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22.7.19

Carmen Martín Gaite. Repasando los Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas, de Manuel Serrano Sanz...

Repasando los Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas, de Manuel Serrano Sanz, que abarca de 1404 a 1833, llaman la atención dos particularidades comunes a la gran mayoría de estas mujeres, que podrían ayudar como punto de partida para el examen de su labor.
En primer lugar se constata que, casi sin excepción, todas fueron autodidactas, y la satisfacción de leer tuvieron que procurársela a hurtadillas, como un lujo casi pecaminoso. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que hasta llegar al padre Feijoo, primer paladín bienintencionado en defensa del sexo femenino, son incontables los tratados y sermonarios donde se tenía por peligroso y nocivo cualquier tipo de instrucción que las mujeres no recibieran a través de los libros de devoción o de las enseñanzas de carácter doméstico recibidas por vía materna.
 
 
De "Mirando a través de la ventana"
uno de los ensayos de "Desde la ventana"
     

24.2.19

Carmen Martín Gaite cita dos poemas de Rosalía de Castro

Y, reviviendo, allí clavada, mis propios sueños juveniles de provinciana ventanera, los asociaba con la visión de un camino entrevisto por la ventana y que debe llevar a la aventura, aunque no se sabe adónde va; así literalmente lo expresó ella:

   Dend eiquí vexo un camiño
   que non sei adonde vai;
   po lo mismo que nos sei
   quixiera o poder andar.

Y también me acordé de aquellos versos suyos:

   Yo desde mi ventana
   que azotan los airados elementos
   regocijada y prematura escucho
   el discorde concierto
   simpático de mi alma.
   Oh, mi amigo el invierno!


De "Desde la ventana"
    

12.11.18

Carmen Martín Gaite. Dos citas de María de Zayas y Sotomayor

Precisamente en la literatura escrita por mujeres se encuentran a veces protestas más o menos veladas contra las dificultades que los hombres ponían a su instrucción. En el siglo XVII, María de Zayas y Sotomayor dejó escrito:
Por tenernos sujetas desde que nacimos, vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con temores de honra y el entendimiento con el recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas y por libros almohadillas.
Y en otro lugar de sus Novelas amorosas y ejemplares, se quejaba en los siguiente términos:
La verdadera causa de no ser las mujeres doctas no es defecto de caudal sino falta de aplicación, porque si en nuestra crianza, como nos ponen el cambray en las almohadillas y los dibujos en el bastidor, nos dieran libros y preceptores, fuéramos tan aptas para los puestos como los hombres.


De "Desde la ventana"
     

17.4.18

Carmen Martín Gaite cita un poema de sor Juana Inés de la Cruz

La monja mexicana sor Juana Inés de la Cruz, en las Redondillas contra las injusticias de los hombres al hablar de las mujeres se expresa así:

   Hombres necios, que acusaís
   a la mujer sin razón,
   sin ver que sois la ocasión
   de lo mismo que culpáis;
   si con ansia sin igual
   solicitáis su desdén,
   cómo queréis que obren bien
   si las incitáis mal?
   Combatís su resistencia
   y luego con gravedad
   decís que fue liviandad
   lo que hizo la diligencia.
   Dan vuestras amantes penas
   a sus libertades alas
   y después de hacerlas malas
   las queréis hallar muy buenas.
   Pues para qué os espantáis
   de la culpa que tenéis?
   Queredlas cual las hacéis
   o hacedlas cual las buscáis.

Las dos últimas estrofas de este poema ponen el dedo sobre la llaga principal de la cuestión. Las mujeres no existían como tales, las fabricaban los hombres, eran el reflejo de lo que la literatura registraba, bien superficialmente, por cierto. Pero en su verdadera condición, en la naturaleza de sus ansias, contradicciones y sufrimientos no profundizaba nadie.


De "Desde la ventana"
    

23.3.18

Carmen Martín Gaite cita un poema de Gertrudis Gómez de Avellaneda

El siglo XIX es la época por excelencia de la novela pasional leída por mujeres más conscientes que nunca de la banalidad de su existencia. Y que, deseosas de identificarse con aquellas heroínas pálidas, enamoradas y audaces de la ficción, aborrecían las cuatro paredes de su casa, se sentían incomprendidas, colmadas de vagos anhelos sin cauce, y empezaban a ser víctimas inconscientes de lo que años más tarde Betty Friedan diagnosticó como "el indefinible malestar".
Pero este malestar, por mucho que constituyera el tema principal de las lucubraciones masculinas, nunca lo he visto descrito de una forma tan sincera y precisa como en un texto de mujer que lo había padecido. Se trata del poema de Gertrudis Gómez de Avellaneda que se titula "Mi mal" y dice así:

   En vano ansiosa tu amistad procura
   adivinar el mal que me atormenta.
   En vano, amigo, conmovida intenta
   revelarlo mi voz a tu ternura.
   Puede explicarse el ansia, la locura
   con que el amor sus fuegos alimenta,
   puede el dolor la saña más violenta
   exhalar por el labio su amargura.
   Más de decir mi voz, mi pensamiento, medio,
   al indagar su origen me confundo.
   Pero es un mal terrible, sin remedio,
   que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
   que seca el corazón; en fin, es tedio!


De "Desde la ventana"
    

28.2.18

Carmen Martín Gaite. Sobre Andrea, la protagonista de "Nada" de Carmen Laforet

En una palabra, Andrea es una chica "rara", infrecuente.
Este paradigma de mujer, que de una manera o de otra pone en cuestión la "normalidad" de la conducta amorosa y doméstica que la sociedad mandaba acatar, va a verse repetido con algunas variantes en otros textos de mujeres como Ana María Matute, Dolores Medio y yo misma. Y por ser Andrea el precedente literario de la "chica rara", en abierta ruptura con el comportamiento femenino habitual en otras novelas anteriores escritas por mujeres, es por lo que interesa analizar los componentes de su rareza, relacionándolos con la época en que este tipo de mujer empieza a tomar cuerpo.
En una España como la de la primera posguerra, anclada en la tradición y agresivamente suspicaz frente a cualquier "novedad" ideológica que llegara del extranjero, el escepticismo de Andrea y las peculiaridades insólitas de su conducta la convierten en audaz pionera de las corrientes existencialistas tan temidas y amordazadas por la censura española, que en general aborrecía de las excepciones.


De "La chica rara"
De "Desde la ventana"

15.1.18

Carmen Martín Gaite cita a Carolina Coronado

Siendo aún casi una niña, Carolina Coronado traducía así su bloqueo frente a la letra escrita:

   Yo me siento violenta y comprimida,
   como el niño que hablar quiere y no sabe;
   una cosa en mi alma está escondida,
   vivo abrumada por su peso grave.
   Un concierto suave
   escucho en mis sentidos,
   cual si dentro de mí hubiera sonidos.

Cómo poner concierto a esa algarabía confusa de sonidos, sofocados en el mismo momento en que intentan encontrar la puerta de la jaula que los aprisiona? Lo que estaba preguntando la poetisa romántica era: A qué reglas dialécticas tengo que atenerme? Porque no lo sabía.


De "Desde la ventana"

20.10.17

Carmen Martín Gaite. Desde la ventana

   La cuestión de si las mujeres tienen un modo particular de escribir, que pueda dar lugar a un tratamiento crítico también particular de su obra literaria, nunca me había preocupado ni a la hora de enfrentarme con un papel en blanco ni a la de embeberme en la lectura de una novela o un poema rubricados por firma femenina.
   Recuerdo muy bien que el primer texto que despertó mi curiosidad con relación a este asunto y me hizo reflexionar sobre él, fue un ensayo de Virginia Woolf, A room of one's own (Una habitación propia), que leí durante mi primera estancia en Nueva York, en el otoño de 1980.
   Es bien sabido que la relación apasionada del lector con determinados libros, esos que dejan huella especial en él y remueven su pensamiento y su fantasía disparándolos hacia derroteros inesperados, esta condicionada por las circunstancias personales que rodean al encuentro. De hecho, conocemos a muchos lectores que, antes de recomendar un libro que les ha impresionado, nos cuentan con deleite la historia de cómo se toparon con él, historia ya ligada de forma inseparable a los comentarios provocados por su lectura. Generalmente, como ocurre en la recapitulación de una aventura amorosa, lo que ponen de relieve estos narradores es el acontecimiento como estímulo. Notan que les ha pasado algo diferente, que han descubierto la voz de un amigo nuevo y al mismo tiempo de toda la vida. Pero, más que nada, que les habla directamente, que les ha llovido de no se sabe dónde para sacudir la apatía y quebrar la soledad de unas horas desaprovechadas, átonas, sin horizonte. El deslumbramiento del lector ante ese texto que cae en sus manos milagrosa y casualmente, en el momento más oportuno para recibirlo, proviene de eso: de que le ha hecho sentirse destinatario y cómplice de un mensaje que se diría dedicado en exclusiva a él, que se adapta como un guante a su piel de ese día.


De la Introducción a "Desde la ventana"