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8.9.15

Silvina Ocampo. Epitafio de un náufrago

Este mi primer sueño con naufragios,
no tendré que olvidarlo nunca. Oscura
es el agua en los sueños, fría y dura.
Mañana tendré miedo de presagios.


De "Antología esencial"

19.8.14

Silvina Ocampo. Los ojos


Como Casandra yo escuché tu paso
en las baldosas de la galería.
Como ella, adivinaba yo en los días
y en la voz recurrente del ocaso
lo que ocultabas y conozco tanto.
Ciega, sola, atenta penetré
en tu velado reino y consagré
bajo sus plantas, al rencor, mi espanto.

Transformabas el mundo en un desierto.
Como a Casandra no quisiste oírme.
Pensando junto al río sólo en irme,
en la noche incesante busqué el puerto.
Al ver los astros, con aristas, rojos,
sabía que el infierno era mirarte
y volver a tu lado y no olvidarte.
¡Ah, por qué no quemé más bien mis ojos!

¡Vanas son las mentiras y las guerras!
Nuestros ojos traicionan nuestra cara;
la vuelven transparente, fría y clara
como el agua en la orilla de las tierras.
No me perdonarás de haber llorado:
no me lo perdonabas, yo tampoco.
Tus noches y tus días los evoco.
¡Por qué con tanto amor me has engañado!

Símbolos tiene la desesperanza,
propiedades antiguas y suntuosas,
A veces tiene cosas muy preciosas.
Como la muerte, siempre nos alcanza.
Con el rostro de piedra, de la ira,
por tu amor me acerqué a sus pabellones.
Ah, fue triste en los pérfidos frontones
de sus oscuras torres tu mentira.

Vi que en su primavera con glicinas,
la languidez secreta de las ramas,
las canciones del mirlo, las retamas,
la vegetal constancia que germina,
urden una ávida y común tortura
a ejemplo de esos ramos en la muerte
que simbolizan con un lujo inerte
la soledad, el polvo, la locura.

Vi al pie de las columnas los despojos
de las fiestas en sueño, de la aurora;
te seguí paso a paso, hora por hora,
más que tu sombra guiada por tus ojos.
Oscuros en tu cuarto me rodeaban
los muebles habituales: los abismos
labraban en desorden cataclismos
mientras las furias su clamor callaban.

En los iridiscentes labios rojos
de alguna flor resplandecía el alma
del céfiro purísimo en su calma:
mas yo estaba cegada por tus ojos.
La llanura, la nieve o la montaña
me recibía reconciliadora:
y persistía entre árboles sonora
la dicha exigua que la duda empaña.

Vi caras, muchas caras previsibles;
todos mis diálogos fueron falaces;
escuché de las voces los compases
sin oír las palabras más sensibles;
proyecté formas de mi destrucción.
En las ciudades, en la calle sucia,
en los sórdidos parques, sin astucia
llegué al infierno con obstinación.

Como alas nacen del cansancio arrojos
busqué por todas partes el horror,
el desencanto pacificador
como los santos porque vi tus ojos.
Y conseguí morir perfectamente
sin ningún esplendor como soñaba
sola en el iris gris que me aterraba
viendo tus ojos incesantemente.
De la "Antología esencial"
  

28.10.13

Silvina Ocampo. Sonetos en las líneas de una mano (II)


Si la verdad se vuelve una mentira,
si se vuelve dolor la dicha aviesa,
si se vuelve alegría la tristeza
con sus falsas promesas cuando expira,

si la virtud a la cual en vano aspira
mi vida frustra la habitual promesa,
si el corazón de odio o de amor me pesa
y al helarse cual mármol, aún suspira.

Si no pude enmendarme al recibir
la ingratitud de los que más he amado
ni pude ensombrecerme al eximir

de mi cariño a los que me han colmado,
será porque los dioses me han herido
del inocente horror de haber nacido.

Variedad de impaciencias

Que pronto llegue lo horrible!
Que lentamente llegue lo maravilloso!


De la "Antología esencial"

14.12.12

Silvina Ocampo. Sonetos de la muerte y la dicha (III)


Rememoradas dichas y bellezas
que se hicieron amar fervientemente
han llegado en el tiempo confidente
a parecerse a próximas tristezas.

Tornándose en acuerdo el desacuerdo
en el seno alterado de la ausencia,
a menudo se vuelve en el recuerdo
dulce el dolor, y aun la indiferencia.

Y tal vez en la última visión,
al apoyarnos en el vidrio frío
que da sobre otro espacio, con fruición

veremos esas cosas que el hastío
empañaba de sombra y desaliento,
crear, con resplandor, otro argumento.
  
De la "Antología esencial"

3.12.12

Silvina Ocampo. Promesa

Seale them this bill of my
Divorce to All

John Donne, A Hymne to Christ.

Han de buscar la forma de tus labios
en un helado vidrio mis dos manos
y en el fondo indeciso de tus reinos
con un antiguo río, en el silencio
mis ojos las distancias de tus sombras
donde se extinguen todos los favores.
Querer vivir es todavía amarte
en lugares que creemos alejados
de tu mirada oscura y persistente
que en la pasión acude a tus secretos.
Entrarás en mi pecho ávidamente
como el fulgor letal del armamento
nocturno entre los árboles felices,
como el amor a veces, como el frío.
Los racimos azules de tu frente
irradiarán la luz que entrega el sueño,
tus silencios los lazos de amatista
que el oro de los árboles aflige.
Arcángel del abismo y del veneno,
de los mares profundos y del fuego
del lamento que entrega al viento gritos
de plantas y de pájaros heridos!
Me otorgarás la impávida blancura
que escoltará mi cuerpo con sus túnicas,
la posibilidad de revivir
en los campos que sueñan la alegría.
En el crepuscular desierto pálido
de una ciudad te buscaré temblando
para hallar en tus labios el delirio
de la perfecta soledad y el tibio
renacimiento dulce de palabras
que desconocen todos los mortales.
Conoceré tu palidez, tus llamas
y en los pliegues amados de tus faldas,
imperturbable esconderé mi rostro
en donde no podrá alcanzarlo el sol.
Ya las noches de Alcmena son efímeras,
los amores de Piramo y Tisbe
sombríos como el barro se deshacen.
y el delirio inclemente de Casandra
se apaga entre las rosas de la Biblia
y los brazos de Leda, esos dos cisnes
sobre el cuello del cisne, ya se mueren.
Todo podrá borrarse al mismo tiempo.
Oscuras como páginas de historia
van muriendo las caras de mis hijos,
y las sombras de Mario y Yugurta
en un poema inglés se alejan juntas,
entran en la elegía de Propercio
mezclándose a los metros de otros versos.
Se junta y se disuelve todo amor
como en un blanco lecho de gladiolos.
Sobre los vastos mármoles del tiempo
donde no queda el agua ni la tierra
quiero seguir mi vida enamorada
en las ciudades hondas que preparas.
Así acude la noche a las ventanas
para esconder los ojos que han llorado.
Así acude la luz sobre las cumbres
para borrar el alto hielo duro.
Así acude la piedra en el abismo
alcanzando con su odio la alegría.
Rosa estival de los adioses! Cúpulas
donde duermen los últimos perfumes!
Memorias de la dicha hallada en versos!
Suavidades que vienen del invierno.
Ríos, montañas, mares dulces, pájaros
cuyas canciones claras en los campos
me hicieron creer en Dios y no en tu sombra
que me deslumbra triste, con amor.
En tu elaboración secreta y pálida
has de borrar las líneas de mis manos.
Y mi agradecimiento será largo:
contigo asistirá al juicio final.
Me tornaré más suave que la arena
más sutil que las formas del relente
y más imperturbable que las aguas
de un lago por el viento abandonado.
  
De la "Antología esencial"

28.11.12

Silvina Ocampo. La dicha


De un momento de dicha recordamos
después los más efímeros detalles:
un olor a fogatas en las calles,
los árboles, la luz, los pobres ramos,
las palabras grabadas en un barco,
el sabor de una fruta, dulcemente,
el rumor de una música inocente,
en el barro un jazmín que ya no es blanco.
Ah, por qué recordamos tanta cosa
con nitidez palpable y nos perdemos
ineludiblemente si queremos
llegar a la felicidad! Sinuosa,
recondita, de un modo deshonesto,
como una maga hechiza con sus ojos
la felicidad cruel esos despojos
que el tiempo en la memoria nos ha impuesto,
ocultando en los pliegues de su manto
las almas y los rostros, los abrazos,
la esencia, la dulzura de los lazos,
todo lo que pedimos en su encanto.

De la "Antología esencial"

17.11.12

Silvina Ocampo. Amor


Quisiera ser tu predilecta almohada
donde de noche apoyas tus orejas
para ser tu secreto y ser las rejas
de tu sueño: dormida o desvelada

ser tu puerta, tu luz cuando te alejas,
alguien que no trató de ser amada.
Huir de la ansiedad que está en mis quejas,
poder a veces ser lo que soy, nada,

no tener nunca miedo de perderte
con variación y honda infidelidad,
jamás llegar por nada a concederte

la tediosa y vulgar fidelidad
de los abandonados que prefieren
morir por no sufrir, y que no mueren.
De la "Antología esencial"
 

16.11.12

Silvina Ocampo. Sirenas

   Recordaba que en su infancia había preguntado a su madre donde podía encontrar una sirena. La madre le había contestado: "Las sirenas no existen, mi hijito. Existen en fábulas, en cuentos, en poesías, pero en la realidad no existen." El niño había contestado: "Yo sé que existen." "Y cómo puedes saberlo?", preguntó la madre. "Porque están en el diccionario." A esta contestación no encontró replica.
Del cuento "Y así sucesivamente"
de la "Antología esencial"

1.6.07

Silvina Ocampo

Silvina Ocampo (Buenos Aires, 28 de julio de 1903 - Buenos Aires, 14 de diciembre de 1993) fue una escritora argentina, hermana de Victoria Ocampo.




Obras citadas en este blog: