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4.9.23

Irène Némirovsky. El ardor de la sangre

Bebíamos ponche suave, como en mi juventud, sentados ante el fuego, mis primos Érard, sus hijos y yo. Era un atardecer de otoño, muy rojo sobre las tierras de labor empapadas de lluvia. Las llamas del crepúsculo presagiaban fuerte viento para el día siguiente; los cuervos graznaban. En este frío caserón, el aire se cuela por todas partes, con el olor acre y afrutado propio de la estación. Mi prima Hélène y su hija Colette tiritaban bajo los chales de cachemir de mi madre que les había dejado. Como siempre que vienen a verme, me preguntaban cómo puedo vivir en esta ratonera, y Colette, que está a punto de casarse, me cantaba las alabanzas del Molino Nuevo, donde vivirá a partir de ahora y "donde espero verlo a menudo, primo Silvio". Me miraba con pena. Soy viejo y pobre, y estoy soltero; vivo encerrado en una casa de labranza en medio del bosque. Saben que he viajado; que me comí la herencia; hijo pródigo, cuando volví a mi tierra natal, hasta el becerro cebado se había muerto de viejo, tras esperarme en vano tanto tiempo. Mis primos, comparando mentalmente su suerte con la mía, me perdonaban sin duda todo el dinero que me habían prestado y no habían vuelto a ver, y repetían con Colette:
-Aquí vives como un hurón, querido primo. Cuando la niña se instale, te vienes a su casa a pasar el buen tiempo.


Principio de "El ardor de la sangre"
    

10.12.20

Irène Némirovsky. El baile

La señora Kampf entró en la sala de estudios y cerró la puerta con tal brusquedad que la araña de cristal tintineó con un leve y puro sonido de cascabel, todos sus colgantes agitados por la corriente de aire. Pero Antoinette no dejó de leer, tan encorvada sobre el pupitre que sus cabellos tocaban las páginas. Su madre la contempló unos instantes sin hablar, antes de plantarse delante de ella con los brazos cruzados.
-Podrías hacer un esfuerzo al ver a tu madre! -exclamó-. No crees, hija mía? O tienes el trasero pegado a la silla? Qué distinción...


Principio de "El baile"
    

26.10.18

Irène Némirovsky. Suite francesa

Caliente, pensaban los parisinos. El aire de primavera. Era la noche en guerra, la alerta. Pero la noche pasaría, la guerra estaba lejos. Los que no dormían, los enfermos escogidos en sus camas, las madres con los hijos en el frente, las enamoradas con ojos ajados por las lágrimas oían el primer jadeo de la sirena. Aún no era más que una honda exhalación, similar al suspiro que sale de un pecho oprimido. En unos instantes, todo el cielo se llenaría de clamores. Llegaban de muy lejos, de los confines del horizonte, sin prisa, se diría. Los que dormían soñaban con el mar que empuja ante sí sus olas y guijarros, con la tormenta que sacude el bosque en marzo, con un rebaño de bueyes que corre pesadamente haciendo temblar la tierra, hasta que al fin el sueño cedía y, abriendo apenas los ojos, murmuraban: "Es la alarma?".


Principio de "Suite francesa
    

22.5.06

Irène Némirovsky

Irène Némirovsky (Kiev, Ucrania, 24 de febrero de 1903 - Auschwitz, Polonia, 17 de agosto de 1942), novelista de origen judío, que vivió en Francia y escribió en francés.


Obras citadas en este blog: