15.1.20

Herta Müller. Llevas un pañuelo?

"Llevas un pañuelo?", me preguntaba mi madre todas las mañanas en la puerta de casa, antes de salir a la calle. Yo no llevaba. Y, como no llevaba, tenía que volver a mi cuarto a coger un pañuelo. No lo llevaba ningún día, porque cada mañana esperaba la pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre, por la mañana, me cuidaba. En las horas que seguían y para el resto de cosas del día ya tenía que arreglármelas sola. La pregunta "Llevas un pañuelo?" era una muestra indirecta de cariño. Una muestra directa habría resultado embarazosa -eso no era cosa de campesinos-. El amor se disfrazaba de pregunta. Solo así se podía expresar en tono seco, como una orden, como cualquier instrucción sobre el trabajo. En tono hosco, incluso subrayaba la ternura. Todas las mañanas me encontraba delante de la puerta: una vez sin pañuelo y la segunda con pañuelo. Y entonces ya sí salía a la calle, como si llevando el pañuelo también se viniera mi madre conmigo.


De "Cada palabra sabe del círculo vicioso"
en el libro "Siempre la misma nieve y siempre el mismo tío"
    

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