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29.12.25

Tessa Hadley cita a Christina Rossetti

"Quieto, quieto, mi roto corazón, mi corazón silencioso, mudo y roto", pensó, recordando a Christina Rossetti.


De "Lo que queda de luz"
    

15.6.25

Christina Rossetti. Canción

Cuando esté muerta, mi amor,
no cantes para mí canciones tristes,
no plantes rosas frente a mi lápida,
ni cipreses sombríos. 
Prefiero que seas la hierba extendida 
sobre mí, húmeda de rocío, mojándome.
Y si te marchitas, recuerda,
y si te marchitas, olvida.
   
No volveré a ver sombras,
no volveré a sentir la lluvia,
no volveré a escuchar el ruiseñor
cantado su dolor.
Soñaré a través de este crepúsculo 
que ni se pone ni decrece,
quizás sea feliz al recordarte, 
quizás sea feliz al olvidarte.



En la antología "Amores eternos"
    

29.12.21

Christina Rossetti. Remember*

Recuérdame cuando me haya ido,
ido muy lejos a la silenciosa tierra;
cuando ya no puedas sostenerme de la mano,
ni yo pueda dar media vuelta para irme o quedarme.
Recuérdame cuando día a día ya no
me cuentes lo que tenías planeado para nuestro futuro:
sólo recuérdame; entiende
que será tarde para consejos y plegarias.
Pero si me olvidas por un tiempo
y más tarde me recuerdas, no te aflijas:
porque si la oscuridad y la corrupción dejan
un vestigio de los pensamientos que una vez tuve,
preferiré que olvides y sonrías
a que recuerdes y estés triste.

    

Remember me when I am gone away,
         Gone far away into the silent land;
         When you can no more hold me by the hand,
Nor I half turn to go yet turning stay.
Remember me when no more day by day
         You tell me of our future that you plann'd:
         Only remember me; you understand
It will be late to counsel then or pray.
Yet if you should forget me for a while
         And afterwards remember, do not grieve:
         For if the darkness and corruption leave
         A vestige of the thoughts that once I had,
Better by far you should forget and smile
         Than that you should remember and be sad.
   
   
   

18.5.21

Christina Rossetti. Culminación

   Duerme, pena constante, duerme un poco,
deja siquiera un rato para fingir que olvido;
que restañen la herida tus impacientes dedos
porque pueda de nuevo mirar en torno mío.
   
   Y sonreír al sol; que no perturben lágrimas
el gozo de esta hora, que no espinas conscientes
abruman mi camino; duerme, oh dolor, aún
un instante; no dejes que se excite el mortecino fuego.
   
   Así despertarás con renovado aliento,
oh, pena inalterable, atizarás de nuevo
las llamas que dormían, el calmado dolor será mudado
   
   En aguda tortura, en sutil filo.
Rómpese al fin la cuerda tensa; bajo la cuña
gime el roble robusto y cae rendido al fin.


De "Florilegio"
    

29.12.20

Jeanette Winterson cita a Christina Rossetti

En el más admirado de todos los villancicos, la poeta Christina Rossetti plantea la cuestión de qué podemos dar que no sea dinero, ni poder, ni éxito, ni talento:

     Siendo tan pobre, qué puedo darle yo?
     Le daría un cordero si fuera pastor. 
     Y si Rey Mago fuese, le daría otro don. 
     Mas yo, qué he de darle?
     Le daré el corazón. 

Nos damos. Nos damos a los demás. Nos damos a nosotros mismos. Damos. 



De "Pascua de Navidad"
En "Días de Navidad"
       

2.10.20

Margaret Atwood cita a Christina Rossetti

No te aflijas si alguna vez me olvidaras 
y después me volvieras a recordar,
pues si la oscuridad y la corrupción dejaran 
un solo vestigio de mis antiguos pensamientos,
mil veces mejor olvidarme sonriendo
antes que recordar y sufrir tan gran duelo.


Christina Rossetti, 
"Remember", 1849


Citado en el libro "Alias Grace"
    

20.11.19

Christina Rossetti. Ida la juventud

   Ida la juventud, la belleza perdida,
si alguna vez la tuvo un rostro tan vulgar;
sin ellas, qué me queda de restos de placer?
no trenzaré yo rosas en torno a mis cabellos
   
   que avergüencen mejillas de dudosa hermosura;
(quede la juventud con sus rosas y espinas),
no buscaré yo flores por ningún sitio, excepto
esas humildes flores que brotan con el trigo.
   
   Qué queda, sin belleza, también juventud ida?
Un corazón ansioso, encerrado y perdido.
Un corazón callado que ama y ansía en silencio;
   
   callar de un corazón que cantó sus canciones
cuando eran día de estío juventud y belleza;
silencio de un amor que no puede cantar.


De "Florilegio"
    

8.9.19

Joanna Russ cita un poema de Christina Rossetti

Todos mis muros se pierden en espejos,
en los que trazo 
mi yo con la mano derecha, mi yo con la mano izquierda,
mi yo en todas partes, 
esa solitaria figura que es la mía,
ese rostro anhelante que es el mío.
   
   
Poema de Christina Rossetti
En el libro "Cómo acabar con la escritura de las mujeres"
    

5.12.14

Christina Rossetti. Marchítate, delicada azucena...

Marchítate, delicada azucena;
marchítate, oh rosa carmesí;
marchitaos todas las flores,
la más dulce de las flores que se desvanece.

Vete, fresco otoño;
ven, oh frío invierno.
Deja que los verdes tallos perezcan
convertidos en simple moho.

El nacimiento aparece riguroso tras la muerte,
la vida tras el marchitamiento.
Apresúrate, pues volveremos más pronto
de nuevo a agradable primavera.

De "Maude"

17.12.13

Christina Rossetti. Parecidos razonables

-Venid a sentaros a mi lado, queridas niñas, que os voy a contar un cuento. Traed vuestra costura y que Ella se traiga sus lápices y la caja de pinturas, a ver si puede terminar alguno de sus muchos dibujos que ha empezado. Qué te pasa Maude? Pones tan mala cara sólo porque te toca zurcir esa bonita y limpia media de color blanco? Vamos, querida: quita ese mohín y saca la aguja. Esa cara de disgusto supondría un triste comienzo para mi historia.

   Principio de "Parecidos razonables"

11.4.13

Christina Rossetti. Dormir, dejadme dormir...

Dormir, dejadme dormir,
pues estoy hastiada de la preocupación.

Dormir, dejadme dormir, pues mi dolor me fatiga.
Apagad la luz, saturad el pesado aire con el soñoliento incienso.
Dejad que un distante fluir de música me sosiegue,
lánguida como un sueño,
suave como el suspiro de un mar de verano.

No cojais por mí ninguna rosa que crezca entre espinas,
ni mirto tan blanco y frío como la nieve en junio,
apropiado para una virgen la mañana de su boda.

Traedme, pero, las amapolas
que rebosan de adormeciente muerte,
y la hiedra que estrangula lo que enguirnalda,
y las primulas que se abren a la luna.

Escuchad. La música se inflama en una canción,
una canción sencilla que amé en días de antaño.
Los ecos la llevan hacia lo alto de las colinas,
el viento la vuelve a traer.
Paz, paz, hay un recuerdo en esos lejanos compases
de días felices que no volverán jamás.

Oh, paz, tu música ha despertado un viejo recuerdo,
pero no la antigua esperanza
que hizo de mi vida algo tan dulce;
sólo el anhelo que debe terminar en nada.
Tened paciencia conmigo, amigos, un poco más,
pues pronto, donde bailareis y cantareis y sonreireis,
mi polvo resucitado florecerá a vuestros pies.

Dulce pensamiento el que aún pueda vivir y crecer verde,
que las hojas emerjan de la seca raíz,
y brotes y flores y bayas medio escondidas.
Entonces, si, por azar, piensas sobre el pasado,
di esto: pobre niña, al final se cumplió su deseo;
estéril durante su vida, y ahora en la muerte da fruto.

De "Maude"

5.12.12

Christina Rossetti. Abrió la ventana

   Abrió la ventana a las maravillosas estrellas y a la luna de agosto y, asomándose, aspiró una honda bocanada del aire fresco de la noche. Dejó de pensar en personas, acontecimientos y sentimientos; con el corazón henchido y exaltado con una gratitud nueva en ella, profunda, transportadora. Cuando por fin se quedó dormida, tenía los ojos húmedos y una sonrisa en los labios.

De "Lugares comunes"

10.6.12

Christina Rossetti. *

Catherine se inclinó hacia su feliz hermana y le dio un beso, un gesto inhabitual a pesar de su emocionado afecto. Después volvió la cara hacia el mar y el cielo abierto.
- Querida Lucy –contestó mientras sus ojos miraban más allá de las nubes y las olas y se posaban en un fino rayo de sol que iluminaba el horizonte-, mi futuro parece más lejano que el tuyo, pero te aseguro que tengo uno, y puedo esperar.

De “Lugares comunes”

19.5.12

Christina Rossetti. Las hermanas Charlmont

   "Tres damas se sentaban a la mesa del desayuno, tres solteras, sin duda hermanas, dado el acusado aire de familia, pero con diferencias individuales, también acusadas. La mayor, Catherine, la señorita Charlmont, con treinta y tres años cumplidos, había tomado por costumbre aparecer en toda ocasión cubierta por algún tipo de cofia. Adoptó el hábito a los treinta años, al mismo tiempo que dejó de bailar y empezó a llevar encajes en el cuello y en los brazos en los trajes de noche. Tenía unos modales formales y amables, con más aromas provinciano que capitalino, pero propio de ciudades de provincia y no de antiguas casas solariegas rurales. Sin embargo, era una dama bien educada en todo lo imprescindible, alta y hermosa, un bello miembro de una bella familia. Presidía la mesa a la hora del té y del café y, a pesar de las costumbres modernas, conservaba la bandeja de té.
   Frente a ella estaba sentada Lucy, de rasgos y cutis menos llamativos, pero con apariencia más sensible. Bastante bonita y de expresión muy dulce, todavía no había cumplido los treinta años y, en algunos aspectos, Catherine seguía tratándola como a una jovencita. Se ocupaba del pan y del jamón y, al igual que su hermana mayor, nunca se permitía abrir el correo hasta que todos los comensales estaban servidos.
    La tercera, Jane, sin responsabilidades con la comida y la bebida, abría las cartas o pasaba las páginas del periódico a voluntad. Era varios años más joven y estaba cerca de ser muy hermosa. Tenía un perfil casi griego, los ojos grandes y un cabello claro que crecía en abundantes ondas. A primera vista, dejaba completamente en la sombra a Catherine y a Lucy; después, a pesar de que le llevaban varios años, algunas veces los demás las preferían, pues el rostro de Jane era el único de los tres que podría considerarse insulso."

De "Lugares comunes"

15.5.12

Christina Rossetti. Lugares comunes

   "Brompton-on-Sea –servirá cualquier lugar que no aparezca en la guía de ferrocarriles Bradshaw-: Brompton-on-Sea en abril. El aire cortante y soleado; el mar azul y rizado pero sin oleaje; todo verde, lo visible y lo oculto, alegremente a escena. Pájaros atareados sobre briznas de paja y pelusa; una audaz mariposa de paseo, para variar, por territorio desconocido, otra mariposa audaz bailotea a media altura, entra y sale y da vueltas en torno a la primera."

Principio de "Lugares comunes"

17.8.11

Christina Rossetti. Dormida al fin

Dormida al fin; las penas y el tumulto acabados,
dormida al fin; la lucha y el horror olvidados,
pálida y fría, lejos de la vista de amigos y amantes,
dormida al fin.

No más cansado corazón deprimido o nublado,
no más dolor que oprime o miedos que amenazan,
al fin, en un profundo sueño sin sueños duerme.

Hondamente dormida. no pueden despertarla
pájaros cantores en su rama, ni moverla el vendaval furioso.
Bajo tomillo y trébol de púrpura teñidos,
dormida al fin.

De "Florilegio"

18.7.11

Christina Rossetti. Deseo

Quisiera ser un pajarillo
que se pierde en el viento;
quisiera ser una canción
que insiste en la memoria,
o sombra de azucena estremecida
por el viento en el sueño;
de palabras de amor hacerme el eco
más valioso que todo lo pasado,
o recuerdo de pospuestas esperanzas
que ya no han de volver.

De "Florilegio"

29.6.11

Christina Rossetti. Eco

Ven a mí en el silencio de la noche;
en el sonoro silencio de los sueños ven;
con mejillas redondas y suaves, con los ojos
brillantes como el sol sobre el arroyo;
vuelve entre lágrimas,
oh, memoria, esperanza, amor de los años pasados.

Oh, que sueño tan dulce en demasía, demasiado agridulce,
cuyo despertar hubiera debido ser en el paraiso
donde almas rebosantes de amor residen y se encuentran;
y donde ojos ansiosos y sedientos
miran la lenta puerta
que se abre y deja entrar para no salir jamás.

Acude, pues, a mí en sueños y pueda yo vivir
de nuevo ésta mi vida, aun helada en la muerte;
regresa hasta mí en sueños, para que pueda dar
pulso por pulso y aliento por aliento;
habla bajito, inclínate hacia mí,
como hace tanto tiempo, amor, cúan largo tiempo.

De "Florilegio"

21.6.11

Christina Rossetti. ¿Decirte mi secreto?

¿Decirte mi secreto? Ni lo pienses.
¿Quién sabe si, acaso, en otro día...?
Mas no lo esperes hoy; ha helado, sopla el viento, nieva,
y es curioso en demasía, anda, aparta.
¿Qué quieres escucharlo? Bueno:
mas mi secreto es mío y no lo he de decir...

Tal vez en lánguido día veraniego
cuando apenas si cantan adormecidos pájaros,
y las frutas doradas se pasan de maduras,
si no hace mucho sol ni hay muchas nubes,
y los cálidos vientos ni paran ni son fuertes,
acaso, entonces, pueda desvelar mi secreto,
o, acaso, lo adivines.

De "Florilegio"
   

18.6.11

Christina Rossetti. En el estudio de un pintor

Un solo rostro mira desde todos sus lienzos,
sentada, o caminando, o reclinada, es la misma figura;
la encontramos oculta detrás de esas cortinas,
ese espejo nos daba ecos de su belleza.

Una reina vestida de ópalos o rubíes,
una mujer sin nombre vestida con los tonos verdes del verano,
un ángel, una santa; en cada lienzo escrito
está un sólo sentido, nada más, nada menos.

Él vive de su rostro día y noche,
y ella con ojos dulces devuelve la mirada,
bella como la luna, como la luz alegre;

no pálida de esperas, no nublada de angustias,
no como es, mas como fue cuando lucía la esperanza;
no como es, sino como ella se le aparece en sueños.

De "Florilegio"