3.2.20

Rosamond Lehamnn. Ah, el mundo!...

Ah, el mundo!... Carecía de esperanza y de significado; sólo había perversidad, crueldades infligidas por gusto, labios que lamen víctimas indefensas. (...) Lo más que se podía esperar era una seguridad ínfima y falsa; te concedían eso para acrecentar el placer que les procuraría el golpe que ya preparaban; incluso quienes parecían amables.


De "Vana respuesta"
    

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