Mostrando entradas con la etiqueta *Las siete edades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta *Las siete edades. Mostrar todas las entradas

9.10.25

Louise Glück. Albada

Había un verano
que volvía muchas veces
había una flor que al abrirse
adoptaba muchas formas
   
El carmesí de la monarda, el oro pálido de las últimas rosas
   
Había un amor
Había un amor, había muchas noches
   
El olor de la celinda 
Los pasillos de jazmines y azucenas
El viento seguía soplando
   
Había muchos inviernos pero cerré los ojos
El aire frío, blanco de alas deshechas 
   
Había un jardín al fundirse la nieve
Azul y blanco; no era capaz de distinguir
entre mi soledad y el amor...
   
Había un amor; eran muchas sus voces
Había un amanecer; a veces
lo mirábamos juntos
   
Estuve aquí 
Estuve aquí 
   
Había un verano que volvía una y otra vez
había un amanecer
me hice vieja mirándolo



De "Las siete edades"
    

11.8.24

Louise Glück. La musa de la felicidad

Las ventanas cerradas, el amanecer.
El ruido de unos pocos pájaros;
el jardín con una ligera capa de humedad.
Y la precariedad de las grandes esperanzas 
desaparecida de repente.
Y el corazón aún alerta.
   
Y un millar de pequeñas esperanzas que se agitan,
no recientes pero sí recién reconocidas.
Afecto, cenas con amigos.
Y la estructura de ciertas
tareas adultas.
   
La casa limpia, silenciosa.
La basura que no hace falta sacar.
   
Es un reino, no un acto de imaginación:
y aunque es muy pronto,
se abren los capullos blancos de las campanitas.
   
Es posible que hayamos pagado por fin
un precio suficientemente alto?
Que ya no se espere de nosotros ese sacrificio,
que esa angustia y terror nos basten?
   
Una ardilla corretea por los cables del teléfono,
con un currusco de pan en la boca. 
   
Y la oscuridad que en esta estación se demora.
De modo que parece ser
parte de un gran don 
gracias al cual no habrá que tenerla nunca más.
   
El día se despliega, pero muy poco a poco, una soledad
que no ha de temerse, los cambios
tenues, apenas percibidos:
   
las campanitas abiertas. 
La posibilidad
de que logremos ver su final.



De "Las siete edades"
    

7.3.24

Louise Glück. Fábula

Cada uno de nosotros tenía varios deseos.
El número cambiaba. Y lo que deseábamos...
eso también cambiaba. Porque
teníamos, todos nosotros, sueños muy diferentes.
   
Los deseos eran todos diferentes, las esperanzas diferentes.
Y los desastres y las catástrofes, siempre diferentes.
   
En grandes oleadas abandonaban la tierra,
incluso ese que siempre se pide en vano.
   
Oleadas de desaliento, oleadas de desesperado anhelo y dolor.
Oleadas de las misteriosas ansias desenfrenadas de la juventud, de los sueños de la infancia.
Precisos, acuciantes; de vez en cuando, desinteresados.
   
Todos diferentes, salvo por supuesto
el deseo de volver atrás. Inevitablemente
el primero o el último, repetido
una y mil veces...
   
Así que el eco persistía. Y el deseo
nos retenía y nos atormentaba
aunque sabíamos que en nuestro cuerpo
nunca se concedería.
   
Lo sabíamos y, en las noches oscuras, lo aceptábamos. 
Qué dulce se volvía entonces la noche,
una vez que el deseo nos liberaba,
qué absolutamente silenciosa.
   

De "Las siete edades"
    

21.9.20

Louise Glück. Memoria

Nací prudente, bajo el signo de Tauro.
Crecí en una isla, próspera,
en la segunda mitad del siglo veinte;
la sombra del Holocausto
apenas nos rozó.

Tuve una filosofía del amor, una filosofía
de la religión, ambas basadas
en mis primeras experiencias de familia.

Y si cuando escribí sólo usé unas pocas palabras
fue porque el tiempo siempre me pareció corto,
como si pudieran arrancármelo
en cualquier momento.

Y mi historia, de todos modos, no era única,
aunque, como todo el mundo, tenía una historia,
un punto de vista.

Unas pocas palabras fueron todo lo que necesité:
nutrir, sostener, atacar.




De "Las siete edades"
    

9.9.17

Louise Glück. Rayo de luna

Se alzó la niebla con un sonido ahogado. Como un 
   golpe seco.
Que era el latido del corazón. Y se alzó el sol, diluido por
   un rato.
Y después de lo que parecieron años, volvió a hundirse
y la penumbra bañó la orilla y se hizo más profunda.
Y de la nada salieron los amantes,
gente que aún tenía cuerpo y corazón. Que aún tenía
brazos, piernas, boca, aunque de día fueran
amas de casa y empresarios.

La misma noche produjo también gente como nosotros.
Eres como yo, te guste o no.
Insatisfecho, meticuloso. Y tu hambre de
   experiencia
sino de comprensión, como si se pudiera comprender en
   abstracto.

Entonces otra vez amanece y el mundo vuelve a ser
   normal.
Los amantes se arreglan el cabello; la luna reanuda su
   fútil existencia.
Y la playa es otra vez de misteriosos pájaros
que pronto aparecerán en los sellos postales.

Pero, qué hay de nuestra memoria, la memoria de los
   que dependen de imágenes?

No sirve de nada?

Se alzó la niebla, borrando toda prueba de amor.
Sin la cual sólo tenemos el espejo, tú y yo.




De "Las siete edades"
     

18.3.17

Louise Glück. La musa de la felicidad

Las ventanas cerradas, el sol que asoma.
El sonido de unos pocos pájaros:
el jardín empañado por un ligero vaho de humedad.
Y la inseguridad de la gran esperanza
esfumada de repente.
Y el corazón aún alerta.

Y mil pequeñas esperanzas que nacen,
no nuevas pero sí recién admitidas.
Afecto, comer con amigos.
Y la estructura de ciertas
tareas adultas.

La casa limpia, en silencio.
La basura que ya no es necesario sacar.

Es un reino, no un acto de la imaginación:
y todavía muy temprano,
se abren los capullos blancos de penstemon.

Es posible que por fin hayamos pagado
con suficiente amargura?
Que no se exija sacrificio,
que la angustia y el terror se hayan considerado
suficientes?

Una ardilla corre sobre el cable del teléfono,
con una corteza de pan en la boca.

Y la estación demora la llegada de la oscuridad.
De manera que parece
parte de un gran don
que ya no hay por qué temer.

El día despliega, pero muy gradualmente, una soledad
que ya no hay por qué temer, cambios
leves, apenas percibidos...
el penstemon que se abrió.
La posibilidad
de seguir viéndolo hasta el fin.




De "Las siete edades"