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1.1.25

Colette. Un año más...

Un año más... de qué sirve contarlos? Este día del año parisino no me recuerda nada más primeros días de enero de mi juventud, pero quién podría devolverme la solemnidad pueril de aquellos días de Año Nuevo de entonces? Los años han ido cambiando, y yo con ellos. El año ya no es ese camino sinuoso, esa cinta desenrollada que, después de enero, se dirige hacia la primavera, asciende y asciende hasta llegar al verano para desenrollarse completamente en una tranquila llanura, en un prado abrasador atravesado por sombras azules, manchado por deslumbrantes geranios; posteriormente, desciende hacia un otoño maloliente y nublado que hiede a pantano, a fruta madura y a caza y, finalmente, se adentra en un invierno seco, sonoro, reluciente en los estanques helados y en la nieve rosácea bajo el cielo... Al final, la cinta sinuosa se precipita vertiginosamente hasta romperse de manera definitiva ante una maravillosa y aislada fecha, suspendida como una flor de escarcha entre dos años: el día de Año Nuevo.


De "Fantasía de Año Nuevo"
En "Regalos de invierno"

6.1.23

Colette. Es necesario envejecer

"Es necesario envejecer. No llores, no juntes las manos suplicando ni tampoco te indignes: es necesario envejecer. Repite estas palabras, no como un grito de desesperación, sino como un amado refrán que tú te cantas a ti misma como recuerdo de un necesario partir... Mírate, mira tus párpados, tus labios, aparta de tu sien los rizos de tu cabello: ya comienzas a alejarte de tu juventud; te alejarás de tu vida, no lo olvides, es necesario envejecer!
Lentamente, aléjate, lentamente, sin lágrimas; no olvides nada! Llévate contigo tu salud, tu alegría, tu coquetería, la poca bondad y la poca justicia que hizo la vida menos amarga; no lo olvides! Ve engalanada, ve tranquila y no te detengas a lo largo de la irresistible ruta, sería en vano, porque hay que envejecer! Sigue el camino y acuéstate sólo para morir. Si no has ido perdiendo poco a poco tus rizos, tus dientes, ni tus extremidades baqueteadas; si, antes de la última hora, el polvo eterno no ha cerrado tus ojos a la maravillosa luz -si, hasta el final, no has soltado la mano amiga que te guía-, cuando te tumbes en medio del vertiginoso camino sinuoso, acuéstate sonriente, duerme feliz, duerme sintiéndote privilegiada".


De "Fantasía de Año Nuevo"
En "Regalos de invierno"