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7.9.20

Rosario Castellanos cita a Isak Dinesen

"De donde ha sacado usted la peregrina idea, señor cardenal -preguntó miss Malin a su interlocutor, Hamilcar von Schestedt, mientras ambos afrontan, en el precario refugio de un granero, la catástrofe de The Deluge at Norderney-, la peregrina idea de que Dios quiere la verdad sobre nosotros? Para qué habría de quererla si ya la conoce y aun ha de parecerle ligeramente aburrida? La verdad es para los sastres y para los zapateros." Lo que agrada a la divinidad son las máscaras, el disfraz, las sorpresas que deparan las apariencias con sus metamorfosis incesantes. Sorpresas que no advertimos demasiado absortos respondiendo a los apremios de lo inmediato, entorpecidos por la rutina de lo cotidiano. La revelación que nos asombra no se produce más que por medio de la poesía, más que por el uso de la imaginación que "no debe temer el absurdo ni retroceder ante lo fantástico y que, puesta a elegir entre las alternativas de un dilema, ha de inclinarse hacia la solución más difícil por inaudita".
He aquí el credo artístico de la baronesa Karen Blixen quien, aunque de origen danés, escribió en la lengua de Shakespeare "por lealtad al idioma de su amante difunto" y que para ocultar su identidad (esa trampa en la que caemos al nacer, esa cárcel en la que nos dejamos encerrar, esa esclavitud contra la que no atinamos a sublevarnos) se escudó tras un seudónimo en el que se mezcla una figura bíblica con uno de sus apellidos de soltera: Isak Dinesen.
El nombre es masculino, y si esto es una pista, es una pista falsa, porque lo que se nos está proponiendo descifrar es el significado etimológico de la palabra. Isak es "el que ríe". 


De ""Por sus máscaras los conoceréis..." Karen Blixen - Isak Dinesen"
    En el libro "Mujer que sabe latín..."
   

12.1.20

Rosario Castellanos sobre Agatha Christie

Agatha Christie supo adivinar, bajo la placidez de las pequeñas aldeas inglesas, las ambiciones ocultas, los rencores soterrados, los esqueletos escondidos en los armarios de esas residencias campestres que son la respetabilidad petrificada, la solidez desafiando el embate de los siglos.
Agatha Christie no se dejó engañar por las apariencias de la modesta ama de casa que usaba ese disfraz para proteger a la experta envenenadora, ni de la solterona, a la que se le agotaba la paciencia aguardando el legado del pariente rico; ni del pukka sahib que usurpaba el título y la fortuna de su víctima desaparecida en las vastas regiones de la India. 


De "Bellas damas sin piedad"
en el libro "Mujer que sabe latín"
    

1.10.19

Rosario Castellanos. La mujer y su imagen

A lo largo de la historia (la historia es el archivo de los hechos cumplidos por el hombre, y todo lo que queda fuera de él pertenece al reino de la conjetura, de la fábula, de la leyenda, de la mentira) la mujer ha sido, más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito.
Simone de Beauvoir afirma que el mito implica siempre un sujeto que proyecta sus esperanzas y sus temores hacia el cielo de lo trascendente. En el caso que nos ocupa, el hombre convierte a lo femenino en un receptáculo de estados de ánimo contradictorios y lo coloca en un más allá en el que se nos muestra una figura, si bien variable en sus formas, monótona en su significado. Y el proceso mitificador, que es acumulativo, alcanza a cubrir sus invenciones de una densidad tan opaca, las aloja en niveles tan profundos de la conciencia y en estratos tan remotos del pasado, que impide la contemplación libre y directa del objeto, el conocimiento claro del ser al que ha sustituido y usurpado.
El creador y espectador del mito ya no ven en la mujer a alguien de carne y hueso, con ciertas características biológicas, fisiológicas y psicológicas, menos aún perciben en ella las cualidades de una persona que se les semeja en dignidad aunque se diferencia en conducta, sino que advierten sólo la encarnación de algún principio generalmente maléfico, fundamentalmente antagónico.


De "La mujer y su imagen"