Mostrando entradas con la etiqueta Elizabeth Jane Howard.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elizabeth Jane Howard.... Mostrar todas las entradas

14.2.24

Elizabeth Jane Howard. Esa clase de chica

-Claro que no me importa, cariño. En absoluto -dijo ella.
Llevaba puesta la parte superior del pijama de su marido y extendía mermelada de cereza sobre una tostada. Pensó un momento y añadió:
-Me encantará tener a alguien con quien hablar mientras estás en Londres.
Edmund Cornhill contempló a su mujer por un momento sin responder. En ocasiones como esta -se decía a sí mismo- su habitual devoción por ella se cargaba de algo extremadamente erótico.
Lo que le gustaba de Anne -siguió pensando en silencio (era un hombre que mantenía un continuo monólogo interior del que pocas palabras llegaban a escucharse en voz alta)- era la manera en la que se las ingeniaba siempre para aceptar de forma racional cualquier sacrificio que él le pidiera. Ella no se limitaba a decir que lo que quiera que fuese iba a estar bien; decía por qué lo estaría y, por supuesto, casi siempre tenía razón.


Principio de "Esa clase de chica"
    

6.4.23

Elizabeth Jane Howard. Después de Julius

Es una mañana de viernes de noviembre.
Se despertó exactamente a las siete y cuarto, en la habitación trasera del ático de Lansdowne Road. Catorce minutos después sonaría el teléfono y la voz de un hombre -cargada con ese aire de urgencia rutinaria que asociaba a las películas de guerra: "Enemigo en posición Verde-320"- le diría que eran las siete y media, cosa que por supuesto ya sabría. Sin embargo, cuando probaba a cancelar el servicio, no era capaz de despertarse sola. Esos quince minutos, que en cierto modo eran un preludio del día, podrían aprovecharse sin duda para algo útil o agradable, pero en general se quedaba tumbada, dominada por la anticipación de aquel timbre estridente, y, cuando sonaba, cogía el auricular tan rápido que la voz siempre se demoraba en hablar.


Principio de "Después de Julius"
    

27.6.22

Elizabeth Jane Howard. Después de su muerte...

después de su muerte, nada: rechazo furioso, desesperación gélida; el sol se había ido, no quedaba nada salvo una confusión muda y oscura

De "Como cambia el mar"
    

1.10.21

Elizabeth Jane Howard. Una vez más...

Una vez más, limpió la nieve de la tumba de Sid; las campanillas de invierno estaban intactas y dejó la prímula junto a ellas. Normalmente, rezaba una breve oración por Sid; esta vez habló con ella.
-Voy a hacer lo que me dijiste, cariño. Voy a intentar seguir viviendo sin ti, como me pediste que hiciera. Nunca jamás te olvidaré. Siempre serás mi único amor. Fuiste muy valiente en la muerte, y es hora de que yo tenga un poco de valor para vivir. Empezaré por quedarme con Polly. Le escribiré esta noche.
Acarició la lápida que tenía grabado el nombre de Sid, sabiendo que aquello era otra despedida.
Pero siempre la llevaré en el corazón, pensó de camino a casa. Mi queridísima Sid.


De "Todo cambia"
    

24.8.21

Elizabeth Jane Howard. Como una ola inmensa y gélida...

Al salir del baño, la certeza de que lo había perdido para siempre la embistió como una ola inmensa y gélida que amenazaba con tragársela o ahogarla; incapaz de mantenerse en pie, se derrumbó sobre el desvencijado diván. El cojín conservaba la marca de la cabeza de Jack; hundió la cara en el hueco y gritó. 
Más tarde, cuando hubo llorado todo lo que tenía que llorar, se sentó y empezó a recoger las cosas.


De "Un tiempo nuevo"
     

16.6.21

Elizabeth Jane Howard. Hablaban de libros...

Hablaban de libros que él le había recomendado, y de películas que veían, analizando los personajes como si fueran los amigos comunes que, por lo demás, no tenían. La cama se convirtió en el lugar más seguro. Allí no había censura. La familiaridad intensificaba el placer, y el más mínimo descubrimiento sobre la sensualidad del otro pasaba a ser un gozo añadido. El sexo no consistía tanto en quitarse la ropa como en pasar a formar parte del cuerpo del otro, le había dicho Zoë una noche.


De "Confusión"
    

10.4.21

Elizabeth Jane Howard. Tiempo de espera

Home place 
Septiembre de 1939

Alguien había apagado la radio, y, a pesar de que el salón estaba lleno de gente, reinaba un silencio absoluto, un silencio en el que Polly sentía, y casi oía, los latidos de su corazón. Mientra nadie hablase, mientras nadie se moviese, la paz no habría llegado aún a su fin...


Principio de "Tiempo de espera"
    

17.2.21

Elizabeth Jane Howard. Los años ligeros

Lansdowne Road
1937

El día comenzó a las siete menos cinco, cuando el despertador de Phyllis (regalo de su madre cuando entró a servir) sonó y siguió sonando y sonando hasta que lo apagó. La otra cama de hierro chirrió mientras Edna, refunfuñando, se daba la vuela y se acurrucada contra la pared; incluso en verano detestaba levantarse, y a veces en invierno Phyllis tenía que arrancarle las sábanas de un tirón. Se incorporó, se soltó la redecilla y empezó a quitarse los rulos: aquel día tenía la tarde libre, y se había lavado el pelo.


Principio de "Los años ligeros"