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24.8.12

Jean Rhys. Una sonrisa, por favor

-Una sonrisa, por favor -dijo el hombre- no te pongas tan seria.
Surgió de debajo de la tela negra. Tenía la piel de un negro cetrino y hoyuelos en la barbilla.
Miré mi vestido blanco, el que me habían regalado por mi cumpleaños, mis piernas, los calcetines blancos hasta la mitad de la pantorrilla y los zapatos de charol negro con una tira en el empeine.

Principio de "Una sonrisa, por favor"

24.12.11

Jean Rhys. Soy una extraña...

Pensé: "Soy una extraña y siempre seré una extraña. Y lo cierto es que en realidad nunca me ha importado. A lo mejor no es culpa mía, pero no me preocupa. No me gusta la gente. No la odio, ellos sí odian, pero no me gusta lo que a ellos les gusta. No quiero sus luces, ni sus regalos envueltos en papel de oro y plata. Tampoco quiero la estrella en la punta. No sé lo que quiero. Y aunque lo supiera no podría decirlo, porque no hablo el mismo lenguaje, y nunca llegaré a hablarlo".

Fragmento de "Una sonrisa, por favor"

18.8.11

Jean Rhys. Leía todo lo que caía en mis manos...

"Leía todo lo que caía en mis manos. En una esquina del salón había una librería clásica, con puertas de cristal, pero nunca estaba cerrada; se había perdido la llave y la única advertencia era no dejar la puerta abierta, para proteger los libros de los insectos. Aún recuerdo los volúmenes de la enciclopedia británica, que no llegué a tocar, una biblia muy grande y varios libros de historia; novelas con las tapas amarillentas en el estante de arriba, una selección bastante rara de poetas: Milton, Byron, Crabbe, Cowper y la señora Hemans; y también Robinson Crusoe, La isla del tesoro y El progreso del peregrino."

Fragmento de "Una sonrisa, por favor"

25.5.11

Jean Rhys. Cosquilleo...

     "Después de comer estuve mirando escaparates. Aún quedaban algunas hojas secas en los árboles. Parecían pájaros. Pasé por delante de una papelería cuyo escaparate mostraba una gran variedad de plumas de ganso: rojas, azules, verdes y amarillas. Pensé que quedarían muy bien en un recipiente de cristal, para alegrar mi mesa. Entré y compré cerca de una docena. Me fijé entonces en unos cuadernos negros que había sobre el mostrador. No eran como son ahora los cuadernos. Eran el doble de gruesos, con las tapas duras y brillantes, el lomo y los bordes rojos, las páginas rayadas. Compré unos cuantos. No sé por qué lo hice; solo porque me gustó el aspecto. Me llevé también una caja de plumillas en forma de "j", de las que me gustaban, un portaplumas corriente, un frasco de tinta y un soporte barato. "Ahora esa mesa vieja no parecerá tan vacía", pensé.Sucedió esa noche, después de cenar; como siempre, un vaso de leche y un poco de pan y queso. Sentí un cosquilleo en los dedos y en las palmas de las manos. Acerqué una silla a la mesa, abrí un cuaderno y escribí: "este es mi diario". Pero no era un diario. Recordaba todo lo que me había ocurrido en el último año y medio. Recordaba lo que él había dicho y lo que yo había sentido. Estuve mucho rato escribiendo, hasta que no pude más, me metí en la cama y me quedé dormida.
Nada más despertarme me vino a la cabeza lo que había escrito y quise continuar. Saldría temprano, comería algo, y tendría el resto del día por delante."

Fragmento de "Una sonrisa, por favor"

16.5.11

Jean Rhys. Tengo que escribir...

     "Tengo que escribir. Si dejo de escribir mi vida será rotundo fracaso. Para otros ya lo es. Pero para mí sería un rotundo fracaso. No me habría ganado la muerte."

Fragmento de "Una sonrisa, por favor"



8.5.11

Jean Rhys. I din't know

Cuando terminó mi primer amor escribí este poema:

   I didn't know
   I didn't know
   I didn't know.

Después me instalé en mi dolor.


Fragmento de "Una Sonrisa, por favor"

5.5.11

Jean Rhys. De ahí que en cuanto me era posible...

     "De ahí que en cuanto me era posible me perdiese en el inmenso mundo de los libros y procurase borrar el mundo real, que tanto me desconcertaba. Ya entonces tenía la vaga pero profunda sensación de que siempre estaría perdida en el mundo, derrotada.
     Descubrí, sin embargo, que todos los libros hablaban de lo mismo, solo que de distintas maneras. En los libros era capaz de aceptarlo y de los libros (fatalmente) extraje poco a poco la mayoría de mis ideas y creencias.
     La antigua biblioteca Victoria Memorial fue derribada y sustituida por la nueva biblioteca Carnegie. Era muy agradable y normalmente estaba desierta. Cuando me sentaba en una mecedora, en la terraza, perdida en lo que yo pensaba que era el mundo real, no había nadie más feliz. Mi única ambición era sumergirme en ese mundo y olvidarme de todo lo demás."

Fragmento de "Una sonrisa, por favor"