que no pueden cantar, las lágrimas
fluyen! Qué dulce fluye la pena,
cual aguacero torrencial!
Para que bajo las piedras algo tiemble.
Para mí - la vocación es como un látigo -
entre el sollozo fúnebre,
el deber me ordena - cantar.
David le cantó a su amigo.
Aunque dividió la pena por la mitad!
Si Orfeo no hubiera descendido al Hades
y únicamente su voz hubiera enviado,
si hubiera enviado únicamente su voz a las tinieblas,
y él hubiera permanecido como prescindible en el umbral,
Eurídice caminando como por una cuerda
hubiera llegado hasta él...
Como por una cuerda y hacia la claridad,
a ciegas y sin retorno.
Pues se te otorgó la voz, poeta,
todo lo demás te fue arrebatado.
En "Es ligera mi marcha"
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