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23.4.23

Gaspara Stampa. Si de arder y de amar nunca me canso...

Si de arder y de amar nunca me canso,
antes siento acrecer lo uno y lo otro,
y de lo uno y de lo otro no me duelo,
mal sabe Amor que está a mi lado siempre,

por qué siempre me deja la esperanza,
cual niebla por el viento combatida,
la esperanza, contento de mi pecho,
sin la cual no se vive, y no he vivido?

En medio de mi pecho a veces dice
un incógnito miedo: "Oh, pobrecilla,
no has de vivir feliz por mucho tiempo;

pues puede abandonarte sin tardanza
la luz que es de tus ojos la ventura,
y con ello acabar todos tus gozos."


En "Tres poetisas italianas del renacimiento"
     

4.6.18

Chiara Matraini. Fiero yo soy de este lugar umbrío...

Fiero yo soy de este lugar umbrío
que con la fecha en la mitad del pecho
huyo, triste, el final de mis pesares
y el cerco que me oprime lentamente.

Y cual ave que el fuego entre las plumas
siente arder, por lo cual volando sale
del dulce nido, mientras del incendio
huye, el fuego reaviva con las alas;

así yo al aura estiva entre las sombras,
volando a lo alto en alas del deseo,
busco escapar del fuego que me quema.

Pero cuando más voy de orilla a orilla
huyendo de mi mal, con fiero asalto
lenta muerte procuro al vivir corto.


De "Tres poetisas italianas del renacimiento"
    

25.2.18

Vittoria Colonna. Al desatar la muerte el nudo amado...

Al desatar la muerte el nudo amado
que ataron cielo, amor, naturaleza,
me robó mi aliento y mi deleite,
mas ató el alma en forma aún más estrecha.

Este es el lazo aquel que alabo y precio,
que de cualquier mundano error me aparta:
y me mantiene en el camino honesto
donde me gozo en mi querer mudado.

Yermos los cuerpos, mas fecunda el alma,
pues su valor dejó tan claro rayo
que ha de ser siempre luz del nombre mío.

Si me fue el cielo avaro en otras gracias,
y si mi amado bien me hurta la muerte,
vivo con él: esto es cuanto deseo.


En "Tres poetisas italianas del renacimiento"
     

25.2.17

Vittoria Colonna. Tan sólo escribo para ahogar el llanto...

Tan sólo escribo para ahogar el llanto
que a mi pecho alimenta únicamente,
y no por añadir luz a mi sol,
que dejó en tierra tan preciados restos.

Justa razón a lamentar me empuja;
mucho me duele el relucir su gloria;
con palabras más sabias y otra pluma
quitarán a la muerte otros su fama.

Mi fe pura, mi ardor, mi intensa pena
ante todos me excuse, que es tan grave
que no la enfrenan la razón ni el tiempo.

Un amargo llorar, no un dulce canto,
no voz serena, lúgubres suspiros,
no en estilo, en dolor me dan ventaja.


En "Tres poetisas italianas del renacimiento"
     

25.2.16

Vittoria Colonna. Cuando el gran resplandor por el oriente...

Cuando el gran resplandor por el oriente
levanta el negro manto de la noche,
y al hielo y sombra fría de la tierra
los disuelve y ahuyenta con sus rayos:

con las primeras cuitas, que mi sueño
mitigó dulcemente, ahora me oprime:
arroja sombra en todos mis placeres
cuando en todos los otros la levanta.

Así me fuerza la enemiga estrella
a escapar de la luz y amar lo oscuro,
a odiar la vida y desear la muerte.

Luce en los míos si a otros ojos ciega,
porque se abren las puertas, sí los cierro,
a la ocasión que hasta mi sol conduce.

8.11.14

Chiara Matraini. Mi bello y dulce imán vivo que al irse...

Mi bello y dulce imán vivo que al irse,
de una manera tan maravillosa
mi alma estrechaste con tan dulce nudo,
que sólo unida a vos la tendrá siempre;

no está de vos mi mente separada,
si bien, lejos de vos, de vos no gozo
la adorada visión, mas siempre escucho
llamarme a donde invita mi deseo.

Por vos tan puro lazo Amor me anuda
de estable y pura fe en torno a mi cuello,
que el corazón desprecia otras cadenas.

Cuando éste aprieta afloja cualquier nudo,
y rompió el arco, victorioso, el día
que en mí hizo eterno su postrer incendio.


31.1.14

Chiara Matraini. Estos vientos contrarios y tan fieros...

Estos vientos contrarios y tan fieros
que a las olas golpean en las rocas,
son cual de mi enemigo el gran orgullo
contra mi alto y mi firme pensamiento.

Y esas hórridas nubes tan sombrías,
donde la tempestad más se enardece,
son como mis congojas pesarosas,
contra mi paz guerreros desalmados;

y la cansada y débil navecilla
que trunca está de mástiles y jarcias,
sin timonel entre terribles ondas,

como mi alma afligida, y de su estrella
privada y separada de su anhelo,
cuando el cielo su luz al alma esconde.

24.1.14

Gaspara Stampa. Oh noche, para mí dichosa y clara...

Oh noche, para mí dichosa y clara
más que el día más claro y más dichoso,
noche digna de ser por las más grandes
y raras mentes, no por mí, alabada.

Tú de mi gozo has sido únicamente
dispersadora fiel, tú la amargura
de mi vida en dulzores has trocado
al ponerme en los brazos que me anudan.

Me faltó únicamente el convertirme
en la dichosa Alcmena, a quien la Aurora
en regresar tardó más de lo usado.

Aunque tan grande bien, cándida noche
decir de ti no pueda, porque entonces
al canto el argumento vencería.

17.1.14

Vittoria Colonna. Si para conservar de noche el fuego...

Si para conservar de noche el fuego
de las brasas prendidas en la tarde
en el tronco encendido, es necesario
cubrirlas y que no se manifiesten;

cuánto más es preciso, hora tras hora,
cerrar a todo entorno los sentidos,
para que guarden vivos los hermosos
espíritus divinos en el pecho.

Si abrimos en la oscura y fría noche
la puerta al enemigo viento, poco
del corazón han de durar las brasas.

Hay que ordenar con un sutil cuidado
los sentidos, no apaguen en nuestra alma
las insidias de afuera el fuego interno.