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8.10.26

Han Kang. La luz y el hilo

En enero del año pasado, cuando estaba vaciando un trastero para una mudanza, me encontré una vieja caja de zapatos. Al abrirla, descubrí unos diarios que había llevado de niña. Fue entre esos diarios donde encontré un cuadernillo encuadernado a mano con la palabra «Poemario» escrita a lápiz en la portada. Eran cinco hojas de papel reciclado tamaño A5, dobladas por la mitad y grapadas. Debajo del título había dos líneas irregulares dibujadas una al lado de la otra: una escalera de seis peldaños que subía por la izquierda y otra de siete peldaños que bajaba por la derecha. Era una especie de ilustración de portada? O se trataba solo de un garabato? En la contraportada figuraban el año 1979 y mi nombre, y dentro había ocho poemas, todos escritos a lápiz con la misma letra que el título de la portada. En la parte inferior de cada página aparecían ocho fechas distintas siguiendo un orden cronológico. Y entre las inocentes y torpes frases propias de una niña de ocho años, me llamó la atención un poema fechado en abril que comenzaba con estos versos:
Dónde está el amor?
Dentro de mi pecho palpitante. 
  
Qué es el amor?
El hilo dorado que une nuestros corazones.



Principio de "La luz y el hilo"
   

26.3.26

Han Kang. Tinta y sangre

La blanquecina acera estaba congelada y yo no dejaba de resbalar con mis zapatos gastados. Saqué las manos de los bolsillos para no caerme y el viento cortante me heló los dedos. Apretando los puños enrojecidos, seguí andando. Ya cerca de la parada del autobús, recordé el sueño que había tenido la noche anterior.


Principio de "Tinta y sangre"
    

11.10.25

Han Kang. Imposible decir adiós

Caía una nieve rala. 
La llanura en la que me encontraba lindaba con una colina, sobre cuya ladera había plantados miles de troncos negros. Gruesos como durmientes de ferrocarril, todos tenían alturas distintas, como personas de diferentes edades. Sin embargo, no eran rectos como durmientes, sino ligeramente ladeados y curvos, como miles de hombres, mujeres y niños escuálidos andando cabizbajos bajo la nieve.


Principio de "Imposible decir adiós"
   

18.7.25

Han Kang. Actos humanos

-Parece que va a llover... Y si llueve de verdad? -murmuras entornando los ojos y observando los ginkgos delante del edificio del Gobierno Provincial, como si de pronto fuera a aparecer la silueta del viento entre las ramas que se agitan, como si las gotas de lluvia fueran a salir expelidas de los resquicios del aire para quedar flotando en la atmósfera como brillantes gemas cristalinas.


Principio de "Actos humanos"
    

28.4.25

Han Kang. Palabras de la poeta

Algunas tardes fueron transparentes
(como a veces las madrugadas)
   
Hay una quietud redonda
dentro de la llama


De "Guardé el anochecer en el cajón"
   

25.2.25

Han Kang. La clase de griego

Borges le pidió a María Kodama que grabara en su lápida la frase "é tomó su espada, y colocó el metal desnudo entre los dos". Kodama, la hermosa y joven mujer de ascendencia japonesa que fuera su secretaria, se casó con Borges cuando este tenía ochenta y siete años y compartió los últimos tres meses de la vida del escritor. Ella fue quien lo acompañó en su tránsito postrero, que acaeció en Ginebra, la ciudad donde el escritor pasó su infancia y donde deseaba ser enterrado.


Principio de "La clase de griego"
    

16.12.24

Han Kang. Blanco

Lo primero que hice la primavera en que decidí escribir sobre el blanco fue hacer una lista:
   
   Manta de bebé
   Bata de recién nacido
   Sal
   Nieve
   Hielo
   Luna
   Arroz
   Ola
   Magnolia blanca
   Pájaro blanco
   Risa blanca 
   Papel blanco
   Perro blanco
   Canas
   Mortaja
   
Mi corazón se estremeció de un modo inusitado cuando escribía estas palabras. Deseé terminar sin falta este libro, tuve la sensación de que el proceso de escribirlo iba a traerme aparejado un cambio. Necesitaba ponerme en las heridas un ungüento claro y recubrirlas después con una gasa blanca.


Principio de "Blanco"
    

18.10.24

Han Kang. La vegetariana

Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez. No era ni muy alta ni muy baja, llevaba una melena ni larga ni corta, tenía la piel seca y amarillenta, sus ojos eran pequeños, los pómulos algo prominentes, y vestía ropas sin color como si tuviera miedo de verse demasiado personal. Calzada con unos zapatos negros muy sencillos, se acercó a la mesa en la que yo estaba sentado con pasos que no eran rápidos ni lentos, ni enérgicos ni débiles.
Si me casé con ella fue porque, así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular.


Principio de "La vegetariana"
    

30.1.05