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21.7.14

Elizabeth Bowen. Nuestras lealtades y nuestros sentimientos...

Nuestras lealtades y nuestros sentimientos -por llamarlos de algún modo- son tan instintivos que uno apenas sabe que existen: solo cuando los traicionamos comprendemos su importancia. Esa traición marca el fin de una vida interior sin la cual lo cotidiano se vuelve amenazador o insignificante. En el fondo del alma naufraga, de pronto, un paisaje misterioso cuyas perspectivas llegan a ser infinitas: es como ser desterrados para siempre de un país y no encontrar en ningún lado rastros de su paisaje.


De "La muerte del corazón"

31.12.13

Elizabeth Bowen. Admitámoslo...

Admitámoslo, nadie está nunca a la altura de lo que esperan los demás. Creamos situaciones invisibles para los otros y después se nos rompe el corazón. No es necesario estar enamorado para ser estúpido... Más bien pienso que somos más estúpidos cuando no estamos enamorados, porque hacemos un drama de cualquier cosa.
   
De "La muerte del corazón"

17.3.13

Elizabeth Bowen. No bien llegó marzo...

No bien llegó marzo florecieron los azafranes y se tiñeron enseguida de púrpura y amarillo. Muy pronto se corrió la voz: era posible pasear por allí después del té. Es a las cinco de la tarde, más o menos, cuando suena la primera hora de la primavera; el otoño llega muy temprano por la mañana; la primavera llega al final de un día invernal. A punto de caer la noche, el aire se vuelve más ligero y se ve atravesado por una misteriosa luz blanca; el manto de oscuridad queda suspendido, como a la espera de que ocurra algún hecho sin precedentes. Puede que aún no sea la hora del crepúsculo y que los árboles no estén todavía en flor, pero los sentidos quedan atrapados por un presagio, por un presentimiento tan tenue y, sin embargo, tan concreto que hace girar nuestra mente y exalta nuestro corazón.

De "La muerte del corazón"

12.2.13

Elizabeth Bowen. Pero usted escribe libros...

-Pero usted escribe libros. Y pasa el día escribiéndolos, verdad?
-Lo que escribo en ellos nunca ha ocurrido. Podría haber ocurrido, es cierto, pero en verdad no sucedió. Y, aunque lo que se siente en ellos es plausible (y es, en el fondo, mucho más plausible de lo que imagina la gente), también es bastante improbable. Por lo tanto, es un juego al que yo me consagro. Y nunca escribiría acerca de algo que ha sucedido de verdad. Nuestra naturaleza es olvidar, y uno debe cumplirla. La memoria es bastante insoportable, pero, así y todo, desecha bastantes cosas. Nos defraudaría sino fuera, en cierta medida, una farsa: recordamos para hacer de ello lo que queremos. En serio, Portia, debes creerme: si no nos permitiéramos unas pocas mentiras, no sé cómo soportaríamos el pasado. Gracias a Dios, salvo en el instante exacto en el que sucede, no existe eso que se llama un hecho puro, desnudo. Diez minutos más tarde, media hora más tarde, empezamos a reescribir lo sucedido. "Las horas que he pasado contigo, mi amada, son como perlas para mí."
  
De "La muerte del corazón"

16.1.13

Elizabeth Bowen. La muerte del corazón

   El hielo de esa mañana, apenas una frágil costra, se había quebrado y flotaba en pedazos. Los pequeños bloques chocaban o se separaban formando unos canales de agua oscura por los que unos cisnes nadaban con lenta indignación. Las islas se recortaban en el crepúsculo sombrío, boscoso, helado: eran las tres o las cuatro de la tarde. Una especie de hálito de arcilla, procedente de la ciudad se erguía más allá del parque, se condensaba, enturbiando el aire; tras esa atmósfera impura, los árboles alzaban frigidamente sus copas alrededor del lago.
  
Principio de "La muerte del corazón"

12.6.07

Elizabeth Bowen

Elizabeth Bowen (Elizabeth Dorothea Cole Bowen) (Dublín, Irlanda, 7 de junio de 1899 - Hythe Kent, 22 de febrero de 1973) fue una escritora anglo-irlandesa.


Obras citadas en este blog: