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28.1.25

Rosa Montero cita a Colette...

"Me llamo Claudine y vivo en Montigny, donde nací en 1884 y donde, probablemente no moriré." Así empieza Claudine en la escuela, una novela que fue publicada en Francia en el redondo año de 1900, y que se convirtió en un escándalo, una moda, una fiebre fatal.


De "Indigna. Claudine en la escuela, de Colette"
En el libro "El amor de mi vida"
    

19.12.24

Rosa Montero. Imstrucciones para salvar el mundo

La humanidad se divide entre aquellos que disfrutan metiéndose en la cama por las noches y aquellos a quienes les desasosiega irse a dormir. Los primeros consideran que sus lechos son nidos protectores, mientras que los segundos sienten que la desnudez del duermevela es un peligro. Para unos, el momento de acostarse supone la suspensión de las preocupaciones; a los otros, por el contrario, las tinieblas les provocan un alboroto de pensamientos dañinos y, si por ellos fuera, dormirían de día, como los vampiros. Has sentido alguna vez el terror de las noches, el ahogo de las pesadillas, la oscuridad susurrándote en la nuca con su aliento frío que, aunque no sepas el tiempo que te queda, no eres otra cosa que un condenado a muerte? Y, sin embargo, a la mañana siguiente vuelve a estallar la vida con su alegre mentira de eternidad. Ésta es la historia de una larga noche. Tan larga que se prolongó durante varios meses. Aunque todo comenzó un atardecer de noviembre.


Principio de "Instrucciones para salvar el mundo"
     

23.4.24

Rosa Montero. Los libros son verdaderos talismanes

Para mí los libros son verdaderos talismanes. Me parece que, si tengo algo a mano para leer, puedo ser capaz de aguantar casi todo. Son un antídoto para el dolor, un calmante para la desesperación, un excitante contra el aburrimiento. Nunca me siento sola ni existen horas perdidas cuando puedo sumergirme en algún texto. Por eso siempre he acarreado pesos descomunales en mis maletas de viaje (vivan los libros electrónicos!), aterrada por el riesgo de caer algún día en la apabullante soledad, en el vértigo que la ausencia de lecturas origina.


Del prólogo a "El amor de mi vida"
    

11.3.24

Rosa Montero. La loca de la casa

Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado. "Ah, aquel viaje a Japón debió de ser en la época en la que estaba con J., poco después de escribir Te trataré como a una reina", me digo, e inmediatamente las reminiscencias de aquel periodo, las desgastadas pizacas del pasado, parecen colocarse en su lugar.


Principio de "La loca de la casa"
    

16.11.23

Rosa Montero. Prólogo a "El amor de mi vida"

En una de las muchas entrevistas que le hicieron tras ganar el Nobel, el gran Vargas Llosa dijo: "Lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido aprender a leer". Exacto, qué bien dicho. Es una de esas frases sencillas y certeras que iluminan el mundo y te permiten entender mejor tu propia vida. Qué hubiera sido de mí sin la lectura? No puedo concebirlo: incluso dudo de que siguiera siendo humana. Sin libros, tal vez hubiera sido un marsupial o un paquidermo, pongo por caso. Quiero decir que me es tan difícil imaginarme sin leer como imaginarme transmutada en hipopótama.


Del prólogo al libro "El amor de mi vida"
    

19.4.23

Rosa Montero. La buena suerte

Ese hombre lleva sin levantar la cabeza del portátil desde que hemos salido de Madrid. Y eso que es un AVE de exasperante lentitud con parada en todas las estaciones posibles en su camino a Málaga. Podría parecer que ese hombre está inmerso en su trabajo, casi abducido por él; pero cualquier observador meticuloso o al menos persistente advertirá que, de cuando en cuando, sus ojos dejan de vagar por la pantalla y adquieren una vidriosa opacidad; que su cuerpo se pone rígido, como suspendido a medio movimiento o medio latido; que sus manos se contraen y sus dedos se arquean, garras crispadas. En tales momentos es evidente que está muy lejos del vagón, del tren, de esta tarde tórrida que aplasta su polvorienta vulgaridad contra el cristal de la ventanilla. 


Principio de "La buena suerte"
    

21.5.22

Rosa Montero. Pero cómo...

Pero cómo, el mundo sigue igual sin él? Tu cabeza lo entiende, pero tu corazón se queda atónito.


De "La ridícula idea de no volver a verte"
    

20.4.22

Rosa Montero. El peligro de estar cuerda

Siempre he sabido que algo no funcionaba bien en mi cabeza.


Principio de "El peligro de estar cuerda"
    

1.11.21

Rosa Montero. Hay que hacer algo con la muerte

Sí, hay que hacer algo con la muerte. Hay que hacer algo con los muertos. Hay que ponerles flores. Y hablarles. Y decir que les amas y siempre les has amado. Mejor decírselo en vivo; pero, si no, también puedes decírselo después. Puedes gritarlo al mundo. Puedes escribirlo en un libro como éste. Pablo, qué pena que olvidé que podías morirte, que podía perderte. Si hubiera sido consciente, te habría querido no más, pero mejor. 


De "La ridícula idea de no volver a verte"
    

29.9.21

Rosa Montero cita un fragmento del diario de Marie Curie y un poema de Ursula K. Le Guin

Siempre, nunca, palabras absolutas que no podemos comprender siendo como somos pequeñas criaturas atrapadas en nuestro pequeño tiempo. No jugaste, en la niñez, a intentar imaginar la eternidad? La infinitud desplegándose delante de ti como una cita azul mareante e interminable? Eso es lo primero que te golpea en un duelo: la incapacidad de pensarlo y de admitirlo. Simplemente la idea no te cabe en la cabeza. Pero cómo es posible que no esté? Esa persona que tanto espacio ocupaba en el mundo, dónde se ha metido? El cerebro no puede comprender que haya desaparecido para siempre. Y qué demonios es siempre? Es un concepto inhumano. Quiero decir que está fuera de nuestra posibilidad de entendimiento. Pero cómo, no voy a verlo más? Ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni dentro de un año? Es una realidad inconcebible que la mente rechaza: no verlo nunca más es un mal chiste, una idea ridícula.

A veces [tengo] la idea ridícula de que todo esto es una ilusión y que vas a volver. No tuve ayer, al oír cerrarse la puerta, la idea absurda de que eras tú?

Después de la muerte de Pablo, yo también me descubrí durante semanas pensando: "A ver si deja ya de hacer el tonto y regresa de una vez", como si su ausencia fuera una broma que me estuviera gastando para fastidiarme, como a veces hacía. Entiéndeme: no era un pensamiento verdadero y del todo asumido, sino una de esas ideas a medio hacer que cabrillean en los bordes de la conciencia, como peces nerviosos y resbaladizos. Del mismo modo, de todos es sabido que muchas personas creen ver por la calle al ser querido que acaban de perder (a mí nunca me ha pasado). Lo cuenta muy bien Ursula K. Le Guin en un desnudo poema titulado "On Hemlock Street" (En la calle Cicuta):

   I see broad shoulders, 
   a silver head, 
   and I think: John!
   And I think: dead.
   (Veo una espalda ancha,
   una cabeza plateada,
   y pienso: John!
   Y pienso: muerto.)


De "La ridícula idea de no volver a verte"