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22.2.25

Sharon Olds sobre Ruth Stone

Los poemas de Ruth Stone son misteriosos, divertidos, intensos. Son fáciles de comprender, de superficie generalmente clara, pero no simples: su inteligencia es chispeante y compleja. Sus poemas son musicales, y es una música que no resulta forzada ni sobretrabajada, sino fresca.


Del prólogo a una antología de Ruth Stone
en el libro "Bayas púrpuras"
    

19.9.23

Sharon Olds. Primer amor

(para Averell)

Era domingo por la mañana, tenía el New York
Times desplegado en el suelo del dormitorio, la
tinta negra se derramada como plata oscura en el
reverso de mis manos, era primavera y tenía 
el tragaluz de la ventana del cuarto abierto para
que entrase, incluso tenía la radio
encendida, estaba dejando que entrase del todo, las
vocecillas plateadas de la radio; incluso
me permití sentir que era Pascua, la
flor oscura de la vida abriéndose 
de nuevo, su vida le había sido
devuelta otra vez, estaba enamorada y podía soportarlo, con las manos
manchadas de tinta, las noticias de la radio
llegaban a mis oídos, se había producido un accidente
y dijeron tu nombre, eras hijo del famoso y
dijeron tu nombre. Luego dijeron donde habían
llevado a los heridos y a los muertos, y llamé al
hospital, recuerdo que me arrodillé junto
al teléfono de la entrada de la tercera planta de la residencia, las
escaleras escarpadas en descenso
junto a mí, hablé con un hombre
joven, un joven médico en la
sala de urgencias, mi oído abierto
presionaba el oscuro auricular, mi vida abierta
presionaba el universo, dije
Cuál de ellos ha muerto? Y dijo tu nombre,
él estaba allí en pie en la habitación contigo
y decía tu nombre. Recuerdo que apoyé 
la frente contra los barrotes barnizados
del carril de la balaustrada y me sujeté 
apretándolos como si quisiera
arrancarlos todos a la vez, cerrarlos como una puerta
oscura, cerrarme yo misma como una puerta 
igual que habías sido tú encerrado, cerrado del todo, pero no pude
hacerlo, el dolor seguía avanzando a través de mí como
la vida, como el regalo de la vida.


En "Óvulos en la mano"
    

19.11.22

Sharon Olds. Lo que bien amas

Y luego, por la noche, me despierto, y no soy
capaz de recordar cómo conocí a mi ex,
y pienso: dejé entrar a un desconocido
a mi vida. Luego recuerdo que nos conocimos
en una fiesta, era el amigo de un amigo de un amigo: todos
estudiantes de medicina que, a mis ojos, daban la impresión,
aquellos días, de estar garantizados y asegurados.
Pero no lo conocía a él. De repente entiendo
que mis padres fueron para mí dos desconocidos:
como una pareja de la calle, los dejé entrar,
en una oleada de alquimia, a las células
de mi cuerpo y mi cerebro, les di una existencia nueva,
no sabía quiénes eran, no me lo creí,
no quería conocerlos, quería que fueran desconocidos, 
no quería verlos: y a mi pareja elegida,
no podía, o no quería, conocerla, y
no podemos amar lo que no conocemos, o no
podemos amarlo suficientemente bien. "Lo que
bien amas permanece, el resto es escoria
Lo que bien amas no te será arrebatado
Lo que bien amas es tu verdadera herencia".


De "Arias"
    

22.4.22

Sharon Olds. Abril, New Hampshire

Para Jane Kenyon y Donald Hall

En la entrada, un narciso pequeño
había florecido a través del moho de hojas. En el living,
el viejo collie color caramelo me dejó 
meter la mano en los pliegues
de su pelaje, y acariciarlo. En su habitación
Don dijo, Eso es todo, aquí es donde vivimos y morimos. En el centro de la oscura
cabecera pintada - trineo de belleza,
trineo de la noche - había un ángel fijo
como si estuviera atado, con sus alas desplegadas.
La cama se hablaba, como a sí misma,
cantaba. La habitación entera cantaba.
Y la casa, y la curva de la colina, como la curva entre
su cuello y un hombro, cantaba, en apenada
alabanza, y la tierra, casi, tañía, 
como ahuecada a la espera de que hicieran descender
su lengua. En la tumba, 
junto al enorme, alisado, biselado,
talado hogar de roble, como el tronco
de un Druida duir - adentro lo que ni
se acerca a lo que ella era-
él se quedó de pie a un lado, en un largo silencio,
minutos, como el borboteante crujido de arnés 
cuando el agua de un riego pleno se escurre
hacia la tierra, y nos miró, 
a cada uno, y no parecía simplemente
una persona mirando personas, parecía
casi de otra especie, un águila
mirando águilas, feroz, resuelto,
sin palabras, sin párpados, mirando a cada uno,
viendo en profundidad
dentro de cada uno-
millas, años - parecía Jane
mirándonos por última vez
en esta tierra.


De "La habitación sin barrer"
    

5.4.22

Sharon Olds. Sagrado

2.

A nadie salvo a él le resultaría posible
afrontar ese momento. No sé 
mucho sobre amor, sobre decencia. Si hubiera
estado cerca -qué hacemos cuando
no hay nada que hacer-
podía haberme quedado,
al otro lado de la puerta,
como el niño John Keats, Junkets, a los 6 años,
al otro lado de la puerta de su madre
agonizante, con su espada de madera
desenvainada. Quizás otras personas
sepan lo que es conveniente imaginar:
personas decentes. Y sin embargo la soledad de 
quien sufre es tan terrible
que desearíamos poder hacerles compañía,
incluso a pesar de saber que es imposible.
Despertar, junto a la propia vida, al propio
co-creador, y mirarlos y ver su perfección,
por fin en casa. El fin del mundo.
No entiendo la personalidad,
o la dignidad, o la individualidad,
o el alma, o la decencia. Quiero
acompañar el sufrimiento de mi amigo,
beberme una parte en su lugar aunque
no pueda hacerlo, zambullirme en la sal
y atravesar la sal nadando hacia ellos y hacer la
maniobra de salvamento, y dar patadas de tijera y
sacarlos a flote. Esta noche
veo lo que es querer pasar una vida
en silencio, honrar lo inefable.
El amante vivo que ha despertado junto
al cuerpo del amado es sagrado. Todo el mundo
sabe guardar silencio en su presencia. Pero en
en la misa fúnebre, la mujer con rojos
aquí y allá en su kimono blanco y
negro se movió, trajo caricias 
y descaricias, presencia y ausencia,
calor y frío que salían de su cuerpo
hacia el aire
que nosotros respirábamos, 
deseando que fuera ella
quien pudiera respirarlo,
muchos allí esa noche se habrían cambiado
por ella, para que pudiera entrar caminando, una vez más.


De "Arias"
    

4.3.21

Sharon Olds. La hora después

La hora después, cuando nos miramos y dormimos
y nos miramos, parece la hora central
de mi vida - la dicha antes de que se vuelva
demasiado enorme para sacarla
al mundo. A veces nos decimos
cosas: quiero entrar
en tus ojos, y habitarlos. Anoche, tuviste
los ojos abiertos, ya dormido, para que yo pudiera
nadar y nadar, me siento todavía plena, en esa
circunnavegación. Te agradezco
por las semillas, sonreímos, me honra recibirlas.
Amo para que me conozcas, susurro,
ver ese conocimiento profundo en tu mirada.
Cada vez que abrimos los ojos
estamos casados, todo el tiempo que dormitamos
estamos casados - y cada minuto del día
alejados, estamos casados como si pudiera demostrarse físicamente.
En el primer momento de conocernos,
yo había dicho, repentinamente, arrodillándome entre
tus piernas, y alzando la mirada, un instante,
Es como el cariño! Es muy parecido
al cariño extremo! Y sonreíste y te reíste
suavemente. Quién sabe cómo es,
el juego del amor, el juego previo, el juego de las miradas,
el juego de dormir, y el juego fundamental como un trabajo
precioso. Es como hacer algo-
hacer visible y audible lo que está
ahí. Gritamos, cantamos,
y después por una hora está ahí en la habitación,
la canción. Te miro a los ojos como si hubiera estado
separada de ti por un tiempo largo
o fuera a estar separada de ti por un tiempo sin fin.


De "La habitación sin barrer"

18.1.21

Sharon Olds. Alcatraz

De niña supe que era un hombre
porque me podían mandar a Alzatraz
y solo los hombres iban a Alcatraz.
Cada vez que íbamos en coche a la ciudad la
veía allí, blanca como un tiburón
blanco en la bahía llena de tiburones, los barrotes
como costillas de leche blanca. Me di cuenta de que había puesto a mis
padres contra las cuerdas, mi maldad interior se había esparcido como la tinta y se había apoderado de todo, incapaz
de controlar los pensamientos terribles,
las miradas terribles, y me habían dicho en más de una ocasión
que me mandarían allí, quizá la próxima vez
que derramase la leche, Ala
Cazam, las puertas de hierro se cerrarían de golpe, y me quedaría
donde pertenezco, un hombre con cara de niña en la
prisión de la que no escapa nadie. No
temía al resto de prisioneros,
sabía quiénes eran, hombres como yo, que habían
derramado la leche en demasiadas ocasiones,
incapaces de frenar sus pensamientos;
lo que a mí me asustaba era el horror de los círculos: círculo de
cielo alrededor de la tierra, círculo de
tierra alrededor de la Bahía, círculo de
agua alrededor de la isla, círculo de
tiburones alrededor de la orilla, círculo de
muros exteriores, de muros interiores,
vigas de hierro, barras de acero,
círculo de la celda a mi alrededor, y allí en el
centro, el vaso de leche y los ojos
del guardián en mí mientras lo alcanzaba.


De "La célula de oro"
     

19.11.20

Sharon Olds. Oda con un silencio

El cielo rosa de la mañana -el cielo de una niña.
Poco a poco los árboles se hacen visibles,
igual que los espacios entre ellos. Imagina ser
capaz de caminar en el bosque
sin miedo. Si no se hubieran llevado
a mi compañera de clase y-
   
                             guarda silencio-
y no la hubieran asesinado, y enterrado en los bosques
próximos a nuestras casas,
tendría tanto miedo? Es violación una violación
que siempre cambia por momentos
o a distanciarse en la distancia tiende. "Violación 
legítima", dijo el político -viola al nacido para violar
a sus padres legales. Violación del padre,
violación de la familia, violación de la pareja,
violación de un grupo, violación de un cura
y un rabino, violación del entrenador, violación 
de personas de ochenta años, de ocho años,
de ocho meses, violación por la mañana, 
violación de media tarde, violación nocturna,
violación en primavera, violación en verano,
violación de otoño, violación de invierno, 
violación del ejército, violación de la armada,
el cielo rojo de la mañana, 
violación de la fuerza aérea, violación de los marines,
violación del mundo -cuántas, por minuto-
el fin de la violación del mundo, la primera 
violación. Violan todos los primates? Todo el sexo
entre los simios es consentido?
Violan los perros? Violan las arañas?
El sexo entre las partes de una flor
tiene tanta ternura, la abeja
limpia lo que coge desde la antera 
hasta el pistilo. Dónde más sino con nosotros, la política
de violaciones, de embarazos por violación, 
de nacimientos por violación. Cuál es la palabra
más tierna? Es consentimiento la palabra más dulce
del mundo? Lleva la palabra miento en ella,
la espiral propia del universo de una niña.


De "Odas"
    

20.10.20

Sharon Olds. Dicha infinita

Cuando por primera vez vi a la nieve cubrir el aire
con la delicada huella de sus cascos, me dije
que nunca
viviría donde no nevase, y cuando
el primer hombre se abrió camino dentro de mí,
rasgando el pasadizo,
y llegó hasta el pequeño cuarto, y descorrió la
cortina para que yo entrara, supe que nunca
más podría
vivir lejos de ellos,
de la extraña raza de grandes
cascos ensangrentados. Hoy nos tendimos
en nuestra
pequeña alcoba, de oro oscuro
erizada de nieve, y mientras del cielo cayeron
delicadamente los copos
entraste en mí, apartando
la cortina, revelando el pequeño cuarto
de oro oscuro erizado de nieve
donde nos tendimos, y donde entraste en mí y
apartaste la cortina, revelando
el pequeño cuarto, de oro oscuro
erizado de nieve, donde nos tendimos.


De "Satán dice"
      

16.8.20

Gloria Steinem cita un poema de Sharon Olds

A orillas del lago, una niña
de doce años contempla el ir y venir
de las aguas. Me acerco por detrás, 
le pongo una mano en el hombro, vuelve la cabeza:
me ve la cara. Su mirada se pierde a mis espaldas,
en dirección a la casa. Es a ella
a quien buscaba. (...) No sabe si todo esto
acabará algún día.
No sabe que es la única
superviviente.

SHARON OLDS


Al inicio de uno de los capítulos de "Revolución desde dentro"
    

4.2.20

Sharon Olds. La promesa

Con el segundo trago, en el restaurant,
tomados de las manos sobre la mesa vacía,
hablamos de eso otra vez, renovamos nuestra promesa
de matarnos el uno al otro. Estás tomando gin,
el enhebro azul noche
se disuelve en tu cuerpo, yo tomo Fumé,
mastico su tierra fragante y ahumada, estamos
recibiendo tierra, ya somos en parte polvo,
y donde sea que estemos, estamos también en nuestra
cama, encajados, desnudos, a lo largo uno del otro,
cercanos, embriagados
después del amor, entrando y
saliendo del borde de la conciencia,
nuestros cuerpos felices, entrelazados. Tu mano
se tensa sobre la mesa. Te da miedo
que me acobarde. Lo que no quieres
es agonizar en una cama de hospital por un año
después de un infarto, incapaz
de pensar o de morir, no quieres
que te aten a una silla como a tu impecable abuela,
profiriendo insultos. El cuarto en penumbras
a nuestro alrededor,
globos de marfil, cortinas rosadas
ceñidas por la cintura -y afuera
un anochecer de verano tan leve,
alto, luminoso. Te digo que no me
conoces si crees que no te
mataré. Piensa en cómo hemos flotado juntos,
mirándonos a los ojos, pezón contra pezón,
sexo sobre sexo, las mitades de una criatura
resurgiendo hasta el borde de la materia
y sobrepasándola -me conoces de la brillante
sala de partos salpicada de sangre, si un león
te tuviera entre sus dientes yo lo atacaría, si las sogas
que ataran tu alma fueran tus propias muñecas, yo las cortaría.
 
 
De "Sangre, lata y paja"
En "La materia de este mundo"
    

4.12.19

Sharon Olds. Oda al Abracadabra

A B R A C A D A B R A
A B R A C A D A B R
A B R A C A D A B
A B R A C A D A
A B R A C A D
A B R A C A
A B R A C
A B R A
A B R
A B
A
    
Cuando pensemos en cómo les ha ido a las mujeres,
recordemos el amuleto que se portaba en el mundo
antiguo: en un pequeño pergamino escrita
la palabra ABRACADABRA, cada
letra dispuesta y repetida debajo de la otra, un espacio
a la derecha, primero la columna inclinada
de las As; después las Bs en la siguiente columna,
después las Rs, después otra vez las As
y las Cs; cada renglón horizontal en el espacio
intermedio del de arriba, hasta formar
un triángulo, un hechizo en V
como un montículo de Venus. Podría eso sanarnos?
Podrían ser escuchadas nuestras oraciones: abracadabra
del arameo Abhadda ked habra:
"Desaparece, oh, enfermedad, al sonido de este conjuro".
   
   
De "Odas"
    

19.11.19

Sharon Olds. Y si Dios?

Y si Dios se dedicaba a mirar cuando mi madre
entraba en mi cuarto por la noche, para tumbarse junto a mí
y rezar y llorar? Qué hacía Él cuando su
largo cuerpo de adulta caía sobre mí
como lava desde la cima de la montaña
y el magma surgía de sus conductos, y mi cama
se sacudía con temblores agrietando
mi naturaleza?
Qué era Él? Era Él un bisonte que agachaba
la poca cabeza que le quedaba
y se chupaba Su puritano falo mientras llorábamos
y le rezábamos a Él, o era Él una ardilla
que se colaba a través de su agujero en mi caparazón, Su brazo
hasta el codo en la yema de mi alma
removiendo, removiendo el oro? O era Él
un chaval en clase de biología, que me diseccionaba
mientras ella me sujetaba con el caparazón
para que Él me robara los huevos, o era Él un hombre
que entraba en mí mientras ella fisgaba en mi espíritu
abierto a una noche llena de estrellas;
ella dijo que todo lo que hacíamos lo hacíamos bajo Su mirada
así que Él probablemente la vería llorar, en mi
pelo, y dejaba que mi alma se resbalara por las
costillas como un diminuto jabón de hotel, Él
se lavó las manos conmigo como yo
hice con Él. Anda Dios por la casa?
Anda Dios por la casa? Entonces que baje
y separe el cuerpo de esa niña de la madre,
que la tome por el cuello como a un gatito,
que la levante, y me la entregue a mí.


De "La célula de oro"
     

13.8.19

Sharon Olds. Lo peor de todo

A un lado de la autopista, las colinas sin agua.
Al otro, en la distancia, los desechos de la marea,
rías, bahía, gargarnta
del océano. Aún no había expresado
en palabras lo peor de todo,
pero pensé que podría decirlo, si lo decía
palabra por palabra. Mi amigo conducía,
al nivel del mar, colinas costeras, valles,
laderas, montañas -la cuesta, para ambos,
de nuestros primeros años. Yo había estado diciendo
que ahora ya casi no me importaba el dolor,
lo que me preocupaba era: digamos que hay
un dios -el del amor- y que le había dado -que quise
darle- mi vida y que
había fracasado, pues, bien, podía perfectamente sufrir por eso,
pero y si yo
había herido al amor? Aullé al decirlo,
y en mis gafas se acumuló el agua salada, entonces casi
dulce para mí, porque había sido nombrado,
lo peor de todo -y una vez nombrado,
supe que no había ningún dios del amor, que sólo
había personas. Y mi amigo se acercó
hacia donde mis puños se agarraban el uno al otro,
y la parte trasera de su mano los acarició, un segundo,
con torpeza, con la cortesía
que ningún eros podría tener, la amabilidad doméstica.


De "El salto del ciervo"
     

19.1.19

Sharon Olds. Acusación de oficiales superiores

En el vestíbulo sobre el hueco de la escalera
mi hermana y yo nos reuníamos por la noche,
ojos y cabellos oscuros, cuerpos
como gemelos en la oscuridad. No hablábamos de
las dos personas que nos habían llevado
hasta allí, como generales,
por sus propias razones. Nos sentábamos,
camaradas
de guerra, su cuerpo vivo como la prueba de mi
cuerpo vivo, de espaldas a la enorme
brecha de obús de las escaleras, que
tendríamos que atravesar, sin saber nada más
que lo allí aprendido,
         así que ahora
cuando pienso en mi hermana, los orificios
de las jeringas
en sus caderas y en los pliegues de sus codos
y las marcas de las últimas palizas de su marido
y las cicatrices de las operaciones, siento la
rabia del soldado que vela el cuerpo de
alguien mandado a primera línea del frente
sin adiestramiento
ni armas.


De "Satán dice"
     

4.11.18

Sharon Olds. Bodegón

Estoy tumbada boca arriba después de hacer el amor,
pechos blancos con curvas llanas como tapaderas de platos de sopa,
pezones brillantes como bayas, moteadas en inmutables.
Con las piernas en algún lugar de la cama como esos
peces grandes de plata que desfallecen sobre el borde de la mesa.
Escena de destrucción, escena de paz perfecta,
sexo radiante y tranquilo y luminoso como el
faisán muerto escarlata y azul todo
bermellón pluma en el cuello y herida profunda en el cuerpo,
y en el centro de mi frente una gota de agua
redonda y opalescente, y en ella
el autorretrato del artista, al revés,
desnudo, abrazando tus pinceles que gotean como antorchas de luz.


De "La célula de oro"
     

4.7.18

Sharon Olds. Saberse abandonada

Si paso por delante de un espejo, me vuelvo,
no quiero verla a ella,
y ella no quiere que la vean. A veces
no veo exactamente cómo seguir con esto.
Con frecuencia, cuando me siento así,
a los pocos minutos estoy llorando, recordando
su cuerpo, o una parte de él,
a menudo la trasera, una parte suya
en la que pensar ahora mismo, atractiva, sin demasiado
detalle, y su espalda vuelta hacia mí,
Después de las lágrimas, el pecho duele menos,
como si, en nuestro interior, alguna diosa de lo humano
nos hubiese acariciado con un derrame de ternura.
Supongo que es así como la gente sigue adelante, sin
saber cómo. Estoy tan avergonzada
ante mis amigos -saberse abandonada
por quien, supuestamente, mejor me conocía,
cada hora es un lugar para la vergüenza, y yo estoy
nadando, nadando, manteniendo mi cabeza alta,
sonriendo, bromeando, avergonzada, avergonzada,
es como estar desnuda entre gente vestida, o ser
una niña y tener que comportarte
mientras odias las condiciones de tu vida. Ahora en mí
hay un ser que es puro odio, como un ángel
de odio. En la pista de bádminton, ella tuvo
su oportunidad, pura como una flecha,
mientras a través de los ojales de mi blusa los mosquitos
mordían carne que ahora nadie parece
tener ganas de tocar. En el espejo, el torso
se ve como una mártir de póster con urticaria,
o una jarra de nata manchada con ortigas o patas de gatito,
lleno de la leche de la ternura humana
y de crueldad, y nadie hace cola para beber.
Pero mirad! Estoy empezando a dejarlo de lado!
Creo que no va a volver. Al creerlo,
algo ha muerto de una vieja bruja en una de dos camas idénticas
mientras una criatura nace en la otra. Ten fe,
viejo corazón. De todos modos, qué es vivir
sino morir,


De "El salto del ciervo"
      

15.4.18

Sharon Olds. Noche de domingo en la ciudad

Cogidos de la mano, yacemos en la cama,
con nuestras largas piernas cruzadas como alas
dobladas, nuestros largos pies tocando el
umbrío pie de la cama, tallado como una lápida
con uvas. Tienes el cabello encrespado, oscuro
como el nogal, rizado como los zarcillos de
parras. Tu mano derecha reposa en mi
mano derecha. Mi mano izquierda en la tuya.
Con los brazos enlazados como patinadores, yacemos
bajo el cuadro de tierra cultivada: la maleza
oscura y nublada como el humo, los árboles
elevando sus ceniceros esqueletos de pez,
y en el centro, encima nuestro,
el estanque en calma
silencioso como si fuera eterno.


De "Satán dice"
    

14.3.18

Sharon Olds. Las monarcas

Toda la mañana, mientras sentada pienso en ti,
pasan las monarcas*. A siete pisos de altura,
a la izquierda del río, se dirigen
hacia el sur, sus alas el negro rojizo de
tus manos como manos de carnicero, las erguidas
venas de sus alas como tus cicatrices.
Yo apenas pude sentir tus gruesas y ásperas
palmas sobre mí, tan leve fue su contacto,
el suave roce de la mejilla como una pata de insecto
en mi seno. Nadie me había
tocado antes. Ni siquiera sabía abrir
bien las piernas, pero sentí tus muslos,
revestidos de un vello de rojo dorado,
                                       abrirse
como un par de alas
entre mis piernas.
La marca de mi bisagra de sangre en sus muslos-
como algo alado fijado allí con un alfiler.
y luego saliste, como saldrías
una y otra vez, mientras cantidades de mariposas
pasaban frente a mi ventana, flotando
hacia su metamorfosis en el sur, cruzando
fronteras durante la noche, su difusa nube
color sangre, mi cuerpo bajo el tuyo,
y la belleza y el silencio de las grandes migraciones.


*Mariposa de color blanco


De "Satán dice"
      

23.1.18

Sharon Olds. La niña

Las persiguieron a ella y a su amiga por el bosque
y las atraparon en un pequeño claro, helechos
rotos al azar, un par de viejos colchones,
el ocre seco de la goma espuma,
como si el lugar hubiera estado preparado.
El flaco de pelo negro
comenzó a violar a su mejor amiga,
y el rubio se puso encima de ella,
le metió los pulgares hasta el fondo de las mandíbulas, ella tenía 12 años,
le clavó el pene en la boca y en la garganta
más rápido y más rápido y más rápido.
Después el de pelo negro se levantó;
yacían por el suelo como raíces arrancadas,
dos niñas de 12 años desnudas, él dijo
ahora te vas a enterar de lo que significa
que te disparen 5 veces y te maten como a un cerdo,
y cambiaron los colchones,
el rubio estaba violando y apuñalando a su mejor amiga,
y el del pelo negro se la metía dentro
en un sitio y luego en otro,
la punta de la pistola presionaba en profundidad su cintura,
ella sintió un pequeño clic en la columna y una
punzada como de 7-Up en la cabeza y entonces él
arrastró la rama del árbol cubriendo su garganta
y todo se volvió oscuro, el gimnasio se oscureció, y la cocina de su madre,
incluso los globos de luz en los redondeados
pliegues de los cuencos de anidación de su madre se apagaron.

Cuando se despertó estaba tumbada sobre el frío
de la tierra con olor a hierro, estaba bajo el colchón,
arrastrado sobre ella como una
manta en la noche,
vio el cuerpo de su mejor amiga
y empezó a correr,
llegó al límite del bosque y salió
de la arboleda, como el desbridamiento de una herida,
atravesó el campo hasta las vías
y dijo al guardafrenos del tren Por favor, señor. Por favor, señor.

En el juicio tuvo que contarlo todo;
su hermana mayor le enseñó las palabras;
se tuvo que sentar en la sala con ellos y
señalarlos. Ahora va a fiestas
pero no fuma, es animadora,
lanza su cuerpo al aire
y da patadas y al volver a casa limpia los platos
y hace los deberes, se tiene que esforzar mucho en mates,
la noche sobre el techo de su habitación
está repleta de planetas blancos. Todas las noches
reza por el alma de su mejor amiga y
a continuación, da gracias a Dios por su vida. Sabe
lo que todos nosotros no queremos saber
y hace la voltereta, la apertura de piernas, agita
los pompones trizados en los puños.


De "La célula de oro"