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3.3.25

Concha Lagos. Campo abierto

Enamoradamente he vuelto la cabeza,
allí, por la mañana de luz y de claveles,
con la viva alegría
del viajero que vuelve al lugar deseado.
   
Enamoradamente por los altos balcones,
entre jardines tibios, con risas de muchachas
que ya están presintiendo el roce del amor.
   
Lanzad, lanzad los lazos, Sujetadlo con bridas.
Es el amor, cogedle. No perdáis un instante.


En "Los cien mejores poemas de amor en español"
    

7.11.23

Concha Lagos. Paso a paso prosigue el caminar en vilo

Nunca, nada, nadie.
Tres palabras terribles.
A. Machado.

Razones no nos faltan para creer a ciegas
que ha de salir el sol de nuevo cada día,
pero seguridades no tenemos.
Hay leyes ignoradas, cataclismos,
igual que en nuestra historia.
Olvidos y costumbres
nos ponen una venda, a veces de colores,
colores aptos para la esperanza
y el sueña todavía, sin embargo,
la frontera de la palabra noche saben todos.
   
Podría ser un día tan azul como el mar,
un perder pie de pronto en el profundo hueco de la sombra.
Podría estar en la mano de un ambicioso de poder,
de un pobre loco, tal vez de un sádico.
   
Siglo tras siglo el hombre busca asirse.
Nuevos modos intenta: técnicas, ciencias, cauces
donde amoldar lo nuevo, donde afianzar sus torres. 
Pero el tiempo le huye sin dejarse apresar.
   
A lo suyo está el tiempo, nunca toca diana 
ni advierte del comienzo y menos de la meta.
   
Los relojes de arena se quedan detenidos
y alguien grita triunfal:
El tiempo ya no existe!
Y hasta engola la voz para ajena sentirla.
   
Es un fingir audacias, un inocente engaño;
prueba fallida siempre.
   
Paso a paso prosigue el caminar en vilo,
aún menos que el vilano, que pasajera nube;
menos que el aleteo del más mínimo insecto.
   
Tendiéndole al futuro toda clase de redes,
otra vez al presente, a enredarse en las dudas,
o al sí desesperado que el hombre busca a ciegas, 
ansiando que algún péndulo, con cuerda eterna y firme,
sin descanso prolongue su ritmo y el tic tac.



De "Teoría de la inseguridad"
    

14.11.19

Concha Lagos. Qué fácil este ahora

Después de tanto y cuanto, aquí estamos de nuevo
ahorrando las palabras, sabiéndonos el fondo,
porque el silencio dice de nuestra paz ganada.
   
Nos tenemos compactos, casi a renglón seguido:
una página escrita con tu nombre y mi nombre,
encuadernado a pulso de sucesos y tiempo.
   
Qué fácil este ahora, resumen de los días,
y qué nueva tu mano por caricias antiguas
estrenando otra vez la mirada y el beso.
   
Te me vas y te quedas en aire que respiro,
en ausencia y presencia que nada me entorpece,
como un llevarte dentro aladamente en alto.
   
Y te me quedas más, como el hilo en la malla
de un pasar que se anuda, de un quedar avanzando,
de un agua inagotable siempre de cara al cielo.


(De La luna de enero, 1960)


En la antología "Poesía soy yo.
Poetas en español del siglo XX (1886-1960)"
    

22.3.06

Concha Lagos

Concha Lagos, pseudónimo de Concepción Gutiérrez Torrero (Córdoba, 23 de enero de 1907-Madrid, 6 de septiembre de 2007) fue una editora y escritora española.