera yo que fueras.
Qué fuerte debe ser, de todas formas
no sé si durará, de esta manera!


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

3.3.25

Concha Lagos. Campo abierto

Enamoradamente he vuelto la cabeza,
allí, por la mañana de luz y de claveles,
con la viva alegría
del viajero que vuelve al lugar deseado.
   
Enamoradamente por los altos balcones,
entre jardines tibios, con risas de muchachas
que ya están presintiendo el roce del amor.
   
Lanzad, lanzad los lazos, Sujetadlo con bridas.
Es el amor, cogedle. No perdáis un instante.


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

27.2.25

Elena Martín Vivaldi. Porque unos labios dicen

(Homenaje a Vicente Aleixandre)

Mi nombre fue un sonido
por unos labios...
Vicente Aleixandre

Porque un nombre es un nombre,
solo existe
cuando madura, fruto, en otra boca,
y se hace aroma, se hace sabor. Y crece.
Completa el mundo.
Nace.
Y ya es un hombre, una mujer. No símbolo.
El círculo cumplido.
Alguien que existe porque lo han nombrado los presentidos labios.
Y tras el nombre, siente,
oye y sueña,
asiste a la creación, comtempla, atiende
la luz al desvelarse.
Escucha al viento,
mira
la luna entre la acacia,
acaricia la lluvia y la recibe,
cree en el dolor y vive de amarillos.
Toca, y sus manos saben de la dura corteza y del ufano
resplandor de la carne.
   
Y vive y mira, ve. Siente en su pulso
el río desbocado de la sangre.
Las cosas tienen rasgos. Se perfila aquel rostro,
líneas que redondean la esperanza.

Porque ya empieza un nombre.
y andan de nuevo todos los relojes,
las horas se extasían de minutos
reales y tangibles,
y se abren los minutos en segundos,
latiendo en cada uno total vida.
Que ahora son verdad todas las sílabas,
una a una brillantes en sorpresa y asombro,
significando, siendo.
   
Porque ahora es ya un sonido
lo que antes fuera sombra en un silencio:
porque unos labios dicen.


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

23.2.25

Josefina de la Torre. Sé que es mudable y en cambiar se ufana...

Sé que es mudable y en cambiar se ufana.
Que todo lo repite y nada es nuevo.
Que la mirada que en amores gana,
pierde en amores, siendo amor el cebo.
   
Sé que lo que hoy es templo decisivo,
mañana será tumba indiferente;
y que los versos que hoy ofrece, altivo,
a otra, mañana, ofrecerá inclemente.
   
Todo esto lo sé. Nada me obliga.
Y aun conociendo el mal, al mal aspiro:
porque sin mal, no hay bien que amores diga.
   
Que en la gracia mudable de su giro
está toda la savia de la ortiga:
si es que a dar en el blanco alcanza el tiro.
   

En "Los cien mejores poemas de amor en español"
     

20.2.25

Elisabeth Mulder. El pulpo

Una noche soñé que un pulpo me quería.
Oh, la indecible angustia de aquella aberración!
Nunca he sufrido tanto; cuando amaneció el día
dijérase que había perdido la razón.

Alguien ha visto un pulpo acercársele quedo.
asqueroso y lascivo, monstruoso y feroz?
Por vez primera supe qué es ser presa del miedo,
qué es hundirse en la sima de una demencia atroz.
   
Él caminaba siempre, y yo huía, yo huía;
sus tentáculos eran como una maldición
caída del infierno sobre la carne mía
que crispaba el espanto de la alucinación.
   
Qué terror! Se me helaban los gritos en la boca.
Qué terror! No acertaba ni auxilio a demandar.
Y él avanzaba siempre, y yo, como una loca,
ni siquiera sabía hacia dónde escapar.
   
Un tentáculo horrible sobre mí iba a caer
como una helada mano blancuzca y amarilla,
cuando al fin dando un grito que sacudió mi ser
desperté sollozando de aquella pesadilla
   
que me hizo conocer el infierno del pánico,
el dolor de lo innoble, el terror de lo infecto
encarnado en lo inmundo de aquel pulpo satánico,
tenebroso y maldito, misterioso y abyecto.
   
Si en mis ojos a veces un terror pavoroso
refleja la impotencia de un grito silencioso,
si parece que miro una horrenda visión,
si a veces en mis labios hay un temblor de agonía,
es desde que soñé que un pulpo me quería.
Cómo olvidar la angustia de aquella aberración?


De "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

16.2.25

Pilar de Valderrama. Este beso

Este beso que tiembla en tu boca
y en la boca mía,
tiene un dejo de amarga verdad,
de dulce mentira,
es licor de muerte
y es a un tiempo venero de vida.
Es Infierno por senda de flores
es la Gloria por senda de espinas.
Es risa entre llanto, 
es llanto entre risa.
Es abismo muy hondo... muy negro...
que una astral claridad ilumina.
Es el árbol que guarda en sus ramas
la fruta prohibida,
y cuando a ella se alarga la mano
una fuerza interior, la retira.
   
Es embrujamiento.
Pecado que brinda
en el fondo un aroma muy puro
de incienso y de mirra...
Pecado que enciende
tanto fuego que al fin, purifica.
   
Este beso que fue condenando
nuestros mabios a eterna sequía;
que nos fue, poco a poco, mermando
la sangre y la vida...
Ahora ya en el umbral de la muerte
aún le siento que vivo palpita,
este beso que nunca se dieron
tu boca y la mía!


En "Los cien mejores poemas de amor en español"