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14.2.26

Sylvia Plath. Albada

El amor te dio cuerda como a un reloj de oro macizo.
La matrona te dio palmadas en los pies, y tu grito pelado
se incorporó a los elementos.
  
Nuestras voces resuenan, amplificando tu llegada. Nueva estatua.
En un museo destemplado, tu desnudez
ensombrece nuestra seguridad. Te rodeamos expectantes como paredes.
   
Si soy tu madre,
lo soy como la nube que condensa un espejo y allí proyecta
el instante mismo en que el viento la borra lentamente. 
 
Toda la noche la polilla de tu aliento
titila entre las rosas anodinas. Me despierto a escuchar:
en mi oído se mueve un mar lejano.
  
Un grito, y salgo de mi cama a trompicones, vacuna y floreada
con mi camisón victoriano.
Tu boca se abre, y es limpia como la de un gato. El marco de la ventana
  
palidece y engulle sus estrellas sin brillo. Y ahora ensayas
tu puñado de notas;
las nítidas vocales se elevan como globos.

19 de febrero de 1961


De "Ariel"


11.2.20

Sylvia Plath. Edge*

Límite

La mujer se perfecciona.
Su cuerpo

muerto lleva la sonrisa del cumplimiento,
la ilusión de una necesidad griega

fluye en los pliegues de su toga,
sus pies

desnudos parecen decir:
Hemos llegado demasiado lejos, se acabó.

Cada niño muerto se enrosca, una serpiente blanca,
uno en cada pequeña

jarra de leche, ahora vacía.
Ella los ha recogido

en su cuerpo como pétalos
de una rosa cerrada cuando el jardín

se endurece y los perfumes sangran
desde las dulces y profundas gargantas de la flor nocturna.

La luna no tiene nada de que entristecerse,
brillando bajo su capucha de hueso.

Ella está acostumbrada a este tipo de cosas.
Sus lutos crujen y se arrastran.










Edge


The woman is perfected.
Her dead

Body wears the smile of accomplishment,
The illusion of a Greek necessity

Flows in the scrolls of her toga,
Her bare

Feet seem to be saying:
We have come so far, it is over.

Each dead child coiled, a white serpent,
One at each little

Pitcher of milk, now empty.
She has folded

Them back into her body as petals.
Of a rose close when the garden

Stiffens and odors bleed
From the sweet, deep throats of the night flower.

The moon has nothing to be sad about,
Staring from her hood of bone.

She is used to this sort of thing.
Her blacks crackle and drag.


En el "Ariel"
    

27.10.19

Sylvia Plath. El aspirante

Para empezar: eres de los nuestros?
Llevas
ojos de cristal, dentadura postiza, muleta,
braguero o garfio,
pechos de goma, entrepierna de goma,

costurones que muestren que algo falta? No? entonces,
cómo podemos darte nada?
Deja de llorar.
Abre la mano.
Vacía? Vacía: ahí va una mano

para llenarla; dispuesta
a preparar el té y a dar masajes que ahuyenten la jaqueca,
y a hacer lo que le digas.
Te casarás con ella?
Viene con garantía

de cerrarte los ojos al final
y disolverse de dolor.
Sacamos caldo nuevo de la sal.
Observo que estás desnudo:
qué tal este traje?

Negro y tieso, pero no sienta mal.
Te casarás con él?
Es impermeable, irrompible, a prueba
de fuego y de bombas que hundan los tejados.
Créeme: te enterrarán con él.

Ahora bien: la cabeza la tienes vacía, con perdón.
Dispongo de remedio para eso.
Ven aquí, corazón, sal del armario.
Bueno, qué te va pareciendo la cosa?
Está, para empezar, como un papel desnuda;
pero dentro de veinticinco años será de plata,
de oro dentro de cincuenta:
una muñeca viva, mires por donde mires.
Sabe coser, y sabe cocinar,
y sabe hablar y hablar y hablar.

Funciona sin averías.
Si tienes agujeros, será parche poroso.
Si tienes ojos, será una imagen.
Es tu último clavo ardiendo, muchacho.
Te casarás, te casarás, te casarás con ella?


De "Ariel"
    

27.10.18

Sylvia Plath. Regalo de cumpleaños

Qué es eso que hay detrás del velo? Es feo, es bonito?
Lanza destellos Tiene pechos? Tiene bordes?

Seguro que es algo único, justo lo que deseo.
Cuando estoy cocinando, en silencio, noto su mirada, noto su pensamiento:

"Es ésta ante quien he de aparecer?
"Es ella la elegida, la de las orejas negras y la cicatriz?

"Está sopesando la harina, quitando lo que sobra,
"cumpliendo reglas, reglas, reglas.

"Es ésta la destinataria de la anunciación?
"Dios, qué risa!"

Pero lanza destellos sin parar, y creo que me desea.
No me importaría que fuesen huesos, o un broche de perlas.

No quiero un regalo grande, este año, de todas maneras.
Al fin y al cabo, estoy viva por casualidad.

Aquella vez sí que me habría matado alegremente, de un modo u otro.
Ahora están estos velos, que lanzan destellos como cortinas:

los satenes diáfanos de una ventana de enero,
blanca como ropa de cuna y brillante de aliento mortal. Oh marfil!

Por qué no me lo entregas de una vez?
No te avergüences: me da igual que sea pequeño.

No seas mezquino: estoy preparada para la enormidad.
Sentémonos a su vera, uno a cada lado, admirando el fulgor,

el esmalte, su espejeante variedad.
Hagamos junto a él nuestra última cena, igual que un plato de hospital.

Sé por qué no acabas de entregármelo:
estás aterrorizado

de que el mundo explote en un solo chillido, y con él tu cabeza,
repujada de bronce, escudo antiguo,

una maravilla para tus biznietos.
No te asustes, que no es así.

Me limitaré a tomarlo y apartarme en silencio.
Ni siquiera me oirás abrirlo: no crujirá el papel,

las cintas no caerán, no habrá gritos al final.
Creo que no me reconoces tamaña discreción.

Si supieras, al menos, de qué modo los velos me mataban los días.
Para ti no son más que transparencias, aire puro.

Pero, por dios, las nubes Son como algodón.
Un ejército de ellas. Son monóxido de carbono.

Dulce, dulcemente tomo aire,
llenándome las venas de cosas invisibles, del millón

de probables motas que me sacuden los años de encima.
Y tú vienes de perlas para la ocasión Oh máquina de sumar!...

Te es imposible dejar que las cosas sigan su curso hasta el final?
Tienes que estampar en púrpura cada pieza?

Tienes que matar todo lo que puedes?
Hay una cosa que deseo hoy, y tú eres el único que puede dármela.

Está junto a mi ventana, tan grande como el cielo.
Respira desde mis sábanas, frío punto muerto

donde las vidas derramadas se coagulan y se ponen rígidas para trocarse en historia.
Que no venga por correo, dedo a dedo.

Que no venga de boca en boca, porque le daría los sesenta años
antes de que se me entregara completo -y estaría demasiado atontada para usarlo.

Basta con que retires el velo, el velo, el velo.
Si fuese la muerte,

admitiría su profunda gravedad, sus ojos intemporales.
Sabría que ibas en serio.

Habría, en tal caso, cierta nobleza; habría cumpleaños.
Y el cuchillo no se limitaría a cortar; penetraría

puro y limpio como el vagido de un niño,
y el universo se me destajaría del costado.


De "Ariel"
    


14.9.18

Sylvia Plath. Magulladura

En la zona se encharca el color, púrpura sin brillo.
El resto del cuerpo queda desteñido por completo,
color perla.

En un foso de roca
el mar sorbe obsesivo,
eje del mar entero un solo hueco.

No mayor que una mosca,
la marca del destino
trepa por la pared.

El corazón se cierra,
el mar se desliza en retirada,
los espejos están amortajados.


De "Ariel"
    

9.7.14

Sylvia Plath. Amapolas en julio

Pequeñas amapolas, llamitas del infierno:
sois inofensivas?

Parpadeáis. Y no puedo tocaros.
Pongo las manos entre las llamas. Nada se quema.

Y me deja exhausta miraros
parpadear así, rugosas, rojo claro, como la piel de la boca.

Una boca recién desangrada.
Como pequeñas faldas ensangrentadas!

Hay emanaciones que no alcanzo a tocar.
Dónde están vuestros opiatos y vuestras cápsulas que producen náuseas?

Si pudiera sangrar o dormir!
Si mi boca pudiera desposarse con semejante herida!

O se filtraran vuestros licores hasta mi cápsula de cristal,
para dejarme abotagada y quieta.

Sin color, sin embargo. Sin color.

De "Ariel"

9.5.14

Sylvia Plath. Los mensajeros

La palabra de un caracol en el haz de una hoja?
No es mía, no la aceptes.

Ácido acético en lata precintada?
No lo aceptes. No es auténtico.

Un anillo de oro y, dentro, el sol?
Mentiras. Mentiras y un pesar.

Escarcha en una hoja. El impoluto
caldero, que charla y que cruje

para sí en lo alto de cada
uno de los nueve negros Alpes.

Una inquietud por los espejos,
el mar que hace añicos el suyo gris...

Amor, amor: mi estación.

De "Ariel"

28.3.14

Sylvia Plath. Los bailes nocturnos

Cayó una sonrisa en la hierba.
Irrecuperable!

Y cómo tus bailes nocturnos
van a perderse? En las matemáticas?

Tales brincos y espirales puros...
De cierto que recorren

el mundo para siempre; pero no quedaré
enteramente vacía de bellezas: el don

de un pequeño aliento; el olor
a hierba empapada de tus dormires -azucenas, azucenas.

Incomparable es tu carne.
Fríos pliegues de ego: la cala

y la tigridia, que va embelleciéndose...
Manchas -y una expansión de pétalos calientes.

Los cometas
tienen tanto espacio que recorrer,

tanta frialdad, tanto olvido.
Así se pulverizan tus gestos:

cálidos y humanos; luego su luz rosada
que sangra y se desuella

al pasar por las negras amnesias del cielo.
Por qué me son dados

esas luminarias, esos planetas,
que caen como bendiciones, como copos

hexagonales, blancos,
en mis ojos, mis labios, mi cabello,

derritiéndose al contacto?
En ninguna parte.

De "Ariel"

14.2.14

Sylvia Plath. La luna y el tejo

Ésta es la luz de la mente, fría y planetaria.
Los árboles de la mente son negros. La luz es azul.
Las hierbas descargan sus penas a mis pies, como si yo fuera
Dios, dándome punzadas en los tobillos y murmurando su
humildad. Humeantes neblinas refinadas moran en este lugar,
que una hilera de lápidas separa de mi casa.
No veo adónde se puede ir.

No es la luna una puerta. Es una cara por derecho propio,
blanca como un nudillo, y terriblemente trastornada.
Arrastra el mar en pos como un delito oscuro; está callada
con los labios en O de la desesperación total. Yo vivo aquí.
Los domingos, las campanadas, dos veces, le dan un susto al cielo…
Ocho grandes lenguas que afirman la Resurrección.
Al final, sobriamente, gonguean sus nombres.

El tejo apunta hacia lo alto. Tiene forma gótica.
Los ojos, siguiéndolo, se alzan y encuentran la luna.
La luna es mi madre. No es dulce como María.
Sus vestiduras azules desprenden pequeños murciélagos y búhos.
Cuánto me gustaría creer en la ternura:
el rostro de la efigie, suavizado por las velas,
inclinando hacia mí, en particular, sus tiernos ojos.

Largo trecho he caído. Las nubes florecen,
azules y místicas, sobre el rostro de las estrellas.
Dentro de la iglesia, los santos serán todos azules,
flotando con delicados pies por encima de los fríos bancos,
tiesas de santidad las manos y las caras.
Nada de esto ve la luna. Es calva y salvaje.
Y el mensaje del tejo es negrura: negrura y silencio.

De "Ariel"

11.2.12

Sylvia Plath. Límite

La mujer se ha perfeccionado
Su cuerpo

Muerto luce la sonrisa del acabamiento,
La ilusión de un anhelo griego

Fluye por las volutas de su toga,
Sus pies

Descalzos parecen decir:
Hasta aquí hemos llegado, se acabó.

Cada niño muerto, enroscado en sí,
Una serpiente blanca, uno a cada lado de

Su jarrita de leche, ya vacía.
Ella los ha plegado

De nuevo hacia su cuerpo, como se cierran
Los pétalos de una rosa cuando el jardín

Se fortalece y los perfumes sangran
De las dulces gargantas profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene por qué entristecerse.
Está acostumbrada a ver este tipo de cosas,

Oculta bajo su capuchón de hueso,
Arrastrando sus vestiduras crepitantes y negras.

Edge

The woman is perfected.
Her dead

Body wears the smile of accomplishment,
The illusion of a Greek necessity

Flows in the scrolls of her toga,
Her bare

Feet seem to be saying:
We have come so far, it is over.

Each dead child coiled, a white serpent,
One at each little

Pitcher of milk, now empty.
She has folded

Tham back into her body as petals
Of a rose close when the garden

Stiffens and odors bleed
From the sweet, deep throats of the night flower.

The moon has nothing to be sad about,
Starting from her hood of bone.

She is used to this sort of thing
Her blacks crackle and drag.

    

27.10.11

Sylvia Plath. Lady Lazarus

Lo logré otra vez,
Me las arreglo-
Una vez cada diez años.
Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie
Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.
Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso?-
¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.
Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí
Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.
Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.
Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.
Cómo me desenvuelven la mano, el pie-
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.
Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.
Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.
La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.
Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas
Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo
Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
"Milagro!"
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón-
De verdad sigue latiendo.
Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre
O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien HerrDoktor.
Bien. Herr Enemigo.
Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebe de oro puro
Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.
Ceniza, ceniza-
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda
Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.
Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.
Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

De "Ariel"

15.4.07

Sylvia Plath

Sylvia Plath (Boston, 27 de octubre de 1932 – Primrose Hill, Londres, 11 de febrero de 1963) fue una escritora estadounidense especialmente conocida como poetisa, aunque también es autora de obras en prosa, como una novela semi-autobiográfica, La campana de cristal (bajo el pseudónimo de Victoria Lucas), y relatos y ensayos.




Obras citadas en este blog: